Por primera vez se guardaron las zapatillas
Hasta ahora las Crocs simplemente salían de la maleta para ir hasta la ducha, pero en esta ocasión también me acompañaron durante los paseos por el vivac de Bisha.


Son muchas las cosas que he ido cambiando o a las que me he ido adaptando desde mi primer Dakar hasta ahora. Lo que nunca he conseguido todavía es rebajar el peso de una maleta que siempre suele ser la más pesada de toda la Prensa española. Pero al menos de momento, no he tenido que echar nada de menos. Lo que sí podía añorar hace un tiempo eran los buenos desayunos o los pantalones cortos en jornadas de altas temperaturas, pero ni siquiera eso sigue siendo un problema. Mientras que la última barrera que me quedaba por romper a nivel de practicidad en el vivac, también ha llegado como una especie de rendición al confort absoluto.
Después de varios campamentos con el frío como protagonista volvió el buen tiempo. Y después de dos semanas donde, como de costumbre, las Crocs simplemente salían de la maleta para ir hasta la ducha, en esta ocasión también me acompañaron durante los paseos por el vivac. Los casi 30 grados en Bisha me parecieron suficientes como para guardar las zapatillas. Quién me iba a decir que en el rally más duro del mundo acabaría agradeciendo algo tan simple como unos agujeros de plástico que hicieron el calor más llevadero. A diferencia de El Canto del Loco, a mí no me miraron mal al pasar; porque después de cuatro años aquí te acabas sintiendo como en casa y descubres que ir en chanclas, no es solo cosa de guiris.
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