Monitores panorámicos ¿Es el momento de los 21/9?

Xabier G.

El monitor, por su precio y por ser el principal interfaz de nuestros PCs, es la compra más importante en su configuración. Acertar con el balance justo entre prestaciones, precio y calidad de imagen ya es de por sí complicado y ahora se suman las dudas sobre el formato. Los nuevos monitores panorámicos tienen un aspecto impresionante y prometen ir un paso más allá en la inmersión en los juegos, pero ¿ha llegado ya su momento?

Los fabricantes de monitores por fin han asumido que no cualquier panel da la talla moviendo un videojuego y que los jugadores somos capaces de gastar mucho dinero cuando se nos convence con tecnologías que nos permiten disfrutar más nuestro ocio. 

De este modo hoy encontramos en el mercado monitores diseñados con los videojuegos como principal desempeño. Se ha pasado del monitor multifunción “de toda la vida”, a otros cuyas prestaciones se han convertido en el nuevo horizonte a alcanzar por cualquier jugador. ¿El problema? Que estas prestaciones tan beneficiosas para el juego se consiguen sacrificando otras de las que quizá no deberíamos prescindir si usamos el PC para algo más que jugar “shooters”.

Sobre el papel sería muy sencillo configurar el monitor perfecto para cualquier jugador. Vamos a probar: Un panel UltraWide 21/9 de 34”con resolución 2560x1440. La fidelidad de color y ángulos de visión de los paneles IPS. La velocidad de respuesta, 1ms, y de refresco, 240 Hz, de los paneles TN. El contraste 3000:1 y el precio de los paneles VA… y luego sumar una pizca de tecnologías al gusto de cada uno: G-Sync, FreeSync, Anti luz azul, anti “flickering”, ecualizador de negros, EyeCare…

Como hemos dicho, eso es sobre el papel, porque en la práctica estamos aún lejos de alcanzar un monitor así. Hoy hemos de sacrificar unas prestaciones en favor de otras y la única manera de acercarse al equilibrio se consigue a base de dinero; mucho dinero.

Para colmo, si la elección ya era complicada, se unen a la fiesta esos monitores que motivan este artículo: Los super panorámicos o Ultra Wide. Un producto que ha llegado pegando muy fuerte gracias a su aspecto; tan nuevo y avanzado que, desde el primer vistazo, ha convertido nuestros clásicos monitores 16/9 en un vetusto cacharro con aspecto de televisor CRT.

Al jugador ya no se le van los ojos a las “specs” del producto, sino a la galería de fotos donde enormes pantallas de 21/9 e incluso 32/9 prometen sumergirle en el juego como nunca antes había sido posible. En este artículo trataremos de alejarnos de esa atracción impulsiva y de hacer un recorrido por los criterios, de menor a mayor importancia, que habríamos de analizar a la hora de decidir si ha llegado el momento de migrar a un monitor panorámico.

Primer criterio: Si es bueno y bonito… no será barato.

Nuestro presupuesto será determinante en nuestra definición a favor o en contra de un monitor panorámico y empezaremos por la más obvia de todas: no existen buenos monitores panorámicos para jugar que se vendan baratos.

Si tenemos un presupuesto cerrado y buscamos en la web monitores gamer a ese precio, rápidamente la vista se nos irá a ese panel 21/9 que tan bien nos quedará en el escritorio y que, sorprendentemente, cuesta igual que los “viejos” 16/9. Antes de cometer el error de elegirlo, habríamos de pensar que el precio de los paneles, ya sea desde el de un móvil a una TV de 65”, se calcula mediante el producto de su calidad y su superficie. Y a esta relación se suma una variable bastante más subjetiva y es que los monitores panorámicos, por eso de la novedad, son más caros que los 16/9 de las mismas características y superficie, simplemente por el atractivo que supone su aspecto más moderno tal y como hemos visto con los inútiles televisores curvos. 

La conclusión es que entre paneles 16/9 y 21/9 del mismo precio, el panorámico presentará unas peores prestaciones, algo que podemos confirmar investigando las especificaciones técnicas. Hemos de tener claro que el monitor es el componente en el que más desaconsejable es ahorrar, así que huid de los monitores 21/9 a precio de ganga.

Segundo criterio: el tamaño siempre importa.

Perdonadnos si este apartado resulta demasiado obvio, pero preferimos recordar que el tamaño de los monitores viene indicado por la longitud en pulgadas de su diagonal. Así, un monitor 16/9 de 24 pulgadas nos puede parecer un tamaño adecuado para nuestro escritorio y equivocarnos al pensar que un panorámico de 25 pulgadas puede ser igualmente suficiente. No es así. Estos monitores son mucho más apaisados, con lo que a igualdad de diagonal, el aprovechamiento de la superficie en un 21/9 es mucho menor que en un 16/9.

