Se suman los entrenadores. ¿Y los médicos?
Si nada falla, los entrenadores se unirán mañana (viernes) al movimiento de atletas en la reivindicación de un atletismo limpio, alejado de cualquier práctica dopante y libre de toda vergüenza. Los impulsores han sido, desde San Sebastián, Ramón Cid (responsable en el Comité Técnico de las pruebas de saltos) y Jon Karla Lizeaga (marido y entrenador de Naroa Agirre).
A Ramón le conozco desde que ambos éramos júniors. Ha sido uno de los mejores saltadores de triple españoles de todos los tiempos y me honro de haber sido compañero de Selección en la Universiada de México 1979 y en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980.Una vez retirados ambos del atletismo activo hemos seguido coincidiendo en competiciones, él como entrenador, yo como periodista.
Sé que siempre fue un atleta limpio y que, como técnico, ha inculcado limpieza a sus deportistas. Es de los que piensan, como yo, como casi todos, que se puede llegar lejos sin tomar nada prohibido y que el verdadero placer de un récord, de una medalla, de una buena marca, está precisamente en saber que es tuya y sólo tuya, no producto de un cóctel de pastillas sospechosas o de una autotransfusión sanguínea.
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Me alegra y me enorgullece este movimiento de los entrenadores, que les honra. Hay sido más lento que el de los atletas por una razón fácilmente explicable, que cuenta Ramón Cid en AS: los deportistas, gente joven por definición, se manejan como pez en el agua en las redes sociales, de las que salió la iniciativa de Ángel David Rodríguez y de Pablo Villalobos, los entrenadores a veces ni siquiera tienen correo electrónico.
Ahora espero que se muevan también los médicos deportivos, porque, digo yo, algo tendrán que decir a las cosas que se están denunciado e investigando por la Guarcia Civil y por los jueces. Los médicos indignos son pieza clave en toda trama de dopaje. ¿A qué esperan para hablar? Yo estoy deseando oirles.
