The Gardens Between
The Gardens Between
Carátula de The Gardens Between

The Gardens Between, análisis

Laura Luna LauraLunaLu

Una emotiva aventura de puzles que nos lleva al imaginario onírico de Arina y Fredt, dos niños que viajan por las vivencias compartidas sobre la que han construido su amistad.

The Gardens Between es una aventura narrativa de puzles en la que viajamos por pequeñas islas construidas con las vivencias de Arina y Fredt. A través del recorrido en espiral de cada nivel, el objetivo es transportar una luz que recolectamos de un nenúfar hasta lo más alto, y contaremos con el poder de controlar el tiempo para rebobinar acontecimientos y así modificarlos en favor de nuestro progreso. Monument Valley, el título de puzles de perspectiva para móviles, se nos viene a la mente al jugar a este título con el que comparte una ambientación onírica, escenarios circulares, mecánicas de puzles y una emotiva historia sobre las relaciones humanas.

The Gardens Between fue presentado en la Paris Games Week de 2017, donde palideció entre anuncios de títulos más comerciales, y, posteriormente, en la Nintendo Indie Highlihts de 2018. The Voxel Agents son los creadores de esta intimista aventura narrativa de puzles que ha despertado bastante expectación en la comunidad indie; ha sido nominado en el Independent Games Festival en la categoría de Excelencia en Arte Visual, y también ha tenido su presencia en ferias como PAX y la Indie Arena de Gamescon, donde conocíamos más de otros títulos independientes. No es la ópera de este estudio, que cuenta en su trayectoria con Train Conductor, una saga de puzles para móviles en el que el jugador debe redirigir las vías para que los trenes lleguen a sus respectivos destinos, así como expandir sus redes ferroviarias por el planeta. Puzle Retreat es otra de sus obras, en la que muestran su pasión por los rompecabezas en un título que mezcla el sudoku con el sokoban. The Voxel Agents, ubicados en Melbourne, aspiran a crear títulos sorprendentes, en los que ponen un cariño especial en sus mecánicas. Con The Gardens Between nos plantean un sistema de puzles que versan sobre el control del tiempo, al mismo tiempo que nos narran una historia sobre el valor de la amistad.

El jardín-museo de los recuerdos compartidos 

The Gardens Between implementa los puzles como un mecanismo narrativo a través del cual exploramos las vivencias de Arina y Fredt, dos niños vecinos que se reúnen en el parque que conecta sus dos casas. La pantalla de inicio nos muestra es imagen cliché en la que vemos signos de fuga en las respectivas ventanas de los muchachos, como las sábanas anudadas que hacen las veces de cuerda de escalada, o una silla bajo la ventana que salve la distancia del dormitorio hasta el suelo. Entonces, nos adentramos en un su punto de reunión, una casita en el árbol al igual que tantos niños que hemos visto en la ficción. Dicho hogar de juegos se convierte en un navío que lleva a los pequeños a un lago en el que se erigen diversos pequeños archipiélagos que simbolizan sus vivencias compartidas. En cada una descubrimos los recuerdos de Arina y Fredt, a los que les une una hermosa amistad que empezó a forjarse con la mudanza de la muchacha. Con una ausencia total de textos, conocemos su historia a través de todos los detalles audiovisuales de cada escenario, y de las interacciones entre los dos niños. En ningún momento aparecen más personas ajenas a Arina y Fredt, puesto que esa aventura trata de todo lo que les une: su casita en el árbol, sus videojuegos, su pasión por la astronomía, sus sesiones de cine en casa, sus escapadas nocturnas. Tampoco vemos una sola señal de relación romántica, algo que suele darse en una narrativa en la que un hombre y una mujer son protagonistas. The Garden Between Worlds es una oda a la amistad más honesta y pura, a la inocencia y a la imaginación desbordante de la infancia.

The Gardens Between invita al jugador a asomarse al mundo fantástico de Arina y Fredt, narrado en clave de realismo mágico. Los pequeños viven una aventura que homenajea sus veladas juntos. Su casita del árbol se convierte en un crucero que les lleva a un lago en el que visitan numerosos archipiélagos que simbolizan sus recuerdos y que están divididos en las islas que los componen, como la propia llegada de Arina, la construcción de su fuerte, sus tardes de juegos de tablero.

