Raids | Lisboa - Dakar 2007

El irónico tarareo francés del 'Viva España'

En puertas del Dakar.

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La aventura ha llegado al principio del fin. Tambacounda ha desaparecido dejando paso a la locura de la ciudad más caótica que conozco. Dakar se muestra de noche en todo su dramático esplendor, con el aeropuerto repleto de gente que se agolpa en las puertas intentando encontrar aquello que buscan y que, probablemente, ni siquiera ellos conozcan. El vuelo, en el avión de los españoles, fue realmente agotador, casi dos horas volando sin aire acondicionado y a veces sin luz, hacinados y rodeados. Algunos franceses tararean el socorrido 'Viva España' con evidente ironía. Al fin, Dakar.

Conseguir un taxi en esta ciudad es una empresa casi tan complicada como llegar desde Lisboa en moto y sin mecánico, el verdadero Dakar. Unos y otros se gritan en un extraño idioma que suma causas a un terrible dolor de cabeza. Los taxis son amarillos y negros, llenos de golpes y abolladuras por todas partes, sin radio y algunos hasta con la carrocería unida con cinta americana. Cuando parece que la aventura ha terminado, empieza la aventura. Finalmente el Novotel aparece ante mis ojos como una aparición de agua limpia, ducha eterna y cama en la que poder dormir. Me despierta el amanecer de Dakar y el mar saluda desde la habitación del hotel con la bruma africana acariciando el agua del Atlántico. Después, en Le Meridien, la tienda de campaña donde he trabajado estos días se convierte en una majestuosa sala de prensa. El sol está cubierto de nubes. Los pilotos llegan y la alegría de otros años se convierte en tristeza, se echa en falta la sonrisa del Noi de Aviá. Marc Coma llegó a este, su sitio, con la espalda y el cuello rígidos y el gesto amargo, como esta carrera. Ha fallecido un piloto de motos se escucha, y la muerte entra en el alma congelándome la tristeza.

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