Hay en el mercado numerosos monitores panorámicos de 25” y resultan muy baratos, pero ese tamaño tan reducido hace perder todo el sentido a optar por un panorámico. El propio formato panorámico pretende ofrecer una mayor superficie de visionado y un tamaño de 25” no solo no lo consigue; todo lo contrario. Por otra parte condicionamos un espacio de visionado menor, demasiado estrecho, a un formato 21/9  que ya de por sí tiene otras limitaciones. Pensemos que un monitor convencional 16/9 de 24” nos muestra una imagen vertical que unos 42 cm, mientras que un 21/9 de 25” sólo nos permite unos 28 cm.

Así pues, si de verdad pretendemos quedar satisfechos con una migración a los nuevos formatos Ultrawide, el panel ha de ser de un tamaño superior a las 29”, recomendando las 34” (donde ya encontraremos resoluciones 2k 2560x1440).

Tercer criterio: ¿Para qué quiero yo esto?

Entramos ya en los criterios más determinantes. Este artículo está dirigido a las ventajas o desventajas de los monitores panorámicos en los juegos, pero todos asumimos que nuestro uso habitual del PC generalmente va más allá de ellos. Si trabajamos con edición de vídeo o sonido, con ofimática, estamos acostumbrados a la multitarea y al uso simultáneo de varios programas… En ese caso un monitor panorámico se convertirá en imprescindible para nosotros en  cuanto trabajemos unas horas sobre él. De hecho no nos cabe duda de que el futuro de los monitores, de todos ellos, desde el PC a las TV, pasa por un formato más ancho que el actual estándar de 16/9. ¿El problema? Que los monitores Ultrawide ideales para trabajar, con paneles IPS y resolución 2K, son lentos, con respuesta mínima de 5 Ms y frecuencias máximas de 60 Hz, poco que ver con las prestaciones que precisamente se buscan para jugar, además de costar muy por encima de los mil euros.

Pero si nos centramos en lo nuestro, los videojuegos, es preciso concretar a qué géneros jugamos. Si somos unos fanáticos de los shooters y dedicamos nuestro tiempo a títulos como Battlefield, Overwacht o Quake Champions, sobre el papel veremos grandes ventajas a ese campo de visión ampliado que nos ofrece un panorámico. Efectivamente cuando pasamos de un 16/9 a un 21/9 advertimos que en pantalla vemos una superficie del escenario que antes no veíamos. Siguiendo con la teoría, ese mayor campo de visión nos permitirá ver a enemigos antes ocultos por los laterales  y, en definitiva, tener ventaja sobre el resto de jugadores que van sobre monitores convencionales.

Pero es solo teoría. En la práctica pronto comprobamos que esa superficie de visionado extra no nos sirve de nada. Como jugadores en los FPS estamos centrados, valga la redundancia, en la zona central de la pantalla; allí donde tenemos el punto de mira. Para mirar a uno u otro lado lo que hacemos es mover el ratón y apuntar hacia allí. La exigencia de atención es tan alta que durante el juego no desviamos la vista de esa zona central y apenas apreciamos lo que ocurre en los extremos laterales. En los conflictos armados reales a eso se le llama precisamente “visión en túnel”.

Un buen jugador de FPS lo que le demanda al monitor es una respuesta inmediata y un movimiento fluido. Dicho de forma concreta, bajas velocidad de respuesta y de latencia y altas frecuencias de refresco. Y conseguir las prestaciones más altas en esas características en un monitor panorámico es carísimo. El jugador de FPS se encontrará mucho más satisfecho gastando su dinero en un 16/9 rápido que en un espacio de visión extra que no va a aprovechar.

Y por si fueran pocas razones para desaconsejar los panorámicos a los jugadores de FPS, títulos como Overwacht, uno de los más jugados del momento, se encuentran expresamente limitados en cuanto a su formato de reproducción. Podremos jugar con marcos negros en los laterales o escalando los 1920 píxeles de ancho a los 2560 de nuestro panorámico, siendo dos soluciones muy molestas para el jugador. Es una decisión que ha tomado Blizzard precisamente buscando la igualdad de condiciones entre sus jugadores.

Y hasta aquí podemos desaconsejar este formato. Únicamente los fanáticos del FPS se verán decepcionados con esos 640 píxeles extra de imagen. El resto… Aquellos jugadores que disfruten con títulos como The Witcher, Assassins Creed, GTA y, en general, con juegos en tercera persona en mundos abiertos, sí que obtendrán de los 21/9 eso que desde un principio ofrecen: mayor inmersión, una experiencia más espectacular y, en definitiva, una mayor satisfacción gráfica a la hora de jugar.

