Path to Mnemosyne
Path to Mnemosyne
Carátula de Path to Mnemosyne

Path to Mnemosyne, análisis PC

Nos sumergimos en Path to Mnemosyne, el arriesgado videojuego independiente de Devilish Games, con el objetivo de analizar su planteamiento interactivo.

La pantalla de inicio del Path to Mnemosyne, sobria en acabado artístico y en escala de grises como decisión estética, nos muestra el rostro de la protagonista. Mantiene sus ojos cerrados; permanecerán así hasta que decidamos emprender nuestra aventura. En ese preciso instante, la cámara hará zoom hacia el ojo izquierdo —ahora abierto— de la niña para emprender un viaje hacia su subconsciente.

Ya no hay vuelta atrás: el periplo que nos propone Path to Mnemosyne mediante un zoom infinito a través de los recuerdos de la niña, nos conduce a lo largo de un inquietante pasillo entramado en dinámicas de puzzle y salpicado por flashes repentinos, todo ello aderezado por un ruido blanco que no cesa, unos acordes inquietantes que tensionan nuestros pasos, y una sensación opresiva que se acentúa a medida que los rompecabezas demandan más atención por parte del usuario.

El subconsciente y sus mecanismos

La formas recurrentes que nos encontraremos se repiten en tramas insólitas: un pasillo formado por elementos triangulares; una espiral infinita compuesta por raíces donde podemos distinguir formas que parecen rostros, caras que evocan recuerdos; o elementos de nuestra anatomía ordenados siguiendo patrones…

Una vez en situación, nos desplazaremos manejando a la niña utilizando unos controles realmente sencillos: podremos correr, saltar y movernos de derecha a izquierda. Una vez definida la base, el título se organiza en secciones, normalmente bloqueadas, donde deberemos seguir una serie de pasos para lograr abrir la puerta que nos separa de nuestro destino. Aquí nos encontramos con la primera mecánica general: pulsando una serie de interruptores, saltando para evitar accionar los que no nos interesan, o desvelando el mecanismo que nos permitirá conseguir unas pequeñas llamas azules, conseguiremos los recursos para abrir determinadas puertas.

La observación de los escenarios se torna esencial: pequeños puntos que, al principio, parecen decorativos, indican la sucesión de una serie de pulsaciones. Algunas plataformas, pulsando derecha o izquierda, rotarán para hacer que nos podamos mover en distintas dimensiones del escenario. También el sonido y el ritmo pueden ser la clave para desvelar una rutina de pulsaciones que, en un primer momento, parecían no tener sentido.

Una vez resueltos algunos acertijos, con varias llamas en nuestro poder, tocará enfrentarnos al puzzle de la puerta. En estos casos jugaremos con la perspectiva para definir una serie de estructuras tridimensionales, recrearemos un recorrido girando elementos , o pulsaremos sobre una trama de esferas para intentar completar un patrón. A nivel general, el juego no nos pondrán ante grandes quebraderos de cabeza, avanzaremos de forma orgánica a través de las distintas secciones y, a pesar de que algunos puzzles requieren un poco más de trabajo, no nos resultarán motivo suficiente como para atrancarnos.

Otro de los puntos flacos del juego reside en su planteamiento: a pesar de que contaremos con bastantes puzzles diferentes, las dinámicas generales se repiten, así como la forma de abordar su resolución, por lo que pocas veces Path to Mnemosyne nos sorprenderá con un cambio de paradigma destacable. Este introspectivo viaje, además, tiene una duración bastante reducida, por lo que en unas dos horas podremos haber superado el juego y, como nos ha sucedido a nosotros, también correréis el riesgo de no haber sintonizado completamente de forma emocional con la protagonista.

No obstante, la originalidad del título que nos ocupa, lo opresivo que resulta ese surrealista zoom infinito —que nos ahoga como si fuera uno de los elementos más sensitivos de nuestra aventura—, y la mezcla de distintos rompecabezas —nos recordarán en más de una ocasión a títulos como RiME o The Witness— ofrecen un conjunto arriesgado y original, tanto a nivel de desarrollo como en su planteamiento audiovisual.

Viajando a través del realismo mágico

El planteamiento visual de Path to Mnemosyne se apoya en una dirección artística surrealista. Con claras referencias a artistas como el español Salvador Dalí o el holandés M. C. Escher, el universo de Path to Mnemosyne utiliza una escala de grises que funciona de maravilla. El resultado: un acabado visual a caballo entre el surrealismo de finales del dadaísmo y el realismo mágico de autores como Rob Gonsalves.

A nivel de movimientos, el título que nos ocupa se apoya en la técnica de la rotoscopia, pero en vez de utilizar como base la imagen real, lo hace planteando el dibujado de cada fotograma sobre un modelo tridimensional animado por medio de captura de movimientos. Siguiendo el legado de creativos a la altura de Jordan Mechner (creador de obras de orfebrería a la altura de Prince of Persia y The Last Express) o el polifacético Eric Chahi (responsable de los fabulosos Another World o Heart of Darkness). El conjunto funciona, gracias a la buena utilización de la economía de recursos como medio de expresión visual, a pesar de que el estilo artístico final no llega al nivel de calidad de otros videojuegos independientes.

A nivel sonoro, los opresivos ambientes y los inquietantes efectos añaden tensión al desarrollo de Path to Mnemosyne, aunque nos hubiese gustado algo más de variedad en su planteamiento y calidad sonora en determinadas secciones. Detalles como la voz de la niña al saltar, que siempre reproduce el mismo sonido, ponen de relieve esta carencia de recursos. Afortunadamente, a nivel general el apartado sonoro forma una correcta relación con el visual, conformando un todo homogéneo.

CONCLUSIÓN

Path to Mnemosyne pretende, como otros juegos independientes a la altura del patrio RiME o —de manera aún más brillante— el magnífico Journey de Jenova Chen y Kellee Santiago, definir una experiencia interactiva basada en las emociones. Por medio de un zoom infinito, el título de Devilish Games se articula a través de un entramado de puzzles, donde la observación tiene especial importancia. Original también en su surrealista acabado visual, Path to Mnemosyne no logra conectar con el jugador de manera tan efectiva como los videojuegos antes mencionados, pese a que sus decisiones de diseño dan como resultado un notable —aunque breve— viaje a través del subconsciente.

LO MEJOR

  • Su original planteamiento a través de un opresivo zoom infinito.
  • Algunos puzzles, los más complejos, nos han resultado bastante entretenidos.
  • Utiliza el surrealismo como perfecto reflejo del subconsciente.

LO PEOR

  • No supone un reto para el usuario que demande algo más de desafío.
  • El título, posiblemente por su escasa duración, no consigue conectar de forma definitiva con el jugador a nivel emocional.
7

Bueno

Cumple con las expectativas de lo que es un buen juego, tiene calidad y no presenta fallos graves, aunque le faltan elementos que podrían haberlo llevado a cotas más altas.