El chico de la eterna sonrisa
Comenzó a montar en moto con ocho años por la afición de su padre, triunfó en el enduro pero siempre tuvo claro que su sueño era el Dakar.

Ha experimentado lo que sucede cuando se logra un sueño, algo tan difícil de explicar que se parece a la nada, pero es la mejor sensación de cuantas pueden llegar a poseerse. Marc Coma ganó ayer la carrera más dura y bonita del mundo y al fin sonrió. Este catalán de 29 años sigue viviendo en el mismo lugar donde nació, una localidad barcelonesa de unos 2.000 habitantes llamada Aviá.
Su afición a las motos le llega de su padre, Ricard. Llegó a ser quinto en el campeonato de España de motocross y un día apareció por su casa una Montesa Cota 348 con la que Marc empezó a montar con ocho años. Después tuvo su primera moto, una Puch Cobra de 74cc y más tarde, gracias a las buenas notas que sacaba le permitieron subirse en una Honda CR de motocross. Ya empezó a soñar.
Los circuitos de motocross no le sedujeron y se pasó al enduro donde fue campeón nacional júnior, del mundo Sub-23 y otros éxitos, pero desde hacía mucho tiempo su corazón y su mente apuntaban hacía un territorio del que se enamoraría casi tanto como de su amada Queralt: África. En 2002, Carlos Sotelo, que llegó a pisar el podio en el Dakar, le ofreció su gran oportunidad en el desierto. Participó con una CSV de motor Suzuki en el Arras-Madrid-Dakar, pero no acabó.
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Al año siguiente ya estaba en el equipo Repsol-KTM con Nani Roma e Isidro Esteve. Fue undécimo. Ya en 2004 fue el mochilero de Roma, del que tanto ha aprendido y a quien tanto agradece. A falta de cinco etapas sufrió una caída, perdió la conciencia y tuvo que retirarse, aunque sin lesiones graves. Pero ese año fue el de su confirmación: ganó la Baja Aragón y participó en muchos raids del Mundial y dejó muestras de su clase en el Dakar.
En 2005 fue subcampeón de la prueba, pese a que las muertes de Meoni y 'El Carni' le dejaron sin fuerzas en el corazón. Éste era su año y el chico de la sonrisa eterna no ha desaprovechado la oportunidad que le ofrecía la vida. Felicidades campeón.