Las tres motos campeonas de España y Samuel Sánchez


Vaya por delante que soy un PAQUETE, que llevaba años sin rodar en circuito y que me sobran por lo menos diez kilos para estar en plena forma. Hecho este duro preámbulo, no podía decir NO a la posibilidad que me plantearon de subirme en el circuito de Jerez a las tres motos campeonas de España: la Aprilia RS 125 de Efrén Vázquez, la Yamaha R6 Supersport de Ángel Rodríguez y la Yamaha R1 Fórmula Extreme de Carmelo Morales. La primera pertenece al equipo Blusens Aprilia de Raúl Romero, un apasionado de las carreras que este año ha tenido su merecido premio con su primera victoria mundialista. Fue gracias a Scott Redding y su triunfo en el GP de Inglaterra de 125. Vendrán más. Las otras dos mecánicas, las gordas, pertenecen a la escudería Laglisse de Jaime Fernández Avilés, otro loco de las carreras y al que el CEV se le ha quedado pequeño, por lo que pronto le veremos en el Mundial. Puede hacerlo por infraestructura técnica y humana, porque es representante de pilotos tan importantes como Rodri, ganador de las siete carreras de Supersport de esta temporada, todas con pole incluida, y resucitado definitivamente para la práctica del motociclismo gracias al buen hacer de Jaimoto.
Volvamos a mi aventura personal. La noticia me llegó el pasado 14 de noviembre. Acababa de hacer motocross el circuito de San Sebastián de los Reyes (Madrid) y me estaba tomando un refrigerio en la puerta de casa con mi colega Darío. Él tiene una Yamaha 250cc de 4T y servidor una Kawasaki 250cc de 2T. Estaba tan contento porque, por segunda jornada consecutiva, había escapado sin ninguna caída y mejorando el ritmo, las sensaciones y la longitud de los saltos. En eso que suena de repente la canción de Thundertrack de ACDC, mi melodía en el teléfono móvil. Era Jaime Olivares, el fotógrafo megacrack de Solo Moto y también el de unos cuantos equipos, entre ellos el Blusens y el Laglisse. Fue él quien me dijo que el lunes 17 de noviembre estaba previsto que el ciclista Samuel Sánchez, oro olímpico en los pasados Juegos de Pekín, iba a subirse en Jerez a las tres mecánicas campeonas de España y que me ofrecían a mí también la oportunidad de hacerlo…
Di el sí quiero inmediatamente, sin pensar tan siquiera en que mi viejo mono ya no valía, fruto de una caída en el Jarama con una Honda CBR 600 que tuve, mi Princesa. Ofrecí la historia en el periódico y me la compraron, por lo que de inmediato me puse a buscar un mono. Mi hermano Luis Vega, propietario en la actualidad de una Kawasaki ZX10 y al que le he conseguido pases para el Mundial durante la última década, me dejó el suyo. Una talla más hubiera venido mejor, pero metiendo tripa conseguía entrar en él. Las botas y los guantes no eran problema y el casco mucho menos, porque el mismo lunes Arai me entregaría en el circuito un RX7 GP, como el de Pedrosa, aunque en color blanco diamante. Es una joya que saldrá a la venta dentro de un mes y que me ofrecía la seguridad necesaria. Llegado el lunes, madrugón y viaje en avión rumbo a Jerez. Durante el vuelo, tuve oportunidad de ir conociendo a Samuel Sánchez, un auténtico quemado de las motos y al que le había llegado la invitación fruto de su amistad con Herri Torrontegui, que es el mánager de Efrentxu. El ciclista asturiano no tuvo que viajar con el mono a cuestas. A él le esperaba uno en el box del equipo Blusens dedicado en exclusiva para él, con su nombre y los colores de su equipo ciclista como seña de identidad, el Euskaltel Euskadi.
Hizo falta muy poco tiempo para darme cuenta de que Samu no era ningún divo, a pesar de su oro olímpico, su sexto puesto en el Tour de Francia y las cinco victorias de etapa que acumula en la Vuelta a España. Su afición le viene de niño, porque su padre tenía un taller en Oviedo y, además, trabajaba de mecánico en carreras del viejo Campeonato de España para pilotos como Garriga o Cardús. De hecho, el hoy ciclista se recuerda con cinco años pateándose el circuito del Jarama y durmiendo por la noche en el circuito dentro de una furgoneta.