Cada isla tiene una disposición circular y un camino en espiral que conduce a un altar. Arina y Fredt tienen el objetivo de llevar una luz a dicho santuario, para que ésta se convierta en una estrella y construya la constelación que representa una vivencia de los muchachos. Arina llevará un farol, con el que absorberá la luz de un nenúfar con el que se topará en cada escenario para llevarla a la meta. Por el camino hallará habitantes del jardín, unas pequeñas cajas animadas en las que depositar el farol para que lo transporten por zonas a las que los pequeños no tienen acceso. Con los joysticks, retrocedemos y avanzamos en el tiempo para sortear los escollos que nos impiden llegar a la cima. Así, devolver el esqueleto de un dinosaurio a su forma original, antes de que se desmoronara, será útil para recorrer nuevos caminos, o será necesario regresar atrás en el tiempo para que un habitante del jardín pueda acceder a un recoveco con una linterna que hasta el momento no poseía. También deberemos tener en cuenta los agujeros negros que absorberán la luz si la acercamos, y las zonas nubladas que se disiparán si las alumbramos, así como los puentes luminosos que podremos crear si colocamos el faro en uno de los extremos. Con todos estos elementos, deberemos discurrir en dar con la solución que nos abra el camino hasta la cima. La elección del control sobre el tiempo como mecánica principal no es baladí, puesto que a medida que avancemos en la historia descubriremos que el tiempo es uno de los tesoros más anhelados por la pareja de amigos. Cabe mencionar que no existe el límite temporal en ninguno de los niveles, lo que concede al jugador el espacio necesario para averiguar la resolución de cada puzle. Dentro del contexto surrealista, la mayoría de los rompecabezas sigue una lógica fácil de comprender y una curva de dificultad aceptable. Además de la evidente capacidad de resolución de problemas, será necesaria la agudeza visual en algunos rompecabezas, y la sincronización hará un poco más desafiante el reto de la radio, en el que deberemos tener en cuenta la música, la rapidez de acción y la observación de patrones de comportamiento.

Arina y Fredt asumen roles diferentes dentro de su aventura, compartiendo así protagonismo y enfatizando el mensaje de que la unión hace la fuerza. La joven carga con el farol y se dedicará a recoger la luz y activar puentes, mientras que el chico activará las campanillas que permiten rebobinar, acelerar y congelar acontecimientos.

Una aventura breve, pero emotiva

La aventura de The Gardens Between no nos llevará una duración superior a las 4 o 5 horas, lo cual es razonable teniendo en consideración su narrativa, con la que se nos relata una tarde compartida entre los muchachos, en la que repasan todas sus vivencias compartidas. De este modo, la sucesión de puzles no se hace repetitiva, y cada uno tiene relación con el recuerdo en el que está relacionado, como las travesuras en el museo de ciencias, el visionado de una película o las partidas a la videoconsola. Cada isla contiene una serie de secretos, que descubriremos a través de la experimentación a la que nos conducirá la curiosidad más allá de dar con la solución. The Gardens Between carece de un sistema de puntuación, si bien contiene logros basados en el desarrollo de la partida y en el descubrimiento de dichos secretos. No obstante, y aunque se agradece la existencia de títulos que puedan completarse en una tarde, también se echa en falta algún que otro archipiélago más, si bien entendemos que la brevedad de la partida es adecuada a la fugacidad del tiempo que desea transmitir la historia de Arina y Fredt.

