El peso de ser quarterback

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Muchos niños españoles sueñan con jugar al fútbol. Muy pocos quieren ser porteros, o laterales derechos. La mayoría quieren ser delanteros centros. Supongo que en EEUU la mayoría de los niños quieren ser jugadores de football americano. Dudo mucho que alguno quiera ser kicker o tight end. Por la mente de un crío sólo puede pasar la posibilidad de triunfar como quarterback.

He visto equipos de fútbol ganar sin delantero centro. Si me apuráis, incluso sin delanteros. Pero no puedo imaginar un partido de football sin quarterbacks. Es más, creo que hay muy pocos deportes con una posición tan decisiva, tan específica y tan importante.


El peso de ser quarterback

A los grandes especialistas, y a los aficionados con pedigrí, les encanta diseccionar los equipos más allá de las posiciones evidentes para todo el mundo. Hablar de quarterbacks, corredores o receptores parece casi banal. Es mucho más interesante analizar a la línea ofensiva. Pero un buen quarterback puede sobreponerse incluso a una mala línea ofensiva. El ejemplo es muy cercano con la victoria de los Steelers en la última Super Bowl. El equipo del acero jugó sus mejores partidos la temporada pasada cuando se quedó sin corredores y su línea parecía más endeble. Big Ben, y una defensa demoledora, fueron suficientes argumentos para que el equipo funcionara. Es cierto que muy de vez en cuando aparece un equipo ganador en el que el quarterback es un mero peón, pero son excepciones. Un ejemplo son los Ravens ganadores de la XXXV Super Bowl. Trent Dilfer tenía como única misión el no equivocarse. En ese caso era la defensa la que cargaba con el peso defensivo… y ofensivo. Otro ejemplo hubieran podido ser los Patriots del primer año de Brady, pero el papel del jugador durante esos play-off lo encumbró de inmediato.

Por eso creo que en casi todos los equipos el ataque gira en torno al quarterback. Algunos me diréis que también hay equipos más enfocados al juego terrestre pero, también salvo excepciones, los equipos corredores están un escalón por debajo casi todos los años. Es suficiente mirar las estadísticas generales de la NFL hasta el momento. Los primeros en el ranking de pase están entre los gallitos de la competición. Entre los diez últimos, no hay ni un solo equipo con récord positivo. Curiosamente, entre los primeros en el ranking de carrera hay equipos ya desahuciados y entre los últimos hay bastantes equipos con récord positivo.


El peso de ser quarterback

La conclusión de todo esto es que si el QB no funciona casi nada funciona. Por eso el sueño de todos los niños americanos es, en el fondo, el inicio de una pesadilla. El peso que cae sobre las espaldas de un quarterback es inmenso y es bastante fácil detectar cuando ese peso termina por afectarles. Lo más habitual es que pierdan la puntería. El motivo va más allá de la falta de concentración o de un error de mecánica; la razón fundamental es el miedo a equivocarse o a ser interceptado. Esta semana hemos visto varios ejemplos de lo que os cuento. Fue muy llamativo ver a Mark Sanchez lanzar pases casi a sus pies, durante toda la primera mitad, mientras todo el público le abucheaba culpándole de las últimas derrotas. Yo pensaba: “se están cargando a un QB estupendo”. Pero en cuanto cogió confianza fue capaz de dirigir drives muy espectaculares y rápidos. Sanchez es el tipo ejemplo de gran QB en ciernes que puede fracasar por la presión excesiva. Esa presión volvió a atenazarle en un drive final en el que la mayoría de los grandes QB veteranos de la NFL hubiera llevado a los Jets a la end zone.

Otro ejemplo de presión lo vimos en el Eagles-Giants. Todo el mundo está diseccionando a los Giants perdedores de los últimos tres partidos. Más allá de análisis más profundos, el problema ha llegado con un bajón tremendo de Eli Manning. Estuvo todo el partido lanzando pases mal dirigidos. Sobre todo altos. La gran diferencia de Eli con su hermano Peyton es la fragilidad mental. Ésta le juega muy malas pasadas. En cuanto recuperen el ánimo dañado de su QB los Giants volverán a ser competitivos.

Hay ejemplos de jugadores con grandes facultades pero cuya frágil moral les hizo fracasar en sus carreras. Kerry Collins o Drew Bledsoe son dos ejemplos conocidos de jugadores imparables que se hundían en cuanto sufrían un sack especialmente duro. Además eran jugadores que tardaban varios partidos en recuperar la garra después de un bajón. Eli Manning corre peligro de terminar en esa lista.


El peso de ser quarterback

Pero ni siquiera se libran las grandes estrellas. Siempre he pensado que Tom Brady se acompleja ante Peyton Manning. Creo que siente por el QB de los Colts una admiración reverencial que le hace sentirse inferior. Es habitual que Brady lance muy mal en los primeros cuartos de sus partidos frente a Indianapolis. A Brady también se le nota mucho el exceso de presión. Lanza casi siempre muy bajo al frente, y algo retrasado a los laterales. Es fácil deducir que el gran miedo psicológico de Brady son las intercepciones. Curiosamente suele salir de esos malos trances después de sufrir una, o de completar algún pase brillante. Fijaos en lo que os cuento dentro de dos jornadas cuando los Patriots jueguen en Indiana.

Hay otros jugadores que ante esos momentos de falta de confianza dan un paso hacia delante. Un ejemplo de eso es Delhomme. A mí nunca me ha gustado, pero tengo que confesar que siempre ha sido un jugador indomable que se atrevía a asumir más riesgos justo cuando peor estaba su ánimo. Otro es Favre. Cuando Brett la caga lo hace a lo grande. Acumula intercepciones sin importarle el resultado. Su cabezonería le lleva a intentarlo una y otra vez hasta que lo consigue, aunque eso le cueste una derrota a su equipo.

Cuando un QB se empeña en ganar un partido él sólo suele equivocarse. Peyton Manning y Tom Brady son un claro ejemplo de jugadores que casi nunca caen en esa tentación. Sólo recuerdo unos pocos partidos en los que su empeño en ganar haya terminado por descentrarles…

Los corredores cierran las defensas para que los QBs tengan más fácil el pase. La línea abre huecos a los corredores pero, sobre todo, protege al QB. Los TE aseguran un pase fácil de seguridad, o cubren con su mole los posibles blitzs. Los equipos especiales buscan que su QB tenga una posición de campo ventajosa o que el QB rival comience en el lugar más lejano. Las defensas son más eficientes cuanto más eficiente es el QB alargando los drives y permitiendo que descansen más tiempo… Todo gira en torno al QB y esta temporada, especialmente, estamos viendo una liga de quarterbacks.

Antes de terminar tengo que deciros que toda esta charla viene a cuento porque me niego a escribir otra columna babeando por Favre. Pero no lo puedo evitar. Tengo que despedirme recordando que ayer volvió a fascinarme. Da gusto verle cargar hasta el alma, para lanzar un misil con el spin perfecto, que llega a los brazos de receptores con triple cobertura como si fuera lo más sencillo del mundo. Cuatro del cuatro en su vuelta a Lambeau Field. ¡Qué bestia!.

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mtovarnfl@yahoo.es