
GreedFall: The Dying World
Review
Análisis de Greedfall: The Dying World, un RPG que consolida a Spiders en un momento crítico
Greedfall: The Dying World confirma que Spiders, inspirándose en Larian y BioWare, firma un RPG sólido en lo jugable y en el roleo, aunque con cambios que pueden hacerle perder parte de su identidad original.
Los franceses de Spiders llevan años siendo uno de los estudios más prometedores en el terreno del doble A. Juegos como Of Orcs & Men, Bound by Flame o The Technomancer dejaban adivinar que, tras sus imperfecciones -que en algunos casos no eran pocas-, se escondía un equipo con talento e ideas propias. Solo les faltaba la capacidad material -presupuesto, un grupo de trabajo más amplio- para plasmar con acierto esa identidad propia de la que sin duda presumían. La gran oportunidad llegó con Greedfall, y la aprovecharon, ofreciendo un ARPG con, esta vez sí, más aciertos que errores, representando una base más que interesante sobre la que construir. Ahora recibimos Greedfall: The Dying World, una precuela de aquel que da un giro de 180 grados en muchos de sus planteamientos jugables.
Lo hace inspirándose en algunos de los mejores juegos de rol de corte clásico de las últimas dos décadas, especialmente en aquellos a cargo de dos estudios que han demostrado mayor talento en estas lides: Larian Studios y Bioware. Cuando te fijas en los mejores, muy mal se te tiene que dar para no crear un buen juego... aunque por el camino pierdas aquello que te hacía especial.

Greedfall: The Dying World se ambienta solo tres años antes del original, que nos ofrecía una visión originalísima del descubrimiento del Nuevo Mundo. En esta ocasión viajamos a la isla de Teer Fradee, cuyos habitantes parecen inmunes a la epidemia de la Malichor, y he aquí la primera novedad, ya que el juego está protagonizado por uno de ellos. De lo que el juego no deja lugar a dudas es de que cuenta con una ambientación y apartado artístico con muchísima personalidad, y su presupuesto de AA no consigue deslucir el resultado visual por mucho que no brille como en otras grandes producciones.
Como decíamos antes, Spiders se ha inspirado en el rol más clásico, lo que conlleva un editor de personajes bastante completo y la capacidad de personalizarlo a nuestro gusto a medida que transcurre la aventura. Además de la clase inicial, es posible aprender nuevas habilidades y perks pasivas para centrarse en el sigilo -resuelto de manera regular-, la diplomacia o la supervivencia.
Una de las características que sí brillan con luz propia en Greedfall: The Dying World es el ROLEO, el de verdad, el que te permite ser prácticamente quien quieras ser, y llevar a cabo las misiones de la manera que prefieras dentro de unos límites lógicos. Spiders lo hace con acierto, y además con las correspondientes consecuencias a nuestros actos, haciendo que podamos enemistarnos con algunas facciones concretas. De esta forma, si intentamos acceder a una zona específica de una ciudad controlada por una facción hostil, cualquiera de sus miembros nos atacará sin preguntar. Esto obligará, en caso de que no estemos preparados para el combate, a hacer gala de nuestras habilidades para pasar desapercibidos o para la conversación.

