MARTA Y BEGOÑA, A NUESTRO ESTRELLATO DEPORTIVO
El final de la Selección femenina en China tuvo un epílogo confuso y frustrante: su histórico cuarto puesto se quedó sin la recompensa de la recepción planeada por Jaime Lissavetzky en el Consejo Superior de Deportes porque el vuelo desde Alemania no salió en hora, casi ni en día, por culpa de las condiciones atmosféricas de esa semana en toda Europa. Un viaje largo, se convirtió en más largo, pesado, agotador, extenuante y con el disgusto del cuarto puesto, que es histórico, pero cuando se toca la medalla con los dedos, pues eso, que ni el chocolate te quita el mal sabor de boca que dejan las dos últimas derrotas. No hay bien que por mal no venga: gracias a que no hubo recepción, a que no puede felicitar a las chicas de España por ese éxito sin precedentes, llegué a tiempo a la función del colegio de mi hija Fátima, que agradeció el verme en el salón de actos con una sonrisa de oreja a oreja de felicidad, porque hay edades que se hacen cosas pensando más que nada en los padres.
Y en esto de la felicidad, que nunca es completa, yo me apunto a los buenos momentos que nos ha dejado en China la Selección de Jorge Dueñas, un entrenador que ha pasado de la Asobal (Arrate) a dirigir a las chicas sin mayor problema, lo que tiene un mérito que es necesario valorar y aplaudir, porque hombres y mujeres tienen especialidades distintas a la hora de interpretar el juego, cualquier juego.
Además, el Mundial ha dejado más de un regalo añadido. Por ejemplo, que a Marta Mangué habrá que promocionarla más en el deporte español, porque otras señoritas, en general, si tantos méritos como ella, están hasta en la ensalada, y no se sabe bien por qué, y de Marta apenas se habla. Por ejemplo, que Begoña Fernández es una especie de Rolando Urios de nuestro balonmano, aunque estilizada y menos voluminosa que el hispano-cubano: dos campeonatos seguidos en el mejor siete, como la pivote más completa, dicen mucho de esta gallega a la que también es imprescindible disparar al estrellato mediático de las famosas. Se podrían colocar más nombres, como Macarena Aguilar, Andrea Barnó…pero hay que apostar por unos nombres por lo menos incontestables.Y es que el balonmano, como todos los deportes en general, necesita exteriorizar fuera de su ámbito natural nombres de estrellas que se reconozcan sin dar más detalle, una especie de excelencia por definición. Y eso es imprescindible para popularizar el deporte y para identificarse con las selecciones. Ahora bien, queda por saber quién pone el cascabel al gato, y en este caso, por ahora tenemos las candidatas a estrellas, pero nos falta saber cómo se va a dar el salto a los medios para que no pierda el tirón. Las chicas han hecho su trabajo; queda el otro, el federativo, el de clubes, el de la Asociación femenina…Me temo que en esto, como en tantas cosas, unos por otros la casa por barrer.