One Piece: World Seeker
One Piece: World Seeker
Carátula de One Piece: World Seeker

One Piece: World Seeker, análisis. Batacazo en un mar de arena

Ganbiarion erra en su intención de diseñar un sandbox con mecánicas de sigilo y limitar todo el protagonismo a un Luffy mediocremente ejecutado.

One Piece continúa sin tener ese gran videojuego que sí podemos recordar de otras licencias históricas del manganime sí tienen. Y no es porque no se haya intentado. La licencia de cómic japonés más vendida de la historia —más de 450 millones de tomos en todo el mundo— creada por Eiichiro Oda es casi una religión en Japón, un universo ficticio con más de veinte años a sus espaldas pero que, en pleno 2019, vuelve a errar y echar por la borda la oportunidad de trascender con un producto más allá de lo anecdótico, de lo olvidable.

Buenas ideas, mala ejecución

El problema es que One Piece: World Seeker se presentó como ese equivalente al gran trabajo hecho en su día por CyberConnect2 con Naruto; como tuvo Dragon Ball con sus Budokai, sus Tenkaichi o el reciente título de Arc System Works. Cada uno a su manera, como el fenomenal Astro Boy: Omega Factor: lo importante era encontrar un estilo que encajase con la naturaleza de esa serie. ¿Qué es lo mejor para los Mugiwara? Seguimos sin tenerlo claro, porque si bien Koei Tecmo hizo funcionar notablemente la trilogía One Piece: Pirate Warriors, ni Ganbarion ni Dimps han logrado alcanzar la excelencia con ninguna de sus oportunidades.

Es así como llegamos de nuevo a Ganbarion, autores del relativamente reciente One Piece: Unlimited World RED, título del que hereda muchas ideas, también conceptos, pero que no termina de materializar por no tener claro qué es lo que quiere ni cómo quiere hacerlo.

La presentación, siendo sinceros, no podría ser mejor: una apuesta de mundo abierto en un territorio desconocido aderezado por una historia creada y supervisada por el propio Eiichiro Oda; circunstancia ya vista en las adaptaciones cinematográficas más recientes del universo de los Cuatro Mares. A nivel argumental llegábamos tranquilos, y ciertamente es cumplidor a este respecto… pero es uno de los únicos apartados donde One Piece: World Seeker no nos ha decepcionado.

Porque como videojuego falla en lo más fundamental, que es su jugabilidad, su planteamiento, su ejecución. Podemos perdonarle muchas cosas, pero ni sus combates ni su exploración cumplen las expectativas. De hecho, algunas de las mecánicas empeoran el disfrute general de la aventura, como el fallido sigilo. E insistimos, la primera hora de partida invita a ser optimistas al controlar a un Luffy tan bien detallado en lo visual, al presentarse una enorme isla donde se invita a completar aventuras principales y secundarias con relativa libertad. Cuando Ganbarion puso sobre la mesa todas estas ideas era fácil pensar que íbamos a estar ante un juego que acertaría por su propuesta; pero después de esa primera hora de partida es cuando nos damos cuenta de las innumerables costuras que presenta en su combate, en su incómoda cámara y lo arcaico de su diseño.

Las 16 misiones principales —que tardaremos en completar unas 12 horas— confían en un esquema demasiado ortopédico y simplista, basado en ir de A a B en escenarios enormes, muy vivos y vistosos… pero completamente vacíos. Al final, sientes que esa amplitud y verticalidad son meramente artificiales al no permitir que la movilidad sea fluida. Por ejemplo, el alcance del brazo de Luffy es muy corto, lo que prohíbe desplazarnos en largas distancias salvo que estemos muy cerca del objetivo a alcanzar.

No es que un sandbox no funcione con One Piece, es que no lo hace de esta manera. Ganbarion no ha entendido el potencial que tenía entre manos y, al contrario que en Unlimited World RED, donde las mecánicas de crafteo de materiales y mejoras de emplazamientos en la ciudad principal hacían sentir cierta sensación de progreso, máxime por la gran cantidad de personajes seleccionables. En este caso se eliminan esas cosas que tan bien fueron aceptadas para dar el protagonismo únicamente al protagonista. Es más un juego de Luffy que de One Piece, y eso es un error que choca con la idea primigenia del autor, que es la de incentivar la idea de la unión, la cooperación, la sensación de equipo.

Sin entrar en detalles argumentales, al comienzo de la aventura se explica aproximadamente en qué punto de la se encuentra enmarcada esta historia paralela, lo cual nos hace entender que Luffy conoce según qué técnicas y que el abanico de opciones en combate será desmesurado. Al final, todo se puede resumir en pulsar constantemente el botón de ataque básico, la diversión es escasa. La Inteligencia Artificial es torpe, incapaz de ver o percibir nuestra presencia si no estamos frente a sus ojos salvo en contadas ocasiones.

