Natalia es para mí la campeona

Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a
Natalia es para mí la campeona

Todavía tengo un nudo en la garganta como consecuencia de la carrera femenina de 1.500 metros. No quiero ser sensiblero, pero se me partió al corazón al ver la cara de Natalia mientras cogía la bandera española, abucheada por el público, sabiendo ya lo que se le venía encima. Nunca una campeona (en esos momentos lo era) había ofrecido esa imagen de tragedia griega. En menos de un segundo, lo que duró el incidente con Gelete Burka, se vino abajo todo, absolutamente todo. Un año sin lesiones, un año que estaba siendo fantástico y en el que Natalia tenía más ilusión que nunca, un año que no sé si va a ser repetible, porque nadie sabe lo oscuro o claro que puede ser el futuro.
Si yo he sentido amargura por todo lo que ha pasado, no quiero ni pensar el descenso a los infiernos que ha experimentado ella. Ganas el campeonato mundial casi de calle y encima 60.000 personas te silban y abuchean como si fueras una delincuente... Que Natalia empujó es claro, pero he visto repetida la secuencia de la carrera decenas de veces (no exagero) y creo que la tarraconense tiene atenuantes en su posible delito. Y ahora me constituyo en abogado defensor y no en abogado del diablo, como en aquel primer post a propósito de las posibilidades de Tyson Gay frente a Usain Bolt.
Y en descargo de mi defendida debo decir que hay un empujón previo (más sutil, desde luego) de Maryam Yusuf Jamal a Gelete Burka; que eso propicia que la etíope se desplace hacía la cuerda, hacia Natalia; que lo hace también porque se da cuenta de que ha dejado un hueco y de que va a perder la carrera. La española tiene que protegerse de la etíope cuando está pasando por dentro. ¿Es culpable Natalia? Tengo dudas más que razonables, porque no deben obviarse los hechos anteriores. Lo cierto es que Natalia llegó a la meta ya como declarándose culpable, sin festejar la victoria. Luego Burka apareció renqueante, como víctima perfecta de Natalia. El Jurado Popular (los espectadores) dictó sentencia en el acto, con sus abucheos. Los ingredientes para que el Juez la declarase también culpable ya estaban sobre la mesa. Pero ha habido situaciones como ésta en los 800 o 1.500 metros donde nadie ha salido descalificado.
Ya no hay remedio, pero, para mí, Natalia Rodríguez es una campeona. Hubiera vencido, estoy seguro, en cualquier otra situación menos desgraciada que la que le ha tocado vivir. Jamal, la vencedora oficial, no fue mejor que ella en la carrera. Y me sonrojé de vergüenza de la actitud de Burka, impropia de una deportista, echándole el público encima a la ganadora. Espero ver a Natalia llegar de nuevo a la meta en cabeza, derrochando clase por todos lados, en una gran competición. Y espero que entonces el estadio se rinda a sus pies.
Y una vez secadas las lágrimas y disuelto el nudo de la garganta, vamos con otras reflexiones sobre los Mundiales.

BOLT, SIEMPRE BOLT: Debemos agradecerle no sólo que corra lo rápido que corre, sino que haya conquistado a todo el mundo con su simpatía. El atletismo necesita a gente como él, que trascienda el ámbito de nuestro deporte, a menudo excesivamente reducido. Un apunte sobre la mejora que ha experimentado en la velocidad de reacción en la salida de los 100 metros. En series de Pekín hizo 186 y en Berlín 144; en cuartos, 165 por 155; en semifinales, 161 por 135 y en la final 165 por 146. Significativo, ¿no?

MARTA DOMÍNGUEZ: También a ella debemos agradecerle que trascienda las cuatro paredes del atletismo para convertirse en figura deportiva admirada por toda España. Debo reconocer que en la última recta de los 3.000 metros obstáculos mi corazón, probablemente, latía más rápido que el suyo. Un poco porque ya la veía campeona y un mucho porque temía que se cayese de nuevo. La sombra de Pekín es alargada. En sólo dos temporadas ha pasado de ser una alumna torpe en la especialidad a convertirse en una catedrática.

CASTER SEMENYA: Tiene aspecto masculino, es cierto, pero no menos que otras atletas actuales o pretéritas. Como ha dicho alguien, esta no es la Pasarela Cibeles; son unos Mundiales de atletismo. La IAAF y la propia federación surafricana están investigando. Dejémoslo ahí.

GARCÍA BRAGADO: Mi admiración por Chuso es infinita. Ganó la primera medalla mundialista (oro en Stuttgart 1993) con 23 años y la última (bronce en Berlín) con 39. Dicen que tiene un carácter difícil, pero yo, que le conozco desde hace 16 años, opino exactamente lo contrario. Lo que sucede es que a veces dice las verdades abiertamente a la cara y no es lo que ahora se llama ‘políticamente correcto’. Por eso, y por otras cosas, me cae muy bien. De sus méritos como atleta, ni hablamos.

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ISINBAYEVA: Para terminar (por hoy) volvemos al drama. Isinbayeva hizo tres nulos y se quedó sin nada. El mejor maestro echa un borrón, dice la sabiduría popular. En la pértiga hay un factor de inestabilidad que ocasiona tragedias de este estilo de vez en cuando. Yelena ya había tenido problemas en la altura inicial en otras ocasiones, pero siempre solventaba la situación. Me viene a la memoria Sergey Bubka. En los Juegos de Barcelona 1992 era clarísimo favorito, pero hizo dos nulos en 5,70 y otro en 5,75 y dijo adiós a una de las medallas de oro más claras. Llegaba a Montjuïc con una marca de 6,11.

En el próximo post podríamos seguir reflexionando sobre algunas cosas de los Mundiales, pero, en todo caso, os propongo ya un debate: ¿Batirá Usain Bolt en 2010 el récord mundial de 400 metros? Él ha dicho que lo va a intentar...