Jerez tiene duende

Lo juro, no es palabrería barata. Jerez tiene duende. Para este enviado especial del AS a los Grandes Premios del Mundial de motociclismo, caramba que largo se hace el carguito, la cita jerezana es la más dura de la temporada. ¿Por qué? Sencillo, porque exige más páginas publicadas a diario que casi ningún otro fin de semana y, a la vez, es la que más alternativas lúdicas ofrece. Dicho de manera más sencilla y contundente, las de Jerez son las carreras que más trabajo generan y en las que más salgo de fiesta con diferencia. Una combinación delicada, sobre todo, porque a los 33 años (¡34! el próximo 29 de mayo) se recuperan peor las salidas nocturnas y ya se sabe, al que va de romería, le pesa al otro día.

En esta ocasión no entraré demasiado en detalles sobre las carreras, para profundizar más en anecdotillas del fin de semana jerezano. Sólo os diré que el sábado me las prometía muy felices, con las tres poles españolas, pero el domingo me supo a poco acabar con tres segundos puestos y un tercero. Eso sí, los que me conocéis ya sabéis que pienso que, cuando gana Valentino, ganamos todos. Y el italiano me dio la razón con la celebración que se marcó, rememorando aquella de 1999 cuando era piloto de 250cc y se metió en plena vuelta de honor en un retrete portátil situado junto a la pista de servicio. Igual alguno no sabe la historia de aquello. Por entonces, Rossi se disfrazaba de cualquier cosa que se le ocurría y demoraba la ceremonia de entrega de trofeos. De las más famosas son la de Robin Hood, en Donington Park, porque está muy cerca del bosque de Sherwood; la de la vez que subió una muñeca hinchable de paquete, para darle en los morros a su ‘amigo’ Biaggi, que decía ser novio de Naomi Campbell y él que su muñeca era Claudia Schiffer…; y otra célebre es la del amigo que subió al colín de su Aprilia disfrazado de Pollo Osvaldo. La organización le obligó a que dejara estas historias y a él se le ocurrió, a modo de protesta, lo del cuarto de baño. El domingo de Jerez, Flavio Fratesi, del Fan Club, le recordó antes de la salida que ahora se cumplían diez años de aquello y que en el puesto ocho del circuito había un baño… Rossi le dijo que si ganaba le esperase allí. Dicho y hecho. Genial.


De la carrera me quedo, una vez más, con la enésima capacidad de superación de Dani Pedrosa cuando llega la hora de la verdad. Es cierto que me hubiera gustado que le intentase plantar más cara a Rossi en el momento que éste llegó a su rueda y le adelantó, pero en sus circunstancias quizá sí que era mejor asegurarse los veinte puntos de un segundo puesto que jugarse una caída. En el caso de Jorge Lorenzo, en cambio, creo que hizo bien en intentar quitarle a Stoner el tercer peldaño del podio. En otro circuito no, pero en Jerez sí que es justificable una pifia así. El mallorquín estrenaba Fan Club en esta carrera. Había hecho la pole el día anterior. Llegaba crecido por su victoria en Motegi. Líder del Mundial. Y, lo más importante, había bajado hasta el segundo la desventaja con Stoner que llegó a ser de casi tres segundos. Lo intentó y no le salió. Otra vez será.
Ya basta de carreras. Quiero contaros otras cosas. La primera es que sigo alucinando con el alcance de este blog. No pude detenerme demasiado tiempo a charlar con ellos, pero he conocido en Jerez a algunos asiduos de esta casa como Christian (¿llevabas la camiseta del Inter en honor de Rossi?), Periko (ya veo que lo has contado), el Chino (dale un abrazo a Sergio de mi parte y dile que se escriba algo aquí) y Míchel, aunque este es compañero de gimnasio y crossero (¿por qué tienes un don especial para colocarte siempre detrás de los mejores culos en la clase de spining/cyclo). Je je je. También hubo un montón de gente que me habló de mis apariciones en Televisión Española durante el GP de Japón y hubo hasta quien me felicitó por el fichaje. Fue sólo ocasional, pero me lo pasé muy bien, tanto el sábado como el domingo, ese último día junto a Lorenzo y Bautista, que acababan de ganar.

