La sequía continúa

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Por Tomás de Cos

La sequía continúa

Australia es un lugar hostil para los tenistas españoles. Más incluso que Wimbledon. Bastaría con preguntar por sus recuerdos a Manolo Santana y el resto de componentes del equipo español de Copa Davis de la década de los Sesenta por las finales de 1965 y 1967. O más recientemente, a Carlos Moyà y Arantxa Sánchez Vicario, finalistas del primer grande del año en 1997 y 1994 y 1995 respectivamente.

Rafa Nadal, para quien suscribe el mejor tenista de la historia de España, tampoco ha podido coronarse aún en Melbourne, en parte por culpa de las lesiones. Pero no hay duda de que la ubicación del torneo en el calendario, el intenso calor del verano austral y las condiciones de la superficie de juego no han sido propicias casi nunca para nuestras brillantes raquetas. Diríamos incluso que éstas conceden un mérito extra al vencedor.

Y 2008 tampoco ha sido una excepción. Un apasionante duelo fraticida en cuartos de final entre Ferrer y Ferrero restaba muchas opciones y condenaba el enorme torneo realizado hasta ese momento por el ex número uno valenciano, empeñado en volver a estar con los mejores. Luego apareció Djokovic para eliminar a Ferrer y demostrar que en su paso por la Copa Masters de Shanghai fue una simple imitación de sí mismo forzada por el cansancio. Y en la penúltima ronda, el francés de origen congoleño Jo-Wilfred Tsonga, amargó el día a Rafa Nadal a trallazo limpio.

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Un resultado incontestable (6-2, 6-3, 6-2) ante el que no cabe otra posibilidad que la de reconocer con elegancia la superioridad del rival. Chapeau por el de Le Mans que demostró ser mucho más que un simple sacador. Dominó a Nadal desde el fondo de la pista, lo que ya es decir mucho, y jugó con una gran agresividad de principio a fin. Por momentos el español sintió en sus carnes la frustración y la impotencia que experimenta en el recreo cualquier chaval acosado por otro dos tallas más grande.

El `Muhammad Ali` del tenis ha alborotado el patio en un día señalado y ha provocado que se disparen los comentarios acerca de su poderío físico. Ya mete miedo, aunque ni Federer ni Djokovic piensen aún en él.