State of Mind, impresiones en exclusiva

Ricardo Fernández RicardoFAndres

Lo nuevo de Daedalic es State of Mind, una aventura narrativa con tintes de thriller y ambientación ciberpunk. MeriStation se ha acercado a las oficinas de Avance Disco para probar el juego en exclusiva durante toda una mañana.

State of Mind, impresiones en exclusiva

El ser humano mira al futuro constantemente, trata de imaginarlo, de adivinar cuáles van a ser las tendencias del mañana. ¿De qué forma evolucionará la tecnología? ¿Y la arquitectura? ¿Hasta qué punto cambiarán los valores morales? A pesar de que todas estas cuestiones tienen difícil respuesta, el arte ha intentado representar visiones diferentes. Si la película Regreso al Futuro dibujaba unos dos mil de estética ochentera, Blade Runner retrataba una sociedad decadente de seres artificiales, suciedad y corrupción. La ficción tiende a exagerar y a mostrar mundos imposibles, pero quién sabe, tal vez uno de ellos se acerque a la realidad algún día.

La atmósfera de la habitación es algo fría. Un piano descansa sobre la tarima mientras el robot de limpieza se pasea de aquí para allá, absorbiendo el polvo y las impurezas del suelo. La estancia está decorada con cuadros que al acercarse cobran vida, se expanden como hologramas tridimensionales. Al fondo, el enorme ventanal ofrece una panorámica que impresiona: la lluvia cae incesante sobre los altos edificios metalizados, que en la oscuridad de la noche permanecen iluminados de manera tenue. Constriñendo la mirada, a lo lejos, se vislumbra cómo un tranvía traquetea sobre los raíles, casi más cerca del cielo que del suelo.

El mundo que describimos es el de State of Mind, la nueva obra de los creadores de la saga Deponia, el estudio alemán Daedalic Entertainment. Se trata de una aventura narrativa ambientada en un mundo ciberpunk que recuerda al de Blade Runner, al menos en su concepción estética. Los personajes son low poly, todo lo contrario que los escenarios, que se han diseñado de forma más realista. Imperan los colores oscuros y grises y los materiales metálicos, algo que transmite a la perfección la frialdad del ambiente y de la sociedad. En contraste, las luces de los rascacielos y de los establecimientos rutilan, lo que no significa que se palíe el sentimiento de apatía en el que nos sumergimos junto a los protagonistas y demás personajes que pueblan la ciudad.

En cuanto al apartado técnico, cabe destacar que probamos una versión alfa, de modo que todavía queda margen de mejora. Tal vez sería recomendable una opción para desactivar el efecto blur, pues en ciertos puntos da sensación de mareo. A pesar de que el juego no era final, la traducción al español ya está implementada, así que no habrá ninguna barrera idiomática para los que no dominen la lengua de Shakespeare.

La historia tiene lugar en Berlín, en el año 2048. Aunque solo han pasado unas décadas desde la era contemporánea, las ciudades han mutado hasta el extremo de que la capital alemana ya no es reconocible. La polución contamina el medio ambiente, el crimen campa a sus anchas y los recursos naturales están agotándose con celeridad. Al mismo tiempo, los gobiernos y las compañías prometen mejoras en las condiciones de vida y se valen de la tecnología para apoyar sus líneas de razonamiento. Esa misma evolución ha permitido que los androides sustituyan a las personas en los puestos de trabajo públicos. 

El argumento arranca con un accidente del que apenas tenemos conocimiento. Richard Nolan, veterano periodista, pierde la memoria y se despierta en el hospital. El hilo conductor se desarrolla de la mano del personaje, que sabe casi tan poco como el jugador. En esos primeros compases de aventura, el doctor formula las preguntas que nos permiten trazar las primeras pinceladas de la vida del protagonista, que se esfuerza y se estruja el cerebro para rememorar. El médico llega a la conclusión de que la amnesia es temporal, de modo que los recuerdos regresarán de forma paulatina.

