Ingenio para poder hablar con España

Están a poco más de cincuenta metros. Son cientos. No sé lo que quieren, pero es probable que no deseen únicamente conocer la caravana del Dakar. En Labe (Guinea), donde el desierto ha desaparecido y África nos enseña la selva, los soldados no dejan que el resto de personas se acerquen a la caravana de la carrera que les visita por primera vez desde hace años. La sensación que ofrecen estas gentes es de calor, hay música en las calles y han aparecido los mercados de extraños objetos fabricados con marfil y ébano.
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De pronto surgen más militares, más grandes y armados por todo el cuerpo, junto a un séquito de mujeres a unas joyas pegadas, con ropas lujosas y entre todos un hombre de impecable túnica blanca. Dicen que es el presidente del país. Le saludo y en español le digo que espero que algún día su pueblo esté tan limpio como él. Él me da las gracias en perfecto francés...
En cualquier caso, este país de árboles gigantescos parece menos pobre que los anteriores. Las sensaciones a veces no se corresponden con la realidad. Un grupo de cooperantes nos dice que la pobreza también es extrema en Guinea. Con el calor, el agua mineral que nos da la organización se convierte en consomé. Aquí no hay cobertura de móvil, pero me las ingenié para hablar con mi familia y cumplir con el desafío de cada uno de estos días, hablar para millones de personas en la SER, intentar hacerles llegar todo lo que de mágico y excepcional tiene esta carrera única. Aunque a veces también parece un milagro hacerlo desde estos recónditos parajes.