Arena y viento de cara
Lo único que me preocupaba era no tener sabor a tierra todo el día en la boca y que una vez clavase la tienda, no debiera estar pendiente de verla volando por los aires.


A nivel de carrera volvimos a tener viento de cara, en otro de esos días donde los favoritos salvaron sus papeletas. Pero a nivel de cobertura el viento de cara no hacía referencia a una situación favorable; sino a rachas que hacían casi imposible nuestra instalación en el vivac. Llegamos algo más tarde que de costumbre, a un campamento del que todavía no he aprendido a pronunciar su nombre (Wadi Ad Dawasir); pero eso era lo de menos. Lo único que me preocupaba era no tener sabor a tierra todo el día en la boca y que una vez clavase la tienda, no debiera estar pendiente de verla volando por los aires.
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Después de algunos días sobre asfalto, ya era casualidad que justo en el campamento con más arena que hemos visitado hasta ahora lleguen las rachas de viento; que además se incrementaran para nuestro segundo día en el vivac. Pero a fin de cuentas esto son riesgos que asumes cuando vas a la aventura, por mucho que tan solo un año atrás rezases durante cinco noches seguidas para no volver a vivir una situación así. No por delicadeza, sino por practicidad. Porque cada paseo para buscar a los protagonistas cuesta el doble; aunque no parece para tanto cuando suena Supersubmarina.
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