Kim Clijsters, ¿suma y sigue?

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Kim Clijsters, ¿suma y sigue?

Tomás de Cos

Clijsters por fin pudo sonreír en Melbourne, donde la afición la adoptó como una ‘aussie’ más desde que saliera con Lleyton Hewitt. Tras superar en tres mangas a la revelación del torneo, la china Na Li (3-6, 6-3, 6-3), mamá Kim sumó su cuarto ‘grande’ tras su triplete en Flushing Meadows (2005, 2009 y 2010). Un título que hace justicia a su notable carrera deportiva.

Es curiosa la historia de la potente tenista de Bilzen. Instalada desde muy joven en la élite del tenis, vivió la mayor parte de su vida a la sombra de su compatriota Justine Henin. Hasta cuatro finales de Grand Slam perdió Clijsters antes de su primer adiós al tenis (mayo de 2007) para formar una familia. Dos en Roland Garros (2001 y 2003), otra en el US Open (2003) y la última en Australia (2004). Siempre la pequeña Justine por medio, salvo en la primera en París, en la que fue superada por Capriati.

Las hermanas Williams y la francesa Mauresmo fueron otras de sus grandes rivales. Grandes años del circuito de la WTA, ahora ausente de grandes referentes. Sin embargo, la casualidad ha querido que la sonrisa de Clijsters coincida con el segundo y definitivo abandono de Henin. Esta vez por prescripción médica. Mientras el codo de la tenista de Lieja parece haber dicho basta (así lo explicado ella en su web), los golpes de Kim corren más que nunca.

Su adiós a la raqueta fue precipitado. Las lesiones, algunas decepciones ya citadas y la falta de estímulos empujaron su decisión. Tenía 23 años, 34 títulos y el reconocimiento del circuito. Un dato que explica por sí solo lo duro que es este maravilloso deporte. Su boda con David Lynch y su maternidad le dieron una estabilidad y madurez que ha sabido trasladar a la pista. Han sido un aliciente y un factor de equilibrio emocional, aunque tampoco se puede ignorar la devaluación sufrida por el circuito femenino en los últimos años.

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Medio año después de su vuelta, impulsadas por el nacimiento de su hija y la muerte de su padre, Clijsters volvió a tocar la gloria en nueva York, su ciudad talismán. Su pequeña Jada posó con ella alucinada en la entrega de trofeos. Se convirtió en la primera mujer en ganar el torneo sin ser cabeza de serie y en la primera mamá en conseguir un ‘grande’ desde que lo hiciera Evonne Goolagong en Wimbledon en 1980. Y un año después repitió su gesta. Con el Abierto de Australia suma seis títulos desde su regreso a la competición.

Y aunque en los últimos días ha dejado entrever que su definitiva retirada no queda lejos –parece haber vuelto a sentir la llamada de la maternidad-, quizás debería reconsiderarlo ahora que está en la coyuntura por la que suspiró toda su vida. Disfrutémosla de momento.