Richard es un personaje amargado y maleducado, algo que se refleja a la perfección en la relación que mantiene con el robot familiar. Se dirige a él de forma despectiva, siempre con malas palabras y vehemencia. Sin embargo, detrás de esa actitud se esconden algunos problemas familiares y la actitud crítica hacia el modo en el que se ha desarrollado el mundo, tan dependiente de la tecnología.

Daedalic, que recientemente publicó la adaptación de Los Pilares de la Tierra, es un equipo experto en aventuras gráficas point and click. Sin embargo, en sus últimos juegos ha experimentado con mecánicas más propias de las aventuras puramente narrativas. Si bien en el caso del título basado en la novela de Ken Follett se mantenían las bases del género clásico, las mecánicas de State of Mind viran hacia un estilo Telltale, por llamarlo de alguna manera, aunque la interacción con los escenarios no está tan encorsetada como en los últimos videojuegos de la desarrolladora californiana. El jugador tiene la opción de toquetear muchos elementos del entorno, a veces para desentrañar partes de la historia, otras simplemente para recibir información adicional sobre el mundo. Los diálogos, por su parte, abren diferentes puertas gracias a pequeñas elecciones. De momento, no estamos en situación de analizar si las diversas opciones afectan a la diégeses o de si, por el contrario, todas ellas confluyen en la misma dirección.

El estudio alemán ha implementado algún que otro puzle sencillo. Por ejemplo, en un momento de la historia, Richard consigue desencriptar un archivo y trata de descubrir a la persona que ha estado merodeando por su casa. Para ello, el jugador debe manipular imágenes hasta formar el cuadro correcto. En otra ocasión, el personaje bucea entre la documentación en busca de las pistas que le permitan seguir avanzando en su investigación. El objetivo es extraer la información correcta eligiendo los documentos válidos. Resulta igualmente cierto que el puzle se resuelve con extrema facilidad, puesto que Richard expresa sus opiniones al leer los artículos y alerta al usuario sobre la pesquisa adecuada.

El inventario no es como el de las aventuras gráficas clásicas. Por lo que hemos visto, no se llena de objetos que debamos combinar o utilizar en un momento concreto, sino que lo empleamos para comunicarnos con otros personajes o para repasar información. Los personajes tienen a su disposición un teléfono holográfico mediante el cual pueden charlar con otros individuos, incluidos los robots. Llama la atención que hasta en ese mundo tan tecnológicamente avanzado, las llamadas en espera continúan estando a la orden del día. 

Los misterios de este Berlín futurista los descubrimos junto a sus personajes. En total cinco protagonistas jugables, aunque durante las horas que estuvimos frente a la pantalla, solo nos dio tiempo a controlar a Richard y a Adam. Este último mantiene una actitud opuesta con respecto a la del huraño periodista. A pesar de que ambos son padres de familia, la relación de Adam con su mujer e hijo es muy cercana. El punto de unión entre los dos protagonistas es que han sido víctimas del accidente, un accidente que todavía no se ha revelado cómo fue. A simple visto, el vástago de Adam no parece tener ninguna secuela física o psicológica, pero acude a revisiones a petición del médico. Le dice que no hay de qué preocuparse, aunque le insiste en que continúe acudiendo a las revisiones.  

A medida que la historia ata cabos, adquiere toques de thriller. En Berlín no todo es lo que parece, y cuando los protagonistas meten las narices en asuntos turbios, las conspiraciones quedan al descubierto. Agosto será el mes en el que descubramos todo lo que se esconde tras esta mezcla entre utopía y distopía. ¿Ganarán los poderes corruptos y su podrido orden social o lo harán Richard y los demás desencantados?

State of Mind

State of Mind es una aventura en forma de thriller futurista que se adentra en el transhumanismo. El juego explora temas de separación, descoyuntura y reunificación en un mundo dividido entre una realidad material distópica y un futuro virtual utópico. A cargo de Daedalic Entertainment para PC, PlayStation 4, Xbox One y Switch.

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