El señor de la tierra (batida)
Tomás de Cos
Nadal continúa imparable. El 'frontón' Cañas acabó resquebrajado y exhausto la final del Godó. Rafa también pudo con el tenista con el perfil más parecido al suyo. A pesar de mostrar su mejor versión y jugar a un ritmo endiablado desde el primer juego (en el que dispuso de dos bolas de ‘break’ que seguro no olvidará), el renacido Willy se convirtió en la enésima víctima del 'prodigio del Cola-Cao'. El mallorquín lució su tercer título consecutivo en casa -el Real Club de Tenis Barcelona es su club-, igualó la marca de títulos consecutivos de Mats Wilander (1982, 83 y 84) y sumó la estratosférica septuagésimo segunda victoria sobre tierra batida. ¿Alguien da más?
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El triunfo resultó extraordinario por la dificultad que entrañaba el rival, su notable superioridad y porque le confirma como el mejor del año. Un extraño privilegio en la era Federer que hacía especial ilusión al balear. Porque pese a su naturalidad y su estratégica modestia, Nadal está en todos los detalles y su ambición es insaciable. El dato no por anecdótico está desnudo de significado. Es un aviso en toda regla. Tan temible como el mayor de los mazazos que Rafa regala a sus oponentes.
Es sabido que en el deporte de la raqueta raramente no gana el mejor. Y más allá del evidente aval que suponen los resultados, Nadal es cada día un tenista más completo y versátil. Un anuncio de uno de sus patrocinadores refleja a la perfección la 'insoportable' capacidad del mallorquín para meter siempre una bola más en el campo contrario. Pero en 2007 Nadal ha dado un paso de gigante. Su servicio, aún en evolución, ha ganado enteros y ha mejorado la volea y el revés cortado.
Además, sin perder un ápice de su brillante defensa y contraataque, de su madurez en los momentos decisivos o de la facilidad que posee para presionar al resto, su tenis es ahora más agresivo y potente. Comienza a encontrarle el gusto a ser él quien lleva la voz cantante.
Sus recursos crecen en paralelo a la confianza que tiene en sí mismo y al miedo escénico que genera en sus rivales. Y su tenacidad y sacrificio elevan a la enésima potencia su capacidad de mejora. La temporada sobre polvo de ladrillo acaba de comenzar pero Nadal defiende con celo sus dominios. El señor de la tierra ya ha emprendido viaje hacia París.