Rafa Nadal camina firme hacia la final
Por Tomás de Cos
El prodigio del Cola-Cao cerró de un portazo la puerta de la sorpresa. Su empeño en coquetear también con el primer Grand Slam del año, otra de las novias de Federer, volvió a quedar patente en su duelo de cuartos de final frente al correoso finlandés Jarkko Nieminen. En tres sets, 7-5, 6-3 y 6-1, el balear le envió a hacer las maletas al hotel tras dos horas y veinte minutos. A falta de lo que pueda hacer Ferrer , el de Manacor es el único español en la penúltima ronda del torneo –su mejor resultado en Australia- y se medirá con el ganador del encuentro entre el francés Jo-Wilfred Tsonga y el ruso Mikhail Youzhny.
De nada le sirvió a Nieminen la buena imagen ofrecida en los primeros juegos del encuentro. La potencia de sus golpes se fue diluyendo a medida que Rafa entraba en calor y le cogía la temperatura a los durísimos intercambios. El finlandés no aprovechó la pelota de break de que dispuso en el octavo juego (4-4) y asistió impotente a la reacción del español con dos bolas de set en contra en el décimo (5-5). Ante los grandes no se puede perdonar y acabó pagándolo caro. Porque desde ese mismo momento Nadal supo que el partido no se le escaparía. Y su fe resulta normalmente tan inquebrantable como sus piernas y su espíritu combativo. El número dos encadenó tres juegos consecutivos, del 5-4 al 5-7 para cerrar el primer asalto y comunicarle a su rival que se había terminado su tímido dominio de los primeros juegos.
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Ahí se acabó el partido, prolongado para cumplir con el formato del torneo con un cómodo 6-3 y 6-1 a favor de Nadal. El habitual apretar de dientes del español al comienzo de cada set fue suficiente para decantarlo y dedicarse a administrar dicha ventaja.
El mejor tenista español de la historia, sin duda lo es por la cantidad de títulos que adornan su palmarés, está a un pasito de alcanzar la final de otro grande. Tsonga o Youzhny son los únicos que pueden impedírselo. Pero con la seguridad transmitida esta madrugada no debe haber motivos para la desconfianza a pesar de lo sucedido recientemente en la final de Chennai (India). Nadal ha vuelto a cerrar el puño y marcar bíceps. Y camina con la cabeza alta por Melbourne. Razones para ello no le faltan.