Marc Coma volverá con su eterna sonrisa

Una de las peores cosas que hay en esta vida es ver llorar a quien se quiere. Posiblemente Marc Coma no sea mi amigo, me refiero a esos con los que vas al cine y compartes momentos. Pero nos tenemos un gran aprecio y respeto mutuo y cuando falleció mi padre el 10 de octubre del pasado año, este catalán noble habló conmigo para darme ánimos. Desde entonces, aún más si es posible, le llevo en el corazón. Eso fue una señal como la de un hermano.
Ayer, este caballero templario del siglo XXI lloraba al contar a los periodistas cómo se le acabó este sueño, daba las gracias a todos por su ayuda y se emocionaba al recibir el aliento de quien les escribe. La noticia llegó cuando un pequeño grupo de periodistas nos encontrábamos en la escuela más pobre de este miserable lugar de Senegal, aquélla a la que sólo van los hijos de los campesinos. Llevamos a los niños material escolar, algo de ropa y cuanto pudimos, y ellos nos ofrecieron sus palabras, sus sonrisas y su agradecimiento, una vez más. Quieren hacer una valla que proteja el recinto para que los niños no sufran accidentes en sus juegos en esta Ecole Tamba Socé.
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Hay tres barracones, con un pequeño patio de arena y dos habitaciones para los profesores, con pequeñas mesas de madera y sillas donde apenas caben los niños. Ellos nos dan la dirección por si les podemos enviar ayuda. Los niños cantan y ríen, pero la visita acaba de manera feroz.
Una llamada alerta de que Marc ha sufrido una caída, se cancela la fiesta prevista que vivía en el pensamiento y el sonido de la risa se rompe con el silencio como un trueno. C?est le Dakar patron. Mientras escribo estas líneas Marquitos ya está en Dakar. Pronto volverá, aunque hoy la vida le haya dejado seca su eterna sonrisa.