Djokovic acelera y firma un gran final de temporada

Tomás de Cos
‘Nole’ Djokovic se impuso a un correoso Gael Monfils en la final de París Bercy por un apretado 6-2, 5-7 y 7-6 (3). Tras sumar el último punto el serbio se vació en gritos de rabia contenida, que repitió una y otra vez. Apretando puños y dientes, tensionando cada músculo de su cuerpo, en una ceremonia íntima llevada a cabo en el centro de la pista, ante el indiscreto ojo de la televisión.
En la quinta final de un torneo semejante, y en la décima del año, Djokovic por fin consiguió un Masters 1000 en este 2009. Nadal -por dos veces-, Murray y Federer se lo habían impedido hasta la fecha. Ante Monfils sufrió mucho, más de lo esperado después del vendaval de juego exhibido en la primera media hora larga de partido (6-2 y 3-0). A partir de ahí el público espoleó a su rival y le metió el miedo en el cuerpo. El ambiente era más propio de la Copa Davis y las cinco finales malogradas pasaron en algún momento por su mente.
El Djokovic intratable en su tenis e inmutable en su mentalidad de las últimas fechas se fue diluyendo conforme se alejaba su confianza. El juego valiente –potente y casi tiránico- dejó paso a otro más previsible, titubeante, especulativo. Un tenis sin los winners descarados del inicio y con un incremento constante de errores no forzados que acabó agarrotándole incluso las piernas. El monólogo arrollador se tornó en un carrusel de emociones desquiciante, del que también fue activo protagonista el propio Monfils, capaz de lo mejor y lo peor en un mismo juego.
Un vaivén de sentimientos (con sus consiguientes altibajos en el nivel de juego) que reapareció en el último tramo del definitivo tercer set, cuando el serbio ya se había reencontrado con la calma y el camino correcto (4-1). Monfils volvió a crecerse ante la adversidad y tiró del público, al que pidió apoyo de manera constante y exagerada a lo largo del duelo para gozo de los asistentes en el Palais Omnisports de París.
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El esfuerzo dramático de Monfils llevó la final hasta un tie break de infarto. Un oasis de buen juego al final del trayecto, después de varias dobles faltas, roturas de servicio y errores de bulto de ambos tenistas. Y en mitad de ese escenario épico, el juego más agresivo y descarado del serbio se impuso sobre el gran servicio y contraataque del francés. En el único punto disputado por Monfils con su segundo saque, ‘Nole’ no perdonó y por fin encontró el ansiado hueco por el que llevarse un partido que debió celebrar mucho antes.
Djokovic firma así un espectacular cierre de temporada, con victorias sobre Federer y Nadal, que le debe dar mucha moral para defender en Londres su título de ‘maestro’ en la cita que arranca el próximo domingo en Londres. Una asignatura que le quedaba siempre pendiente en los últimos años, en los que llegaba al mes de octubre absolutamente exhausto. Desde agosto ha hecho final en Cincinnati, semifinales en el US Open y Shanghai y se ha llevado el título en Pekín, Basilea y París Bercy. Todo un logro teniendo en cuenta el número de partidos disputados y los miles de kilómetros que lleva en la mochila a estas alturas de la película.