El oro español de Bezabeh

Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a


El oro español de Bezabeh

España ha subido por primera vez individualmente a lo más alto de un podio continental gracias a Alemayehu Bezabeh, nacido en Addis Abeba y etíope de origen, como todos sabemos. No es español de pura cepa, evidentemente, pero hay que tener en cuenta que cuando llegó aquí no era nadie dentro del mundo del atletismo. Miguel Ángel Mostaza (su representante) y Manuel Pascua (su entrenador), le han moldeado y han convertido un proyecto de corredor en un atleta de extraordinaria proyección. Bezabeh nació en Etiopía, pero ha llegado a la élite del atletismo gracias a España. No lo olvidemos. Y tampoco olvidemos que el segundo clasificado, el británico residente en Londres Mohamed Farah, que ya ganó en 2006, nació en Somalia y llegó a las tierras de la reina Isabel II huyendo de los señores de la guerra de su país de origen. Por cierto, fue apadrinado por Paula Radcliffe, que llegó a pagarle una beca.
Quiere esto decir que en el mundo en el que vivimos las fronteras en el deporte son cada vez más tenues. Son estadounidenses Sanya Richards, la campeona mundial de 400 metros; Bernard Lagat, doble campeón mundial de 1.500 y 5.000 en Osaka 2007 y bronce y plata en las mismas distancias en Berlín 2009, por citar sólo sus últimos éxitos, y Kerron Clement, campeón del mundo en 400 metros vallas... pero nacieron, respectivamente, en Jamaica, Kenia y Trinidad.
Es sólo un ejemplo de los muchos cambios de pasaporte en el atletismo. Se me vienen a la memoria otros: Linford Christie (Jamaica-Gran Bretaña), Merlene Ottey (Jamaica-Eslovenia), Ben Johnson y Donovan Bailey (Jamaica-Canadá), Wilson Kipketer (Kenia-Dinamarca), Fiona May (Gran Bretaña-Italia)... y dejamos en el tintero (que frase más arcaica, por cierto) a decenas y decenas más, entre ellos no pocos españoles nacionalizados. Y para qué hablar de la compra pura y dura que practican Qatar o Bahrein en tierras africanas, en las que ya están fichando hasta juveniles.
Debemos aceptar la situación, entre otras cosas porque no nos queda más remedio. Pero debemos evitar la nacionalización apresurada de atletas. Fue el caso de Bezabeh, al que se le concedió el pasaporte para que pudiese competir en los Juegos de Pekín. Pero, volviendo al principio, no olvidemos que cuando llegó a España no era nadie y ahora le hemos hecho campeón de Europa. Algo tenemos que ver en su éxito. Y desde aquí un reconocimiento de corazón a Sergio Sánchez, castellano viejo y atleta de extraordinaria calidad que aportó puntos vitales para que España haya sido campeona del mundo por tercera vez consecutiva. Y qué decir de Rosa Morató, atleta a la que admiro especialmente por su capacidad de sacrificio y de lucha. Espero verla en el verano muy adelante en los 3.000 metros obstáculos.