Eso sí, aunque no hay una sola manera de completar cada misión, Spiders tira un capote a los jugadores menos pacientes plasmando en el mapa el objetivo a seguir. Es algo de lo que Larian prescindió en la saga Divinity y que sí incluyó en Baldur’s Gate III, aunque tenía un sentido desde el punto de vista narrativo: si aparecía un marcador en el mapa es porque habíamos obtenido esa información previamente. En este caso ese punto aparece de manera artificial, lo que puede restar inmersión a los jugadores más avezados, aunque no dejamos de hablar de un detalle que muchos considerarán baladí.
El sistema de combate es el mayor cambio respecto al original
Greedfall era básicamente un ARPG, pero en Greedfall: The Dying World encontramos no una, ni dos, sino hasta tres alternativas para el combate: Táctico, Concentración, e Híbrido. Los más veteranos disfrutarán sin duda con el primero, con una mayor cantidad de posibilidades en la pausa táctica, incluyendo la de manejar todas y cada una de las acciones de nuestros compañeros, y principalmente, el que Spiders ha elegido como principal.
Por otro lado, Concentración es ideal para aquellos que no quieran romperse la cabeza o simplemente, no crean en el combate como el elemento principal de un RPG, algo que no es en absoluto descabellado. Juegos como Undertale o Disco Elysium así lo han demostrado. Este modo nos deja al mando únicamente del personaje principal, una opción que no es mala ya que la IA de los aliados funciona de manera solvente. Como podemos imaginar, Híbrido es una combinación de ambos, dando todos ellos, en definitiva, un sistema claramente inspirado en la saga Dragon Age -exceptuando The Veilguard, obviamente-. Además, si creemos que el combate va a ser inevitable, y aprovechamos nuestras dotes de sigilo, podemos situar a cada uno de los miembros del grupo en una posición ventajosa, ya que es posible controlar a cada uno de ellos por separado sin estar necesariamente enfrascados en la batalla.

Spiders logra un buen resultado con los recursos suficientes
Era evidente que en cuanto este estudio parisino tuviera la capacidad de recursos para hacer un buen RPG, lo iba a conseguir. Ya lo hicieron con Greedfall, de hecho, y lo logran de nuevo con Greedfall: The Dying World. Sus opciones gráficas son las ya consabidas que priorizan el rendimiento o la calidad visual, y tenemos que recomendar encarecidamente esta segunda, ya que no se trata de un juego que necesite correr a 60 fps. Por contra, sí cuenta con un mundo lo suficientemente bonito para que queramos dar prioridad a la resolución. La variedad de escenarios y lo que el juego ya de por sí incentiva la exploración lo convierten en un disfrute visual sin que sea algo esplendoroso digno de un AAA.
Un estudio prometedor ante un momento decisivo en su trayectoria
Aunque no tiene nada que ver con la calidad del título, la cual es notable, hay que hablar por desgracia de la situación de Spiders. Su publisher, Nacon, se encuentra actualmente en estado de insolvencia. Su empresa matriz, BigBen Interactive, incumplió el pago de un préstamo tras el rechazo de un plan de financiación de 43 millones de euros. Como consecuencia, todos sus estudios se encuentran en peligro, y no solo hablamos de Spiders, sino también de Cyanide (Styx, Tour de France) o Kylotonn (WRC). Así, el futuro depende de si Nacon consigue acordar un plan de rescate y refinanciación.
Conclusión
Greedfall: The Dying World consolida la saga para Spiders, aunque no la fórmula jugable. Al contrario que el juego original, lo que esta precuela nos ofrece es una amalgama de mecánicas prestadas de otros juegos, eso sí, referentes del género. De esta manera, el estudio francés logra un juego con muchísima personalidad en cuanto a ambientación, pero que pierde parte del encanto que tenían algunos de sus títulos anteriores. Dicho sea de paso, parte de ese encanto provenía de varias imperfecciones, así que para no pocos jugadores, esto se tratará de una buena noticia. Sin embargo, para otros tantos será motivo de disgusto el hecho de que los galos hayan decidido inspirarse tanto en RPG importantísimos en lugar de seguir su propio camino. Sea como sea, Greedfall: The Dying World es un juego muy recomendable tanto para fans del género como para quienes disfrutaran de la primera entrega.
Lo mejor
- Ambientación con mucha personalidad y entornos artísticamente bonitos.
- Sistemas roleros profundos para el disfrute de los fans del RPG clásico.
- Buena banda sonora y doblaje convincente, incluso al idioma nativo creado específicamente para la saga.
- Toma prestados elementos jugables, como el combate, de algunos de los grandes del género: Baldur's Gate III, Dragon Age, etc...
Lo peor
- ... aunque eso implica que por el camino pierde algunas de las señas de identidad del estudio Spiders.
- Algunos bugs puntuales, típicos de una producción AA.
- Las primeras horas pueden ser especialmente tediosas, algo que casi es inherente al rol clásico.
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