Fórmula 1 | La intrahistoria

"Llame a los padres del chico..."

Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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Hasta este febrero, dos graves accidentes cruzaban el currículo de Robert Kubica: el de 2003, cuando iba de acompañante en el coche de un amigo, y el escalofriante de 2007 en el Gran Premio de Canadá (a 280 km/h). El domingo, en el rally Ronde di Andora, sufrió el tercero. Allí, en Pietra Ligure, lleva ingresado una semana. El riesgo ("hay una diferencia entre quienes pilotan al 80% y quienes lo hacen al 95%; ese 15% es la capacidad y motivación que surgen de uno mismo", dice el polaco) y el asfalto mojado hicieron que Kubica perdiera el control de su Skoda Fabia. Resultado: chocó brutalmente con el muro de una iglesia y salió vivo pese a que el coche fue crucificado por el guardarraíl. Hablan de milagro. Y más aún al saber de las siete horas de intervención, del coma inducido, de la UCI, de la nueva e interminable operación de ayer (nueve horas: pierna, brazo y clavícula) y de las que vendrán. En definitiva, del delicadísimo estado en el que ingresó en el hospital Santa Corona. La gravedad reina en las palabras de su agente, Daniele Morelli: "Al llegar al hospital sólo tenía un litro de sangre. 'Llame a los padres del chico', me dijeron los doctores. Sentí un escalofrío por la espalda". Un dato: un adulto suele tener unos cinco litros de sangre. ¿Milagro? Sólo sabemos que chocó con el muro de una iglesia y que fue crucificado por un guardarraíl...

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