Mientras os escribo estas líneas, mi hermano Willy, el dakariano de AS que firma como Manuel Franco, aunque para mí es Willy, me dice que tiene más hambre que un perro chiquitín… ¡Qué cachondo! Eso me sirve para acordarme de la ensaladilla, el jamoncito, los pescaítos fritos y el tocinito de cielo que cada noche me metía para el cuerpo después de currar. Así estaba yo el lunes cuando me llegó el turno de subirme a la Aprilia RSV4 Factory, por gentileza de Aprilia. Entre eso, y que la noche anterior había sido toledana, comentando hasta altas horas de la noche venturas y desventuras con pilotos mundialistas, mecánicos, representantes, team mánagers y colegas de profesión, subirse a la versión de calle de la Superbike que pilotan Biaggi y Nakano era casi más un castigo que un premio. Pero sólo fue la pereza de tener que ponerme el mono y acudir otra vez al circuito. Una vez sobre la máquina, todo fue disfrute, más aún al contar con la inestimable ayuda de Barberá. Héctor se esforzó por mostrarme la trazada, pero su ritmo era infinitamente superior al mío. Opté por ir a mi aire y disfrutar imaginándome lo que fue la carrera de MotoGP del día anterior. Cada vez que llegaba a Nieto, rememoraba las pasadas que Rossi les dio ahí a Lorenzo y Pedrosa, por ese orden. Estos tíos hacen fácil lo difícil. La moto, por cierto, es una maravilla, con tres entregas de potencia distintas, dando la máxima 180 CV. Una barbaridad.

Otra de las noches jerezanas, la primera, la aprovechamos mis compañeros de fatigas y yo para tomar contacto con una ciudad que, gran premio al margen, disfruta ya con su querida Feria. No puedo entrar en muchos detalles, pero os diré que hubo un momento de la madrugada en el que me perdí y, sin saber cómo dar de nuevo con mis colegas, esperé a que me recogieran en la Plaza de las Angustias, donde paré atraído por un grupo de chavales que, en pleno botellón, estaban bailando sevillanas. Esa fue la misma noche en la que, terminando de cenar en una terracita, aparecieron mis amigos Flavio Fratesi y Rino Salucci, vicepresidente y presidente del Official Fan Club Valentino Rossi. Iban con un amigo y los tres se sentaron a nuestra mesa a brindar por un buen fin de semana de carreras. Van a todas las carreras del calendario y son muy buena gente, aunque ahora sé realmente que Flavio está un poco loco. De repente, se levantó de la silla y, en plena calle adoquinada, nos dijo que le observásemos, que iba a hacer una cosa que hacía en todas las ciudades del mundo en la que hay gran premio: una carrera de codos. ¿Que qué es eso? Algo de locos. Flavio se tiró de cabeza al suelo y se puso a gatear durante un buen tramo de calle sólo apoyado en sus codos. Le jaleamos, primero, le aplaudimos, después, y le hicimos que retara a uno de los periodistas españoles que allí había…
El elegido fue Tito Lladós, de la Agencia EFE. El bueno de Tito al principio no quería, pero le dijimos a Flavio las palabras mágicas para que nuestro gigantón entrara al trapo. “¿Que no tienes huevos”, dijo en un perfecto castellano Flavio con un divertido acento italiano. Surtió efecto al instante y yo hice de árbitro, dando la salida y separando con mi presencia el camino en dos calles. Puede parecer absurdo, que lo es, pero toda la terraza dejó de cenar para presenciar lo que aquellos dos colgaos iban a empezar. A la de tres, ambos salieron disparados y, tras un apretado final, la victoria se la llevó Tito, destronando así a Flavio como Campeón del Mundo de Carreras de Codos.
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PD: Lo reconozco. Me gusta mi trabajo y me lo paso de coña en las carreras. Además, entrevistar a Crivillé en su curva fue todo un privilegio. ¡Grande Crivi!