Ashen
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Carátula de Ashen

Ashen, siguiendo triunfalmente la sombra de Dark Souls

  • Xabier G. Santos

Uno de los tapados del año que, sin hacer ruido, llega para ocupar un puesto más que destacado a la sombra de los grandes Dark Souls.

Hoy conocemos un juego meses, incluso años, antes de su lanzamiento. Capturas de pantalla, cinemáticas, entrevistas, primeros “in-game”... hasta que llega a nuestras manos con unas expectativas tan altas que generalmente nos decepciona. No por malo, sino porque no ofrece tanto como nos habían hecho esperar. Ese no es el caso de Ashen, que se encuentra exactamente en el extremo opuesto a todo eso.

Y es que Ashen podría ser el gran tapado del 2018. Toda una sorpresa.

Soul-Like

¿Existe el género “soul-like”? No como tal, pero el término nos sirve perfectamente para nuestro objetivo: indicar que se trata de un título cuyas mecánicas son las que la saga de From Software, Dark Souls y Demon’s Souls, han hecho clásicas. Así que asimilar este Ashen como un derivado de aquella saga casi convierte en prescindibles los párrafos siguientes.

Para aquellos que no conocen la saga, lo primero es advertirles de que su situación es imperdonable si pretenden considerarse un jugador que se precie de serlo, pero también felicitarles por haber esperado a un Ashen que se emplaza como un excelente título de entrada en el género.

Un género donde un caballero se enfrenta a centenares de enemigos, a cada cual más letal, mientras evoluciona tanto en la aventura, como en sus habilidades y la efectividad de sus armas. Nada de particular en la larga historia de los videojuegos, salvo porque los “Souls” han creado su propio subgénero añadiendo grandes dosis de dificultad, de desafío al jugador. Una saga donde el primer esqueleto que se nos enfrenta con un palo es capaz de darnos una paliza, donde habrá que morir cientos de veces para alcanzar el final y en la que cada enemigo es realmente un desafío al que temeremos enfrentarnos. El reto es tan grande como la recompensa de superarlo y de ahí que la saga sea tan odiada por unos, como amada por otros -entre los que nos situamos, por supuesto-.

Ashen no tiene rubor alguno en copiar toda esa dinámica. Un caballero que puede equipar armas de filo, contundentes, a dos manos, escudos… Que cuenta con una barra de salud y otra de vitalidad, que se agota al golpear, esquivar, correr… Hogueras repartidas por el mapa donde guardar la partida, recobrar la salud y “restablecer” el mundo… y la mejor mecánica que los Souls nos han dejado: la posibilidad de recuperar lo que tenías acumulado en el momento de morir. Eso sí, hay que conseguir llegar hasta aquel mismo punto, repitiendo todos los combates y dificultades hasta él.

Incluso el argumento de Ashen nos suena a spin off de los Souls. La lucha entre la luz y la oscuridad, del caballero anónimo que carga sobre sus hombros esa gran responsabilidad e incluso las referencias a las cenizas podrían perfectamente proceder del propio Hidetaka Miyazaki.

La identidad de Ashen

Hasta aquí lo que tenemos es un juego levantado sobre unas mecánicas de éxito comprobado. Un esquema sobre el que recibimos cientos de títulos “clónicos” al año. Pero, por suerte, Ashen es mucho más.

Lo primero que salta a la vista, literalmente, es su acabado artístico. No es que sea espectacular, que alardee de potencia gráfica o siquiera que resulte especialmente vistoso. El apartado gráfico de Ashen es particular, único; una de sus principales señas de identidad. Partiendo de los personajes, carentes de rostro, pero no por ello de expresividad, su diseño caricaturizado, pero lo justo, los escenarios pintados a acuarela, con paleta de colores de apariencia plana, sosa, pero que consigue su objetivo de matizar a la perfección la luz, nuestra aliada, de la oscuridad donde se ocultan los monstruos. Gráficamente, desde su particularidad, nos ha encantado y lo más admirable es que lo ha conseguido sin grandes alardes; sin complejos filtrados, sin pesadas texturas, sin Ray Tracing…

El siguiente punto fuerte del título es su concepción para dos jugadores. Y es preciso decirlo así de claro: Ashen es un juego cooperativo para dos jugadores, al que se puede jugar solo. La participación de un segundo caballero a nuestro lado no solo es imprescindible para abrir puertas o escalar alturas; sin él no podríamos superar los muchos combates sobre los que se va construyendo la aventura.

Dos contra el mundo

Y este factor, el del segundo jugador, es el que más discusiones generará entre los jugadores de Ashen. Existe una situación ideal, en la que decidimos jugar la aventura con un amigo con el que tenemos buena comunicación y compartimos nivel y objetivos en la aventura… pero ese caso será la excepción. La mayoría coincidiremos en la aventura con otros jugadores desconocidos con los que será difícil tanto coordinarse, como compartir objetivos. Siempre es posible encontrar un buen compañero, pero lo más habitual es coincidir con jugadores que van a su aire, te dejan colgado o persiguen objetivos fuera de tu interés o de tu alcance.

Así que lo más habitual es que ese segundo jugador que nos acompañe lo controle la IA del juego y aquí es donde el nivel de exigencia de cada jugador determinará si lo hace con solvencia o es una soberana chapuza.

