Vuelve el ciclón Serena

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Vuelve el ciclón Serena

Tomás de Cos

La menor de las hermanas Williams pasó por la final del Abierto de Australia como una tormenta veraniega. Sus golpes resonaron en el Rod Laver Arena como los truenos que anuncian el chaparrón. La talentosa Safina apenas tuvo tiempo de resguardarse. En poco menos de una hora no dio abasto a achicar agua. Los winners le llovieron a la rusa desde cada rincón de la pista. El 'ciclón Serena' se apoderó de Melbourne Park con una virulencia imparable. Las viejas rockeras nunca mueren.

Con el triunfo de hoy se ha anotado su décimo título de Grand Slam y su cuarto abierto australiano (2003, 2005, 2007 y 2009). Cada dos años la tenista de Saginaw (Miami, Estados Unidos) se hace la foto luciendo sonrisa y abrazando la copa. Con la pequeña Justine Henin dedicada a sus labores desde hace un tiempo, no hay duda de que Serena sigue siendo el principal valor de la WTA. Ella misma lo sabe y por eso (probablemente) se permite ciertas (y comprensibles) ausencias.

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Serena no dio opción alguna a una errática Safina, que no paró de perseguir bolas como ‘pollo sin cabeza’. Los veintiún errores no forzados condenaron a la hermana de Safin ante una Serena inaccesible al servicio, con un 95% de puntos ganados con su primer servicio, que hoy llegó a viajar a 190 km/h.

A la musculosa tenista estadounidense, siempre escoltada por su madre Oracene -la matriarca del clan-, ni siquiera le afectó jugar el torneo de dobles, que también se llevó junto a su hermanísima Venus. Su inapelable actuación dejó al público sin partido y le devuelve la corona de reina del tenis mundial. Safina, el mayor diamante del tenis femenino actual, volvió a quedarse sin premio (ya perdió la temporada pasada la final de Roland Garros ante Ivanovic). Pero a cambio recibió una lección magistral de cómo afrontar una final, que seguro que le servirá para seguir mejorando. A la tercera, será la vencida.