Viaje al caos y la incógnita

Manuel Franco
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El hombre que quiere ser patrón de yate me mira al fin, como si acabara de encontrarse con un viejo amigo. Tiene el pelo canoso, aparenta sesenta años y ahora, de repente, habla sin parar. Estamos iniciando el descenso. “Entonces, ¿vas a Sao Paulo, no? Ten cuidado, si coges un coche no te olvides de poner los seguros, los pestillos, ya sabes… Aquí roban, vamos, aquí roban y te disparan si es necesario”. Gracias, señor. Encantado, para mí también es un placer. Algún día escribiré un libro si puedo, una novela que discurra en un avión repleta de personajes llenos de historias. Como este señor de Alicante que se pasó el viaje estudiando un libro para llevar un barco por los mares de Brasil. O esa pareja de al lado. Ella, brasileña, tiene veinte años menos que él, estadounidense, pero visten igual. Y se besan sin parar. Junto a ellos, el hermano de Khedira que mira con ansia a las dos chicas de delante, ellas, sin embargo, no paran de hablar y hablar con su acompañante, a pesar de que él parece más interesado en el doble del jugador alemán del Madrid. Ellos no son nadie si comparamos las situaciones con el personaje que duerme en vela delante de mi. Mano en el respaldo trasero, se levanta como un resorte, aproximadamente cada diez minutos. Y mira por la venta, por la suya o la de cualquier otro. A las tres horas de vuelo, mientras cruzamos África por Mauritania, me pregunta, ¿Dónde estamos, vamos a Argentina o a Francia? ¿Disculpe? ¿Francia o Argentina? No, no, vamos a America. Claro, ya decía yo, esas nubes son americanas. Caos en el aire.



Viaje al caos y la incógnita

Volando los recuerdos vienen y van como cometas fugaces. En este viaje mi mente está ocupada en una niña de ojos enormes como almendras, rizos dorados y nombre de amor. El sábado mi hija Gabriela cumple tres años y yo lo viviré en la distancia. Claroscuros del enviado especial al que muchos envidian. O eso dicen.

Viaje al caos y la incógnita




Entre las nubes aparecen también recuerdos de Corea. José Ramón de la Morena me preguntó en El Larguero del jueves antes del gran premio cómo era ese país. Extraño, dije yo. Extraño porque en Corea siempre parece que va a llover al instante siguiente, porque a las cuatro de la madrugada es de día y a las cinco de la tarde de noche, porque la comida (supongo) no es de perro, pero lo parece, porque no hay perros por las calles, porque un granjero en un tractor habla inglés perfectamente y la recepcionista del hotel sólo te entiende por señas, porque no hay hoteles sino…otra cosa al lado del circuito, porque el trazado es urbano, pero no hay ciudad, porque está en el otro lado del mundo, porque las gasolineras cierran a las ocho y después encontrar una con el depósito lleno de telarañas es una utopía, porque los templos tienen esvásticas (aunque en eso los raros eran los nazis), porque las iglesias tienen cruces de neón que brillan en la noche, porque es Corea, un lugar que, en cualquier caso, merece la pena ser visitado. Al llegar a Madrid el cielo es rojo, el cielo es naranja, el cielo es azul, el cielo es de verdad...




Sí, Corea, un lugar en el que pueden suceder cosas extraordinarias, como que los dos Red Bull se queden en el camino y gane Fernando Alonso. Y se ponga líder. Y de abrazos a todo el que le quiera abrazar. Y ahora llegue a Brasil como primero de los que buscan el sueño. ¿Lo conseguirá en la tierra del gran Senna una vez más? Complicado, pero si este tío ha sido capaz de dar la vuelta a la clasificación es capaz de todo. Estamos en el caos y la incógnita. Y la saudade…



PD. Este es un post de vivencias, pero ahora viene la F-1. En preguntas, primera, ¿Ganará Alonso el Mundial en Brasil? ¿Ganará Alonso el Mundial? Y otra, si Alonso gana por menos de siete puntos, ¿será un título sucio como dicen los ingleses?

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PD2. Estuve en el cementerio de Morumbi visitando a Senna. Emoción, Piel de gallina

PD3. GRACIAS A TODOS POR LLEGAR HASTA AQUÍ. UN ABRAZO BRASILEÑO.