En principio la IA de tiene detalles muy buenos, como que decida escalar a una posición donde recuperar un tesoro escondido, o recorra el mapa por delante de nosotros, como haría un jugador humano. Atiende a nuestras indicaciones y nos ayuda cuando hace falta y, en combate, para bien o para mal, se suele mostrar mucho más efectivo que nosotros. De hecho, en lo más avanzado de la aventura, dependeremos demasiado de cómo luche nuestro aliado a la hora de resolver un combate. Él se comerá y repartirá la mayor parte del daño, mientras nosotros trataremos de atacar por detrás, en un modo de combate de lo más vil y traicionero, pero justificable cuando el enemigo puede agotar tu barra de salud de un solo golpe.

Por otra parte, Ashen ofrece un modo de juego extremo denominado "Hijos de Sissna", que desbloquearemos sobre la mitad de la historia, donde la salud y la vitalidad se ven reducidos a la mitad. Un auténtico desafío en el que los errores de la IA pueden ser aún más dramáticos.

En definitiva, este compañero es un elemento más con el que hay que saber jugar. No podemos controlarlo y alterna ocasiones en las que le levantaríamos un monumento, con otras donde lo colgaríamos de una torre. Por poner un ejemplo, si caemos, él o ella pueden acabar con los enemigos y acudir a revivirnos, pero también puede decidir hacerlo antes de acabar con ellos y morir mientras lo intenta, dando fin a la aventura. Esta imprevisibilidad del NPC suma interés a un juego donde los riesgos son tantos y tan definitivos, que hemos de considerar a nuestro compañero como una más de todas esas cosas que nos pueden salir mal. Y sí, nuestro compañero controlado por la IA, también puede caerse en un pozo y ahogarse o sencillamente desaparecer hacia la otra punta del mapa. En eso sí que han conseguido emular a los jugadores reales.

Esto es bueno…

Si exceptuamos la IA, que no es poca cosa, pocas pegas se le pueden poner a Ashen una vez que comienza la partida. Quizá la progresión de las armas, entre las que las no hay grandes diferencias y una vez que inviertes en evolucionar una, no se justifica hacerlo con otra. Quizá el techo en la evolución de nuestro héroe, tan bajo que nos obliga a entrar en el final del juego siendo demasiado vulnerable y, por tanto, dependiente de que las cosas con nuestro compañero no fallen…

Pero para detectar estas carencias debemos activar nuestro modo de redactor analista e ir expresamente a buscarlas. Si nos enfrentamos a Ashen como jugador, solo llegamos a una conclusión: esto es bueno, divertido… y engancha. Mucho.

Si bien el mapa de Ashen puede parecer pequeño, la ubicación de los enemigos, la verticalidad de algunos niveles, los ítems ocultos y, por encima de todo, lo arriesgado de explorarlo, nos darán la sensación de ser mucho mayor. Explorar una nueva caverna, una torre… con la angustia de que no nos queda salud y quizá no podamos superar al siguiente enemigo, pero hemos de seguir avanzando en busca de ese punto de recarga en el cual podamos descansar para seguir avanzando… esa mecánica clásica Dark Souls, Ashen la aprovecha de maravilla.

El planteamiento del mapa, con zonas abiertas, aparentemente sencillas, pero que se muestran perfectamente medidas para obligarnos a ir por uno u otro camino. Los escenarios verticales, donde escalar y descolgarse nos ofrece posibilidades hasta entonces inadvertidas. Los tesoros ocultos que te obligan a explorar y esos otros, bien visibles, pero que no sabes cómo alcanzar. Las cuevas enormes que se ocultan tras una pequeña abertura en una esquina del mapa. Los pasadizos de un solo sentido, tras lo que no sabremos qué hay, salvo que no podremos volver atrás. Nuestro asentamiento, que va creciendo en edificios y aliados dispuestos a ayudarnos. Los momentos únicos, donde un personaje, un escenario, un enemigo final, te sirven como pago suficiente para lo sufrido en tu recorrido hasta él… Todo es muy redondo, todo funciona, y hace que perdonemos todas y cada una de las carencias que hemos citado.

CONCLUSIÓN

Ashen no es perfecto. Es tan solo un Indie que llega tapado en busca de un hueco entre los grandes Triple A de fin de campaña. Tiene sus carencias, sus fallos y está muy lejos de ser un Dark Souls, un juego de diez. Pero es un título que logra lo fundamental para un videojuego y que a veces se pasa por alto, ya sea cegados por la potencia gráfica, las infinitas líneas de diálogo o los kilómetros cuadrados de mundo abierto: Ashen es muy divertido. Nos tendrá horas enganchados a la pantalla, intentona tras intentona, avanzado a sangre por una aventura con la justa medida de desafío y recompensa. Sus más de veinte horas de juego se nos harán muy cortas y, cuando lo terminemos, junto a la enorme satisfacción por lo conseguido, sumaremos la frustración por no tener más, por no poder conseguir de algún modo una segunda parte o un DLC que nos permita seguir jugándolo. Son sensaciones que nos indican que hemos disfrutado plenamente de un juego y que, con justicia, se ha hecho un hueco en esa parte de nuestra memoria reservada a aquellos títulos que nos lo han hecho pasar bien. Y eso, queridos jugadores, eso es lo que realmente aquí importa.

LO MEJOR

  • Aunque sigue la estela de los grandes, tiene una clara identidad propia.
  • El apartado artístico, tanto de los personajes, como de los escenarios.
  • Muy adictivo. Cada muerte prácticamente obliga a volverlo a intentar.

LO PEOR

  • Las armas son demasiado genéricas y limitan la variedad en el combate.
  • La IA de enemigos y aliados no falla demasiado, pero cuando lo hace, arruina la partida.
8.6

Muy bueno

Juego de notable acabado que disfrutaremos y recordaremos. Una buena compra, muy recomendable para amantes del género. Está bien cuidado a todos los niveles.