Rainbow Skies
Rainbow Skies

Rainbow Skies, análisis PlayStation 4

Ramón Méndez

Analizamos Rainbow Skies, un juego de rol y estrategia por turnos que resulta muy entretenido. ¿Estará a la altura de los grandes del género?

En un mercado en el que los grandes juegos parecen el eje central del ocio electrónico, resulta muy satisfactorio encontrarse pequeñas obras como este Rainbow Skies. A veces, un producto más modesto, hecho con mucho mimo y cariño, puede ser el soplo de aire fresco que necesitamos para recordar que hay vida más allá de las grandes producciones más industriales. Cierto es que Rainbow Skies no es un juego perfecto y se queda lejos de los logros de otros títulos indie que se antojan mucho más redondos, pero el buen sabor de boca que nos deja es tan agradable que se le pueden pasar por alto sus problemas menores. Sobre todo, porque destila ese cariño de los creadores, que han invertido la friolera de seis años en sacar la segunda parte de aquel también muy entrañable Rainbow Moon.

Una historia sencilla

Sin embargo, más allá de las similitudes del título, Rainbow Skies nos presenta un nuevo mundo y nuevos personajes. Los protagonistas de esta nueva aventura son Damion, Layne y Ashly. Empezaremos nuestra andadura con Damion, que es un joven arrogante que quiere afrontar el examen de domador de monstruos y convertirse en un espadachín valeroso y en un héroe legendario. Layne acompaña a Damion durante su preparación y ve impotente cómo la prueba acaba siendo un fracaso y caen al vacío desde la isla flotante en la que viven. Mientras tanto, Ashly intenta dominar un hechizo de vínculo que hace que los monstruos sigan sus órdenes, pero su misión tampoco sale del todo bien y, al final, el camino de los tres acaba convergiendo y se ven obligados a formar equipo sin poder separarse en ningún momento unos de otros.

Tal y como ocurre en todos los juegos de rol, esto es tan solo la trama que nos acompañará durante las primeras horas; posteriormente, la cosa se irá complicando y tendremos otros acontecimientos de fondo que harán que la aventura se alargue unas cuantas decenas de horas más. Sin embargo, en general, el juego es bastante básico en lo argumental y lo cierto es que en ningún momento llega a ser una trama que encandile o que tenga grandes sorpresas. Tampoco parece que sea el objetivo de Rainbow Skies en ningún momento, que parece conformarse con jugar sobre seguro en el apartado argumental y explotar en la medida de lo posible el carisma de los personajes y el gran sentido del humor que destilan los diálogos.

No obstante, por mucho que no sea el principal objetivo del juego, sí que se echa en falta un poco más de riesgo en el argumento y que ofreciese algo más de profundidad o de desarrollo de personajes. El juego es lo bastante divertido (tanto en lo jugable como en su sentido del humor) como para animarte a seguir adelante, pero un pequeño impulso narrativo hubiese sido muy de agradecer para que la obra dejase un mejor sabor de boca final. Sobre todo, esa poda profundidad en lo narrativo es lo que provoca que los personajes secundarios se antojen un poco planos y que el mundo parezca poco variado por momento. Más allá de cambiar los entornos, parece que le falta un poco de chispa para conseguir que nos creamos las nuevas ubicaciones o que nos preocupen los habitantes de las diferentes regiones de este planeta.

Combates divertidos

Claro que todo esto no es algo en lo que pensemos cuando estemos inmersos en el aspecto en el que más horas invertiremos del juego: explorando el mundo y participando en infinidad de combates. El juego presenta una vista isométrica y, en general, todo el apartado artístico recuerda a juegos clásicos de la generación de los 32 bits (aunque, claro está, perfectamente adaptado a las tecnologías actuales). A medida que nos abrimos paso por los mapas laberínticos que componen cada región del juego, tendremos que afrontar diferentes misiones principales y secundarias que nos sirven como excusa para afrontar más combates y pulir las habilidades de nuestros personajes.

Los combates son similares a los de Rainbow Moon y nos presentan un juego de rol y estrategia por turnos y casillas, similar a infinidad de títulos como Disgaea, Fire Emblem, Jeanne d’Arc o Final Fantasy Tactics. Para iniciar un combate tendremos que entrar en contacto con un enemigo, los cuales serán visibles en el mapa, lo cual es una dinámica de agradecer porque nos permite prepararnos adecuadamente y tomar decisiones sobre cuándo sumergirnos en un combate y cuándo no hacerlo. Si queremos disfrutar de más combates, el juego cuenta también con la posibilidad de participar en combates aleatorios, solo que no se nos imponen. El juego nos avisará de la posibilidad de un combate aleatorio y contra qué enemigos sería, y nosotros decidiremos si nos interesa en ese momento o no. Una dinámica dual bastante satisfactoria, sobre todo porque solo con acabar con los enemigos del mapa nos llega para avanzar en la aventura con un nivel satisfactorio, pero quien tenga problemas tendrá la opción de pelear más para mejorar a sus personajes.