Su relación de motos es amplia. Desde una Marlaca con tres años a una Ducati 999 que ha vendido hace poco. Le queda una Ducati Pantah de 600 del año 84 y de la que mejor recuerdo guarda es de una Yamaha YZ 80cc de motocross con la que aprendió buena parte de la técnica que hoy le convierte en uno de los mejores especialistas en descenso del pelotón internacional. Eso sí, lo que le preocupaba sobre manera antes de subirse a las motos fue saber que el cambio en las mecánicas de competición es al contrario que en las motos de calle: primera para arriba y las demás para abajo. Yo tampoco había probado un cambio así en mi vida, y me preocupaba, pero al final eso fue lo más fácil de todo…
¿Y lo más difícil? El miedo a caerme, os lo aseguro, y no por el daño que me pudiera hacer. Cualquier caída supondría arruinar el resto de las pruebas, ya que había tres probadores de Solo Moto, Motociclismo y Motoracing, y el coste que podía suponer en piezas el arreglo, porque no son como las motos de calle, aunque las de 600cc y 1.000cc sean derivadas de serie.
No esperéis aquí un análisis técnico de cada montura, porque no soy un especialista en ello y porque fui a Jerez a cubrir el reportaje de Samuel Sánchez y a divertirme jugando a las carreras. Si os diré que la 125cc es la más difícil de llevar de todas, porque casi no cabía en ella y porque hay que llevarla en todo momento muy alta de vueltas. Con sus 55 caballos de potencia, alcanza una velocidad punta superior a los 230 km/h y el reloj de su cuenta vuelas mide a partir de las 8.000 rpm. Una marcha más larga en el paso por curva suponía salir picando embrague para que no se calara. Por cierto, no se me caló en ningún momento, ni siquiera al arrancar. Di cinco vueltas con ella, lo estipulado con cada moto, y el tiempo suficiente para coincidir en pista con Tito Rabat, que el año que viene hará el Mundial de nuevo en el Blusens Aprilia. Lo de coincidir es un decir, porque el catalán me dio una pasada que me quito las pegatinas. Así que es así como se rueda a ritmo mundialista… Imposible de seguir para cualquier mortal.
La siguiente moto a la que me subí fue a la R1 Extreme, de 200 CV para sólo 177 kilos de peso. ¡Una salvajada! Su aceleración es impresionante, tanto que en la recta de meta y en Dry Sack los ojos se te pegan al cogote y la recta se te acaba en un santiamén, se queda corta. Se me levantó la rueda delantera en tres ocasiones y, lejos de asustarme, mantuve con suavidad hasta que la rueda regresó al asfaltó para seguir con mi paseo. Que expresión tan acertada la de paseo… El buitre, que es uno de los mecánicos de esta bestia, me contó después que había pensado tomarme tiempos pero, en vista de lo despacio que iba, me dijo entre bromas que con el cronómetro no hubiera sido suficiente, que hubiera necesitado para ello un calendario… No le faltaba razón. Esta R1 es una moto de carreras en toda regla y, por lo que me dijo Óscar Pena, que ha probado también las Superbikes, no está tan lejos esta mecánica de las mundialistas. Otra cosa que llama la atención es su efectivísima frenada. Como iba con tanto margen de seguridad, después de retorcer el puño del acelerador frenaba cuando llegaba al cartel de 200 metros para la curva. Cuál era mi sorpresa que en más de una ocasión tuve que volver a dar gas para llegar a la curva, porque la frenada era tan radical que necesitaba muy poco espacio para hacerlo.
La última joya a la que me subí fue la Supersport de Rodri y es con la que más disfruté porque es la más parecida a lo que yo estoy acostumbrado. Sus 150 caballos empujan como un demonio, pero es más dócil en su entrega de potencia y su manejabilidad es fabulosa. Con ella llegué a sentir en alguna frenada el bailoteo de la rueda trasera, no como Schwantz en Hockenheim, pero sí que sentí que estaba viva.
La única amargura que me quedó es que no rocé con la rodilla en el asfalto, para lo que hubiera hecho falta que me descolgara más. Samu sí que lo hizo y es que, como podéis ver en las fotos, él tiene muy buenas maneras y nos asegura que, cuando deje la bici, correrá en moto.
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¿Sabéis que es lo mejor de todo? No es por dar envidia, pero tengo que decirlo: que un día como tan inolvidable como este de Jerez se considera trabajo y que me pagan por ello. Valgan jornadas así para redimirnos de otras tediosas, que también las hay, de largas esperas en los aeropuertos e interminables horas de vuelo.
PD: Tendré en cuenta lo del jamón para finales de 2009 con lo del Top 5 de MotoGP, lo que pasa es que, como dijo alguien, igual tocan los ganadores a sólo unas lonchas. Y mi explicación a la apuesta por Stoner es porque creo que él y Ducati tienen más de un título en la manga, porque la Desmosedici GP9 es aún mejor que la GP8 y porque me encanta ir contracorriente. Uves y Ráfagas para todos.