La muerte de un corredor
A todos nos ha entristecido la muerte de un corredor el pasado domingo, en el Medio Maratón de Madrid. Alberto Ceballos Quesada, de 31 años de edad, llegó a la meta y se desplomó. Fue atendido de inmediato por los servicios sanitarios, trasladado al hospital de campaña y posteriormente al Clínico de Madrid, donde falleció. Una tragedia inevitable. Muy pocas entre las grandes carreras del mundo tienen un historial inmaculado en este aspecto. Antes que Alberto Ceballos han muerto otros corredores y después de él morirán otros. Es así, por muy duro que parezca.
Alberto Ceballos, técnico superior de Prevención de Riesgos Laborales, era de Barakaldo (Vizcaya) y llevaba preparando varios meses la carrera. Nunca se había enfrentado a un medio maratón. Al parecer, corría unos tres días a la semana y jugaba habitualmente al fútbol. Sus amigos aseguran que no tenía problemas físicos.
No era un atleta de élite. Era un popular. Llegó a la meta en un tiempo de 2h 10:48 para el medio maratón. Pero hay que recordar que deportistas que sí son de alto nivel también han fallecido. Y se someten a rigurosos controles médicos.
La muerte de este corredor debe concienciar a las decenas de miles que habitualmente participan en carreras populares (se habla de 200.000) para que se sometan a reconocimientos y a pruebas de esfuerzo, porque con unos y con otras pueden detectarse problemas cardíacos o de otro tipo, y minimizar el riesgo que, en todo caso, seguirá ahí.
En Francia, por ejemplo, se exige un reconocimiento médico a todos aquellos que participan en carreras populares. No sé si nuestro sistema sanitario sería capaz de absorber algo así, pero es lo deseable. Y un objetivo a medio plazo.