Personalización de habilidades

Tal y como comentábamos, el sistema de juego es el de un juego táctico puro. Tendremos un determinado número de casillas que podremos movernos y un determinado número de acciones, a variar entre los movimientos, los ataques y las habilidades. Es un sistema bastante sencillo y que se basta un poco en la estrategia de encontrar la mejor colocación posible en todo momento para llevar a cabo las acciones que deseemos. En ese aspecto, no es tan profundo como otros juegos de rol y estrategia, en los que nos vemos obligados a variar nuestra forma de combatir de una fase a otra, pero es bastante divertido y consigue entretener aun cuando, hasta cierto punto, sería posible acabarse el juego realizando siempre los mismos ataques de los que disponemos al principio de la aventura.

Esto se debe, sobre todo, al arma de doble filo que es que las habilidades suban de nivel a medida que las usamos, ya que es algo que nos incita a elegir un puñado de ellas y usarlas sin parar para desatar su máximo potencial. Pero, al mismo tiempo, es una dinámica muy atractiva y que nos da muchas posibilidades, ya que se pueden subir de nivel numerosos aspectos, ya sean ataques individuales, armas o armaduras, además de la posibilidad de invertir nuestro dinero o los puntos de habilidad que vayamos consiguiendo. Ver a nuestros personajes crecer es realmente satisfactorio y es una dinámica que, pese a moverse en la cuerda floja, consigue salir airosa y funcionar de una forma satisfactoria, aunque sí que es cierto que se resiente bastante en sesiones de juego largas en las que la repetitividad se hace más patente.

Un detalle ambicioso del juego, que quiere recordarnos un poco a la franquicia Shin Megami Tensei, es la cría de monstruos. Al derrotar a los enemigos en combate, conseguiremos huevos que podremos usar para criar a un total de 40 tipos de monstruo diferentes. Los huevos tendremos que meterlos en la incubadora y, en cuanto se abran, podremos añadirlos a nuestro equipo, así como entrenarlos para subirlos de nivel. Su función es, eminentemente, de apoyo a los personajes principales, de tal modo que suben fácilmente de nivel y podemos intercambiarlos constantemente para buscar aquellas criaturas que mejor rendimiento nos puedan dar en un combate concreto. La mecánica es interesante, aunque tampoco es tan profunda como en otras franquicias en las que la recolección de criaturas se convierta en un elemento clave del sistema de juego. Pese a todo, es una capa extra a las posibilidades de personalización del juego.

Un juego sencillo pero satisfactorio

Todo esto está envuelto dentro de un acabado visual que, como decíamos antes, es bastante sencillo pero muy entrañable. Los gráficos están bastante pulidos y la gama cromática elegida, muy colorida en todo momento, es muy satisfactoria para la vista. A esto hay que sumar lo que, posiblemente, sea uno de los puntos fuertes de la producción: la banda sonora. Temas muy pegadizos y que se adaptan a la perfección a cada momento de la aventura, que consiguen convertirse casi en un personaje más a la hora de transmitir emociones y situaciones. Cabe destacar también que no es un juego especialmente complicado, ni a nivel de mecánicas ni de dificultad, aunque esta última se puede aumentar cumpliendo una serie de requisitos y pidiendo que nos la suban en los pueblos y ciudades. Por último, destacar que el juego tiene cross-save, lo cual nos permite disfrutar de la misma partida tanto en PlayStation 4 como en PlayStation 3 o PlayStation Vita. En concreto, para estas dos últimas plataformas se amolda a la perfección, aunque en PlayStation 4 puede quedarse un paso atrás.

CONCLUSIÓN

Rainbow Skies es un juego notable, que tiene ideas bastante buenas, mucho sentido del humor y consigue mantenerte enganchado al mando durante horas. Sin embargo, es un juego que no arriesga demasiado y eso se nota en una historia poco interesante, en unos personajes poco desarrollados (sobre todo los secundarios) y en un sistema de juego que es algo básico y puede caer en la repetitividad con relativa facilidad. Esto último queda un poco aliviado por las abundantes posibilidades de personalización de la experiencia de combate, que nos facilitan la experimentación y el probar nuevas cosas, aunque el propio sistema anima a explotar una serie de habilidades concretas de principio a fin. Pero más allá de sus limitaciones, Rainbow Skies cumple y se convierte en una bocanada de aire fresco muy satisfactoria, sobre todo si se juega en Vita, la plataforma ideal para este título.

LO MEJOR

  • Un juego con mucho sentido del humor.
  • Abundantes posibilidades de personalización.
  • Una gran banda sonora.
  • Sencillo, pero divertido. Ideal para novatos en el género.
  • Completamente en castellano.

LO PEOR

  • Argumento demasiado simplón y poco interesante.
  • Poco desarrollo de personajes.
  • Ciertas mecánicas de mejora de habilidades pueden hacer el juego repetitivo.
  • Propone muchas cosas, pero arriesga muy poco en todas ellas.
7.5

Bueno

Cumple con las expectativas de lo que es un buen juego, tiene calidad y no presenta fallos graves, aunque le faltan elementos que podrían haberlo llevado a cotas más altas.