Comer con Reggiani, cenar en casa de Rossi y charlar con Kevin

Muchas veces nos preguntan a los que viajamos si nos da tiempo a conocer los sitios a los que vamos. Hubo una época en la que tuve más tiempo para ello, y también en la que conocía menos los sitios a los que recalaba la caravana mundialista, lo que estimulaba ese turismo. Pasado el tiempo, prima mucho más lo práctico que cualquier otra cosa dado que las jornadas de trabajo son largas. Por ejemplo, en el momento de escribir estas líneas son las 8:58 minutos de la mañana del sábado del GP de San Marino, a punto de que los pilotos salgan a la pista. Y cuando abandone el paddock para ir directamente al hotel, porque la noche previa de las carreras me tengo prohibido salir, para evitar liarla y estar así a tope a la hora de la verdad, serán alrededor de las diez de la noche. Esta vez igual es un poco más tarde, porque el equipo Gresini ofrece una fiesta en su hospitality a la que hay que acudir por cortesía, pero con la mirada puesta en el reloj.
Habrá a quien el parezca un soso, pero repito, hay que ser prácticos porque, aunque nos guste lo que hacemos, venimos a trabajar. Siempre digo que si fuera un periodista alemán que viajase a Madrid para cubrir un gran premio en el Jarama, procuraría hospedarme en San Sebastián de los Reyes, no en Alonso Martínez, cerca de los garitos en los que tan buenos ratos he pasado, y ni siquiera en las proximidades del Museo del Prado, para intentar visitarlo como turista. Algunos soléis decir que os da envidia mi trabajo, y lo entiendo porque se nota la pasión por las motos en vuestras palabras, pero también os puedo garantizar que a veces soy yo el que siente envidia de los muchos aficionados españoles que veo por cada circuito, con la familia o con amigos, pero sólo por pura diversión. Sin ir más lejos, en el avión que nos trajo de Madrid a Bolonia conocí a Juan Soto, uno de los blogueros habituales de este BOX34. Gracias por tus palabras.
Dicho todo esto, también os tengo que reconocer que hay sitios más especiales que otros y que, donde voy por vez primera, me las apaño para hacer algo de turismo. Por ejemplo, dentro de un par de semanas volamos por vez primera a Indianápolis, en Estados Unidos, y en vez de regresar a casa nada más terminar el gran premio, algunos nos quedaremos un par de días por allí para conocer Chicago. Me hace especial ilusión hacerme una foto junto a la estatua de Michael Jordan que hay en la cancha de los Bulls. Ya me hice una con él, de carne y hueso, cuando estuvo por vez primera en Valencia, pero esa estatua, simulando un mate, tiene magia. Y otro de los sitios especiales es este GP de Misano, porque en Italia siempre se está como en casa y porque he tenido la oportunidad de comer con el mítico Loris Reggiani en Forlí, su ciudad, y de cenar en casa de Valentino Rossi, en Tavullia.

Reggiani es el comentarista de la televisión italiana y un viejo rockero de las carreras con el que me cruzo apuestas en todos los grandes premios sobre los resultados que se van a dar. Vamos empatados, pero es gracias a que me ha ganado en las tres últimas citas. Eso no impidió que le llamara camino de Misano y que parara a comer con él. Así aprovechamos para que nos enseñara la nave en la que guarda las 17 motos con las que ha participado en el Mundial. Las últimas son dos Aprilia 400 con las que la marca de Noale desembarcó por vez primera en 500cc. Había también una Suzuki 500 y una Kawasaki 250, pero predominaban las Aprilia, marca a la que le dio en Misano su primera victoria mundialista en 1987. Fue con una AF1 250, para mí la joya de su museo, y me dejó subirme a ella.
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Ya sé que si no fuera periodista no habría tenido acceso a su nave, pero cualquiera que venga hasta Misano sí que lo puede tener a Tavullia, donde nada más entrar te das cuenta de que estás en el pueblo de Rossi. Sus calles lucen numerosos dorsales 46 y está forrada de amarillo por todas partes. Una de sus curvas se llama Rossifumi, la más complicada. Y también hay una pollería en la que se recuerda la coña del Pollo Osvaldo. Este año, además, han puesto en las señales de tráfico que limitan la velocidad a 50 km/h un dorsal 46 que obliga, simbólicamente, a reducir a 46 km/h la marcha. Y en los pasos de peatones se ha cambiado el peatón por el logotipo de Yamaha. No es un pueblo muy grande, pero es acogedor y de ello se encarga su gente, pero especialmente los miembros de Fan Club de Valentino. Está situado junto a la Osteria degli ultimi, un restaurante en el que se cena de maravilla y donde en ocasiones coincidimos con Rossi, y enfrente de la Paride’ s Pizza, un local absolutamente forrado con fotos del heptacampeón.
A todo el que pueda, le recomiendo que se plantee en el futuro una visita a este gran premio porque, aunque siendo la zona algo casposa, con hoteles cutres y un turismo playero al estilo Torremolinos de los años 70, tiene un ambiente especial. Y para mucho menos a corto plazo, la semana que viene concretamente, un paseo por Asturias para acudir a la Concentración Invernal Villa de Gijón, donde durante varios actos del fin de semana se homenajeará a Kevin Schwantz y al trialero Mike Andrews, con la presencia de ambos asegurada y varios actos en los que se incluye un coloquio con el tejano el viernes 5 de septiembre, a las 20:00, en el centro comercial Los Fresnos de Gijón (cuarta planta). Y a esto puede acudir todo aficionado que lo desee, sin necesidad de acreditaciones de ningún tipo. Tiene muy buena pinta, pero requiere un BOX34 propio que haremos en los próximos días. Hasta entonces, Uveeeeeeeeeeeeeeees y Ráfagaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas.
