La felicidad en una sonrisa
La niebla matinal retrasó la salida de los aviones y propició un improvisado partido de fútbol: los franceses contra el resto del mundo. Y esta vez ser los organizadores no les sirvió de nada...

Tiene los ojos como estrellas, el pelo repleto de olas negras y la suerte de que su familia vende artesanía marroquí. Esta niña de ocho años se llama Fátima y su función en la vida consiste en dejarse decorar las manos y los brazos con henna para que los turistas puedan ver el efecto de este adorno de estas tierras áridas.
Eso y sonreír como si fuera la niña más feliz del mundo, sólo porque hay un periodista de un lejano lugar llamado Madrid que quiere hacerse una foto con ella y promete enviársela por correo a su madre. Hasta Tan Tan llega la brisa de mar y el viento amenaza la noche, aunque no se espera el frío que cortaba la piel y entraba en el alma como el metal en la mantequilla caliente. En Ouarzazate pude comprobar que las duchas siguen existiendo y la ropa interior que compré en el aeropuerto sirvió para sentirme más limpio.
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Desde España llegan buenas noticias, todos mis vecinos escuchan la SER para comprobar que es verdad que el hijo de Manolo, el del bar, cuenta cosas que pasan en mundos extraños. Y por supuesto el AS no puede comprarse en Valdemorillo a partir de las nueve de cada mañana, porque se agota incluso antes de que llegue esa temprana hora. Estoy bien, pese a todo, y con la suerte de recibir mensajes y correos electrónicos de gente que me ofrece su ayuda. Además, mi maleta ya está en Madrid, en la Redacción del periódico y me la traerán pronto.
Ayer comí con Marc Coma. Este chico tiene la magia de los grandes y cada vez que le veo me dan ganas de darle un abrazo y decirle que venga, que mucho ánimo, que puede ganar. El día comenzó con retraso en el avión hasta Tan Tan por la niebla y los periodistas montamos un partido de fútbol con un balón que ha traído Paolo, de 'La Gazzeta', los latinos (españoles, italianos y brasileños) contra los franceses. Ganó el arte.