Pendientes de un reloj
El día comenzó pendientes de una alarma que sonaba a las 4:55 para regresar a Yanbu y por la tarde, Nani convirtió las 16:47 en nuestra nueva hora de referencia.


El día comenzó pendientes de un reloj que sonaba a las 4:55 para levantarnos y regresar a Yanbu. En ese momento pensábamos que ese despertador marcaría el único momento del día en el que estaríamos pendientes del tiempo. Pero lo que no sabíamos era lo que preparaba el Dakar. Por el camino bromeábamos una y otra vez con que que si Nasser Al Attiyah había sido el único piloto capaz de sobrevivir al infortunio, en esta duodécima etapa le tocaría a él sufrir. Sin embargo, la cruz de la moneda llegó para un Nani Roma que sufrió, nos hizo sufrir, pero dejó uno de los momentos más emotivos de la edición.
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Sin ni siquiera darnos cuenta volvíamos a estar enfrente de un reloj; en esta ocasión mucho más grande para no dejar lugar a duda. Por la tarde nuestra hora de referencia fue unas 16:47 sobre las que activamos la cuenta atrás cerca de 20 minutos antes. Y la expectación en la llegada al vivac por parte de la Prensa española fue máxima. A través del mapa de la organización hicimos cábalas y seguimos la ruta del Ford, hasta que apareció Roma a la estela de una Laia Sanz que salvó su Dakar. Se escaparon lágrimas de emoción, pero también de agradecimiento y fortuna por vivir la parte más pura de esta carrera. Salvo sorpresa no habrá victoria española este año en la categoría reina, pero sí un momento de esos que se graban para siempre. Poder estar ahí ha sido una suerte.
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