Narita Boy
Narita Boy
Carátula de Narita Boy

Narita Boy, análisis. Los [felices] años ochenta

El título desarrollado por los españoles Studio Koba sobresale por su estética y por la solidez de un producto que se siente muy bien como juego.

La época de los ochenta es una era que se recuerda con cariño, pero no sería así de no ser por las creaciones culturales que se gestaron durante esos años. Su particular estética, sus símbolos y la idealización que se ha esbozado de aquellos años contribuye a la construcción de un imaginario colectivo compartido incluso por las personas que no nacieron hasta tiempo después —en algunos casos, mucho tiempo después—. Para la industria del videojuego, representa un momento de ebullición, con la expansión de las consolas y de los microordenadores domésticos; los salones recreativos, por su parte, recibían cientos de visitantes, que gastaban sus monedas o se limitaban a quemar la mirada mientras veían jugar a los demás. Narita Boy, la nueva producción de Studio Koba, sirve como homenaje a toda una época. Y como en todo homenaje, la nostalgia se respira en cada una de las fases del videojuego, que bien merece la atención que ha recibido.

Narita Boy es un juego de acción y plataformas en dos dimensiones que se desarrolla en scroll lateral. Se nutre de los clásicos del género para bosquejar su estructura metroidvania, todo ello aderezado por una estética pixel art y una impresionante banda sonora que nos retrotrae, valga la redundancia, al retrofuturismo de los ochenta. Tanto el protagonista como los NPCs, así como los enemigos, lucen sprites de tamaño generoso, perfilados con gran gusto. Lo que más llama la atención es lo bien que se mueven, la suavidad de las animaciones y el espectacular despliegue de efectos que se activa a su alrededor.

Studio Koba ha tratado de dar variedad a los escenarios, que representan lugares de la vida real (un bosque, un desierto, una ciudad, etc.), pero pasados por la turmix de lo retro. Dentro de los recuerdos del creador, se suceden distintas estampas de un Japón que mezcla lo tradicional con la estética más ochentera.

Un héroe en el reino digital

La historia de Narita Boy acompaña al protagonista (de igual nombre) durante toda la aventura, aunque no deja de ser una excusa para seguir avanzando a lo largo de los distintos escenarios. Regresamos a los ochenta, cuando El Creador presenta su consola, la exitosa Narita One. De todos los juegos, Narita Boy es el título que más se ha vendido, aquel que lleva al jugador a blandir la Techno-sword para librar al reino digital de las huestes de enemigos.

¿Alguna vez has pensado en lo que ocurre dentro de los juegos, lo que esconden las miles de líneas de código compiladas en en el cartucho? En el universo diseñado por Studio Koba, el código binario cobra vida y conecta lo digital con la realidad. Him, el antagonista del videojuego, ha regresado con el fin de borrar los recuerdos de El Creador. Alertada por lo que está sucediendo entre los chips del cartucho, Motherboard activa el protocolo Narita Boy y llama a su héroe digital. Solo él podrá derrotar a Him y a sus vasallos, los peligrosos Stallions, al tiempo que libera la Memoria del Creador.Todo esto se ha integrado de manera que podemos acceder a los recuerdos de esta persona, por lo que revivimos su vida desde la infancia hasta su período de adultez. Descubrimos sus motivaciones, los golpes que le ha dado la vida y cómo ha reaccionado a ellos.

La nueva producción del estudio barcelonés se apoya en tres pilares principales: la acción, las plataformas y la estructura metroidvania. Decíamos que las animaciones son muy fluidas, algo que sin duda contribuye a apuntalar las buenas sensaciones que nos deja a los mandos. El movimiento en combate se percibe preciso y rápido, un aspecto esencial para este tipo de juegos, ya que las luchas se desarrollan a velocidad eléctrica, no solo por los efectos lumínicos que parpadean en pantalla, sino también por los movimientos que hay que realizar para atacar, hacer dash o romper la defensa de los enemigos con escudo protección.