El apartado artístico de The Garden Between es de los aspectos más sobresalientes del juego. Con un estilo gráfico que evoca la acuarela, la estética del imaginario de Arina y Fredt se guía por un surrealismo que nos anuncia que nos estamos en el mundo real, si no en la fantasía compartida por los pequeños. Al inicio del juego tenemos la presentación de su realidad, el parque que une sus dos hogares. En su periplo por las islas creadas a partir de recuerdos es donde el plano onírico toma las riendas y llena de simbolismo cada detalle: la constelación que se forma al completar cada archipiélago y que honra a la pasión por la astronomía de los pequeños, la disposición de televisiones gigantescas y flotantes, los teclados que se convierten en baldosas por las que pasar para dar una orden a un ordenador situado más adelante. Incluso la época ochentera en la que se ambienta la historia de los niños tiene sentido, y no cae en la nostalgia y el festival de referencias del que pecan otras obras que homenajean esa época. Los 80 son el marco ideal para relatar la historia de Arina y Fredt, que comparten fascinación por la ciencia y la tecnología, incluso cuando descubren que éstas son insuficientes para solventar su tragedia personal, al menos en un momento de la Historia en la que los avances de hoy no estaban al alcance de todos.

El mismo diseño de Arina y Fredt les hace contrastar entre ellos y darles personalidad: ella, pálida, de media melena y ataviada con una cazadora deportiva que lleva su inicial; él, de tez morena, vestido con un mono vaquero y gafas que le dan un aire intelectual. Las animaciones llenan de vida el mundo de Arina y Fredt, y a través de ella conocemos la personalidad de dos muchachos cuya voz no oímos ni leemos en toda la partida. Ambos se mueven con soltura por un terreno que conocen, y van tomando liderazgo de la marcha en función de quién será activo para resolver los puzles. Ella lucirá gestos más decididos y él, más tímido, se le verá más comedido, aunque mucho más cómodo a la hora de interactuar con aparatos electrónicos. Los habitantes del jardín se desplazarán con saltos amplios y ágiles, que nos hacen pensar en ranas. En cuanto a su relación, no faltarán los gestos cómplices y las bromas inocentes, en especial por parte de Arina hacia Fredt.

La banda sonora de The Gardens Between, diseñada por Tim Shiel —y en la que han colaborado artistas como Gotye, Luke Howard o Biddy Connor—, nos traslada a ese plano onírico e intimista en el que se desarrollan las vivencias de Arina y Fredt, con temas ambient y chill y otras canciones especiales para el puzle de la radio, que definen la personalidad de los habitantes del jardín a los que pertenecen.

The Gardens Between es una experiencia breve y emotiva, con puzles muy asequibles que nos narran una bella historia entre dos infantes. Una oda a la amistad más sincera, a la complicidad que construyen los recuerdos compartidos, a la creatividad sin límites que ayuda a los pequeños a superar un mundo de adultos en el que no pueden decidir sobre sus propios destinos.

Este juego se ha analizado en su versión para PS4.

CONCLUSIÓN

The Gardens Between es una aventura narrativa de puzles con una ambientación onírica. A través del imaginario de Arina y Fredt, viajaremos en su casita del árbol por todos los archipiélagos que simbolizan todas sus vivencias. Con puzles muy asequibles en los que el elemento principal es el control del tiempo, recorreremos islas con sendas en espiral donde el objetivo es llevar una luz situada en la cima. Con unos controles muy cómodos e intuitivos, retrocederemos o avanzaremos en el tiempo para modificar acontecimientos que nos permitan sortear obstáculos hasta la meta. Nos emocionaremos con la aventura de unos pequeños que aspiran a atesorar todas sus vivencias compartidas, con un ritmo pausado y contemplativo en el que experimentaremos una oda a la amistad más pura y a la creatividad exhuberante de la infancia, con la que los pequeños buscarán su dominio en un mundo que no les permite ser dueños de sus propias vidas.

LO MEJOR

  • Un bello apartado artístico de estilo surrealista y lleno de matices
  • La oda a la amistad que transmite el juego
  • Narrativa muy emotiva, que permite contemplar el simbolismo de cada isla y conectar con la relación de Arina y Fredt
  • Curva de dificultad asequible para el público profano en el género
  • Una banda sonora muy relajante, que acompaña al clima onírico del juego
  • Narrativa perfectamente desarrollada a través de la mecánica del control del tiempo y los propios puzles

LO PEOR

  • Se echan en falta unos niveles más que exploren las posibilidades del control del tiempo
  • Algunos tirones en las pantallas de carga
8.5

Muy bueno

Juego de notable acabado que disfrutaremos y recordaremos. Una buena compra, muy recomendable para amantes del género. Está bien cuidado a todos los niveles.