Corea, ese extraño país donde Alonso echa su futuro al destino

Manuel Franco
Actualizado a

En Corea parece que llueve aunque el día sea seco como un verano andaluz, el paisaje entre la ciudad de Gwangju y los trozos de asfalto de Yeongam donde se va a disputar la carrera es verde oscuro, como en una selva en miniatura y en este lugar la imaginación te lleva, sin dificultad, a una guerra que existió en este residuo del conflicto más frío del siglo XX. A veces la vida parece una película de cine en la que tú eres el espectador y todo está por pasar. Imaginado. O real.

Corea es un país extraño, donde los pequeños rascacielos conviven con chabolas que parecen casas, un país dotado de una extraordinaria educación, en ocasiones tiene más pinta de nación en desarrollo que de un sitio donde ya se han celebrado Juegos Olímpicos (¿Quién no recuerda la carrera de 100 metros de Ben Johnson y su posterior dopaje?) y un Mundial de fútbol (aquí al lado está el estadio en el que robaron a España con el famoso Al Gandhour y el país anfitrión llegó a la final. El campo de fútbol ahora se llama Hiddink Stadium como un hotel que incluso tiene una enorme foto del entrenador holandés en la recepción).

Corea, ese extraño país donde Alonso echa su futuro al destino

 En esta parte de Corea además, se encuentra la mayor parte de la comunidad católica del país y las iglesias se suceden en la carretera, algunas con forma de barco, ya que estamos al borde del mar, pero la sorpresa llegará de noche cuando esos templos se vean en la oscuridad con cruces gigantes iluminadas de rojo en luces de neón. Increíble.

 

Corea se parece a Japón, pero no es igual. Es como sus gentes, se parecen sí, pero no es lo mismo. Respecto al país del Sol Naciente os debo un post, a los que os gusta leer a este servidor vuestro y a los que me encontré en el camino. Se me borró, es la segunda vez que me pasa y ya me está entrando complejo de tonto, pero lo volveré a hacer.

Resumiendo mucho hablaba, entre otras cosas de un par de alicantinos que eran los dueños del tren de la F-1, de uno de Murcia ganando una carrera hasta el taxi soñado a una muchachita australiana, del bar España o de la legendaria amabilidad de las japonesas, capaces de meterme en un tren bala sólo por preguntar por donde se iba a Nagoya… Japón, qué sitio. Tiene ya un lugar en mi corazón.

Allí, en el país del sol naciente le hice una entrevista a Jaime Alguersuari que espero hayáis leído con el mismo cariño con la que yo la he escrito. El catalán, es cierto, ha tenido algunas cosas más fáciles, pero otras se las ha tenido que buscar, es bueno, tiene talento y merece una oportunidad en un equipo mejor, pero para eso tiene que dejarse la vida haciendo volar la tortuga rossa. Allí, también, vi a un Fernando Alonso que hizo lo máximo, pero estaba toda la semana escaso de brillo. Ya sabéis, esa sensación de que alguien es especial. En Japón no la tenía muy desarrollada. En Corea parece que sí.

Aquí todo puede pasar, pero el chaval asturiano llega en plan jefe, moreno de haber pasado unos días con su mujer (por cierto, la conocí en Suzuka y me parece encantadora y con una voz que debe haber enamorado al campeón) en una isla del Pacífico, con ganas de vacilar a sus compañeros de foto en la lucha por el Mundial y de demostrar que puede ganar este campeonato.

 Sinceramente lo tiene difícil. No lleva el mejor coche, quizá ni siquiera el segundo mejor, atentos a los McLaren en las rectas coreanas, pero siente que es el mejor piloto y espera demostrarlo. Como será difícil que a Webber y Vettel les pase algo, averías y cosas así, debe ganar aquí y quizá en Abu Dhabi para poder igualar a Senna con el tricampeonato. Complicado, no imposible. Muy complicado. Pero este niño que ya no lo es, sigue siendo un genio de las carreras capaz de hacer hazañas extraordinarias. Por eso se le distingue del resto. Por eso brilla.

Pero el circuito no está terminado del todo, el asfalto no es bueno y donde debía haber césped hay arena pintada de verde (ver foto). Aquí Alonso se juega su futuro en una partida con los dados del destino. Todo puede pasar. Malo o bueno.

Es el segundo día en Corea, donde llegué tras 25 horas de viaje, tres aviones, uno de ellos el magnífico A 380 de Airbus, y con un hotel esfumado entre las manos de quien sabe quien que finalmente se hizo verdad a hora y media del circuito del futuro, ese lugar donde hemos venido para contar que la remontada de Alonso ya es real. Espero que haya suerte. De momento, las estrellas brillan en el cielo. A lo lejos. Eso siempre es bueno.

PD: Gracias a todos por vuestros comentarios. Sí, se agradecen más los buenos, pero también los otros, siempre que se hagan con respeto.

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PD2. Esto es una encuesta. Pronto saldrá en AS una con periodistas internacionales prestigiosos. Las preguntas eran: ¿Quién ganará el Mundial? ¿Cuál es el mejor coche? Y calificar de uno a diez a los cinco pilotos que luchan por el título. Os adelanto que salía Webber campeón y Alonso el más valorado. Me interesa vuestra opinión. Y vuestras respuestas.

PD3. Son las siete y media en Corea, las doce y media en España. Espero la llamada de El Larguero para contaros cosas de este gran premio extraño en el otro lado del mundo. Se agradece vuestra compañía. Escribiendo me siento menos solo. Gracias por llegar hasta aquí. Desde el suelo de la habitación, sentado en cojín oriental en una mesa enana de piel de tambor os prometo más pronto. Y mejor.