Además, hay un problema de presentación de mecánicas completamente contrario a lo que sería una buena didáctica de opciones al ofrecernos todas esas opciones de desplazamiento y combate en las primeras dos misiones. Una vez superadas, One Piece: World Seeker deja de enseñarnos nada nuevo y confía todo el peso de la progresión a un árbol de habilidades donde, al final del día, no hay nada que cambie significativamente la experiencia.

Ni las habilidades ni las técnicas varían el ritmo; se perciben, de hecho, más como un cambio de animación, puesto que además el daño que infringen suele ser muy parejo. El cierto que tenemos el Haki de Observación, también el de Poder, pero el sigilo es un error que interrumpe el ritmo de los —pocos— combates que pueden tener cierto cariz épico. Estas misiones, además de lentas, no aportan nada de fluidez por mucho que las completemos sin errores. No son gratificantes, no son divertidas. No da la sensación de estar controlando a Monkey D. Luffy. Está ciertamente desnaturalizado.

No lo vamos a negar: estamos decepcionados. Ni siquiera el jefe final, que se presenta desde el principio como un personaje con cierto interés argumental y nos brinda el beneficio de la duda para agarrarnos a la esperanza de cara a un enfrentamiento definitivo a la altura. Ese momento nunca llega; tampoco se le espera. Si acaso creían que hacer de Luffy un ser casi omnipotente e invulnerable, la idea es totalmente errónea. Precisamente son las debilidades del protagonista las que le hacen tener que sacar provecho de sus virtudes y tirar de originalidad, de astucia e, incluso, estrategia. World Seeker tira por la borda la oportunidad que tenía entre manos y se convierte en un videojuego aburrido, sin ritmo, frustrante y predecible.

No vamos a citar todos los jefes a los que nos enfrentamos en la aventura para no chafar algunas sorpresas agradables para el fan, pero es al menos agradable toparse con personajes clave en la primera mitad de la historia del manga como Cocodrilo o Rob Lucci. Se ven de escándalo, pero sus combates son anticlimáticos al no poder protegernos mientras recibimos golpes. Lo único que podemos hacer es esperar a que terminen de atizarnos para contratacar… y así sucesivamente. No es un juego por turnos, pero la acción está mal calibrada, más sincronizada.

Si a esto sumamos con errores de diseño que chocan con un notable diseño artístico, como la aparición de muros invisibles o la escasa interacción con el mundo que nos rodea (especialmente desaprovechado en ciudades e interiores), solo nos queda conformarnos con una historia interesante y un apartado sonoro realmente acertado al incluir a los actores de voz japoneses junto a las melodías de la banda sonora del anime. Bandai Namco no ha escatimado en recursos y ofrece escenas cinemáticas de muy alta categoría, pero luego se topa con unas animaciones de la pasada generación de consolas.

Es difícil recomendar One Piece: World Seeker. Y lo es, por un lado, porque es completamente evitable para cualquiera que no sea un fan acérrimo a la serie. Por otro, porque el que sí sea un seguidor cercano a la obra se va a encontrar un producto lejos de estar a la altura tanto del universo como de los juegos precedentes. La única razón por la que sí recomendaríamos jugar el título es por su historia, por conocer esta ampliación del universo con una historia independiente que deja personajes originales bien caracterizados. Por lo demás, muy a nuestro pesar es un videojuego muy mediocre.


Hemos analizado One Piece: World Seeker en una PS4 Pro con una copia física suministrada por Bandai Namco.

CONCLUSIÓN

One Piece: World Seeker es otra oportunidad desperdiciada de hacer un videojuego transgresor del universo de los piratas del Sombrero de Paja. No funciona como aventura, tampoco sandbox; ni siquiera con sus atrevimientos a introducir sigilo, haciendo de Luffy un personaje desnaturalizado y carente de interés en su combate. Repleto de elementos accesorios y prescindibles, el diseño general de las peleas deja mucho que desear, al igual que la torpe inteligencia artificial y el diseño de sus misiones, repetitivo y anticuado. Es especialmente doloroso por el planteamiento del título, que tiene un gran potencial totalmente desaprovechado y mal ejecutado.

LO MEJOR

  • La historia, original de Eiichiro Oda.
  • La banda sonora y el doblaje japonés
  • Algunos encuentros inesperados

LO PEOR

  • El combate, un simple machacabotones
  • Las misiones, mal diseñadas y ejecutadas
  • Innumerables problemas con la cámara y la IA
  • Un solo personaje jugable; no se aprovecha su profundidad
5.5

Mejorable

Puede tener elementos aceptables y entretener, pero en general es una experiencia que no dejará huella.

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