Nadal agranda su leyenda

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Tomás de Cos

El mejor jugador del mundo sobre tierra batida volvió a reivindicarse sobre la pista central del Montecarlo Country Club. Rafa Nadal firmó un partido impecable, uno más en el principado monaguesco, ante el hombre que mejor tenis practica en la tierra. Con un doble 6-4 amarró su tercer título en el tercer Masters Series de la temporada.

La historia volvía a repetirse. Federer fruncía el ceño y torcía el gesto. Incómodo, molesto, impotente. Desde hace ya dos temporadas el suizo tiende a mostrar su lado humano frente al mallorquín, el único con la solidez mental y las piernas suficientes para hacerle desesperar. Al menos sobre tierra batida, donde el tenis cobra apellido español y se vuelve duro y despiadado con los jugadores acostumbrados a las superficies rápidas.

Ganó el favorito, el más consistente en una superficie tan exigente, donde el ‘spanish bull’ se convierte en frontón y en la que ‘Mr Perfecto’ necesita encadenar tres y cuatro golpes ganadores para cerrar cada punto. Algo a lo que no está acostumbrado y a lo que difícilmente se adaptará nunca porque su supremacía técnica lo hace innecesario. Entonces llegan las prisas, la precipitación y la impaciencia, que se convierte en su eterno verdugo frente al español.

El partido comenzó igualado, con un Federer con las ideas claras y mostrando su mejor versión. Incluso con el empate a tres del primer set tuvo la oportunidad para quebrar el mejorado saque de Nadal. Pero no fue capaz. Y el zurdo de golpes ultra liftados tiró de carácter para aprovechar el bajón moral del helvético, que no aguantó la presión y regaló el juego con el 4-4, y finiquitar la manga por seis juegos a cuatro. Ante Nadal las imprudencias se pagan muy caras.

El español siguió siendo fiel a sí mismo, golpeando largo y con bolas muy pesadas que mantenían lejos de la línea de fondo a Federer. Y corriendo como un gladiador cuando las cosas se ponían feas por los zarpazos desesperados de su rival. Federer y Nadal se llevan bien y tienen buen rollo, pero el primero tiene una herida sangrante en su ego a causa del negativo balance de los duelos particulares con el segundo (3 victorias y 7 derrotas). Así lo refleja su cara y su exceso de ansiedad cada vez que coinciden en la pista.

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Ningún otro jugador es capaz de meter tantas bolas seguidas, con tanto efecto y desde posiciones defensivas tan inverosímiles como el español. Nadal cansa a sus presas - física y mentalmente- antes de darles el estocazo final. Se vuelve “insoportable”. Entonces aparecen las dobles faltas y los errores no forzados fruto de la improvisación. Incluso en Federer, que cedió el saque en el tercer juego del segundo set y ya no supo ni pudo reaccionar. El rocoso juego de Nadal siguió inmutable, anulando cualquier intento de reacción.

‘Mr Perfecto’ levantó dos bolas de partido pero no pudo con la tercera. Nadal, que volvía a arrodillarse sobre la arcilla en señal de victoria, agranda su leyenda sobre tierra batida, donde nadie le ha ganado un partido desde el 8 abril 2005.