Combatir, saltar, buscar

La lista de ataques se aprende progresivamente y va a aportando capas de complejidad al sistema, aunque quizá peque de demasiado simple. Hay algunas transformaciones que solo se aprovechan en momentos muy puntuales (como el Narita gigante, por ejemplo) y cierto caos cuando un buen puñado de monstruos aparece al mismo tiempo. Narita Boy maneja su espada y dispone de una parrilla de ataques de arma blanca, tanto en el suelo como en el aire, pero su espada también puede lanzar un escopetazo o escupir un cañón de energía cuando tenemos balas suficientes en la recámara (se recargan con el tiempo o mediante una habilidad).

Lo que sí es interesante es que el juego no deja de introducir a nuevos tipos de enemigos, cada uno de ellos con sus patrones específicos, fortalezas y debilidades. Durante las partidas, el equilibrio entre combate y exploración está bien medido, pese a que en ocasiones se abuse de las oleadas de enemigos. De hecho, las pocas veces que hemos sufrido varias muertes en una misma sección se han producido en esas situaciones. Los jefes finales, bastante numerosos, no nos han puesto las cosas tan difíciles. Se percibe el mimo que Studio Koba ha puesto en tratar de ofrecer bosses interesantes y variados, aunque a nuestro juicio les falta un punto para alcanzar la excelencia.

Los videojuegos de este género suelen sazonarse con un elemento más: la dificultad. Pero ¿quién dice que los metroidvania tengan que ser dificilísimos por definición? Narita Boy es un título más accesible, que te pone en aprietos en ocasiones, pero que en líneas generales se puede completar sin mayores complicaciones. Funciona a nivel de ritmo, gracias especialmente a lo bien equilibrado que está, aunque nos ha parecido que la curva de dificultad se dispara en el enfrentamiento contra el jefe final, donde hemos muerto de forma reiterada. Y no tanto por la complejidad intrínseca, sino porque se alarga más de la cuenta.

Plataformas y fórmula metroidvania van de la mano. El primer aspecto es satisfactorio, sobre todo porque la sensación al saltar está muy bien conseguida gracias a las animaciones. Sin embargo, este no es un título que se haya diseñado para que las plataformas sean un desafío, sino más bien como un medio para llegar al destino. En Narita Boy, no se trata de volver al principio para encontrar un objeto que debemos utilizar en el otro lado del mapa. La estructura está acotada en secciones concretas, que recorremos para encontrar las tecno-llaves y las habilidades que nos permitan abrir nuevos caminos y seguir avanzando. De vez en cuando, hallaremos unos portales que nos teletransportan a otros lugares. Deberemos buscar unos símbolos de colores, que luego introduciremos en el panel para activar el viaje. Quizá en ese punto nos hubiera gustado que hubiera algo más de variedad en los puzles, pero esta carencia se suple con otros elementos interesantes, como por ejemplo, que podamos surfear subidos en un disco floppy. ¿Una imagen mejor para ilustrar este homenaje a los ochenta?

Análisis de la versión PC.

CONCLUSIÓN

Puede que no sea el metroidvania más complejo, pero Narita Boy funciona y entretiene a partes iguales. Destaca su impresionante aspecto visual, que presenta unos gráficos bidimensionales llenos de personalidad, con sprites grandes y vistosos, escenarios variados y efectos de luz psicodélicos que nos llevan directamente a una época tan idealizada como recordada, la de los ochenta. Lo mismo se puede decir de la música y de todo lo que rodea al producto. Más allá de su ambientación, lo nuevo de Studio Koba tiene un buen game feel, con una combinación de combates, plataformas y fórmula metroidvania, que sin ser especialmente complejo en ninguno de sus aspectos, funciona genial en líneas generales. Echamos de menos algo más de profundidad en los combates y las plataformas, tal vez se le pueda achacar que sus jefes finales no sean de lo mejor del género y que algunas situaciones se hagan repetitivas, pero en conjunto estamos ante un título notable que merece la pena probar.

LO MEJOR

  • Pixel Art con identidad; magníficas animaciones
  • Estupenda banda sonora
  • Buenas sensaciones a los mandos
  • Enemigos variados y con patrones distintos
  • Combates divertidos e intensos, pero...

LO PEOR

  • ...es algo simple
  • Algunos jefes finales
  • Situaciones puntuales repetitivas
  • Echamos en falta un poco más de profundidad en ciertos aspectos
8

Muy bueno

Juego de notable acabado que disfrutaremos y recordaremos. Una buena compra, muy recomendable para amantes del género. Está bien cuidado a todos los niveles.