Títulos de este tipo en un monitor panorámico curvo consiguen una inmersión en la acción muy superior al logrado por el formato clásico y no vamos a hablar de los extremos formatos 32/9. El formato denominado Súper-Ultra-Panorámico, del que Samsung ha presentado la punta de lanza bajo el nombre de Samsung CHG90, con sus 49” consigue generarnos una sensación de inmersión a medio camino entre los monitores convencionales y la Realidad Virtual. 

Por último, sí que hay un importante número de jugadores que obtendrán una ventaja objetiva frente a sus rivales al contar con un monitor panorámico. Existen no pocos títulos en los que tener campo de visión es determinante. Hablamos de los simuladores, tanto deportivos como de combate, juegos donde resulta decisivo ver cuanto antes dónde están los rivales, como en los MOBA tipo Dota2 o LoL, o en deportivos como NBA, Fifa o PES.  Ver más escenario que los rivales supone una ventaja innegable.

Mención aparte merecen los simuladores de conducción, sobre todo para aquellos jugadores que gustan de la vista desde el interior de la cabina. Además de la ya comentada inmersión, el ángulo de visión extra permite ver a través de las ventanillas laterales del coche y poder prever mejor el vértice de las curvas en un circuito muy virado o cómo los rivales te meten el morro al intentar adelantar. Este género, el de los simuladores, seguramente es el más beneficiado por el cambio de formato. De hecho basta analizar quiénes son los jugadores que hoy día se instalan configuraciones de dos y tres monitores para echar sus partidas.

Cuarto criterio ¿nos lo podemos permitir?

Ya hemos repetido en varios momentos del artículo lo determinante que es el presupuesto. Hemos incidido en que para hacerse con un monitor panorámico que sea realmente resolutivo en juegos tenemos que gastarnos mucho dinero. Pero es que, además, el resto del hardware va a tener que ir en consonancia y ese espacio más de dibujado va a consumirnos unos recursos gráficos que quizá no tengamos.

Hagamos números. Un monitor “normal”, de los 16/9 más extendidos entre los jugadores, cuenta con 1920x1080 píxeles que, redondeando, son unos 2.000.000 de píxeles. Los monitores 16/9 más adecuados para la producción más allá de los videojuegos, con resoluciones 2k de 2560x1440, dibujan unos 3.700.000 píxeles, casi el doble. Los monitores 21/9 tienen una resolución de 3440x1440, lo que roza los 5.000.000 de píxeles en pantalla. La resolución 4K, en la que aún no hay monitores de formato 21/9, se va hasta los 3840x2160, lo que son unos tremendos 8.300.000 píxeles.

Quizá no hacían falta esos datos para asumir que para mover un juego en un monitor panorámico vamos a necesitar una tarjeta gráfica mucho más potente que la que necesitaríamos en un 16/9. De no asumir que siendo usuario de los 21/9 vamos a tener que elegir nuestra GPU siempre de entre las más modernas, podemos tomar dos alternativas, ambas erróneas. Si optamos por sacrificar la frecuencia de refresco a cambio de conseguir más superficie de visión deberíamos replantearlo. A este respecto no nos cabe duda; si hemos de elegir entre una imagen fluida, y no digamos ya de una escena por encima de los 100 Hz, y el tamaño extra de la escena, nos quedamos con la fluidez.

Y hay una segunda “solución” según la cual podríamos conseguir similares velocidades de refresco con un monitor de mayor formato: manteniendo la resolución. Hay una gran cantidad de monitores de 34” en el mercado cuya resolución es de 2560x1080. Si echamos un vistazo a las cifras que dábamos un par de párrafos por encima, esta resolución no queda tan lejos de la clásica de 1920x1080 de nuestros 16/9 y, por tanto, al alcance GPU más modestas.  El problema también puede resultar obvio: Mismo número de píxeles para llenar una mayor superficie ha de implicar un mayor tamaño de estos y/o una mayor separación entre ellos.

El tamaño del pixel se mide atendiendo a cuántos caben en una pulgada cuadrada (2,54x2,54 cm). Un monitor adecuado con el que poder editar imágenes, leer textos y, en general, sacar partido de un PC, tiene una densidad de píxeles de unos 110 por pulgada. Un monitor de calidad tiene una densidad que ronda los 160 ppp. Estos monitores de los que os hablamos tienen solo 80 ppp. El tamaño del pixel pasa de los 0,23 mm en un monitor de calidad, a los 0,31 que son necesarios para llenar tanta superficie. Si bien es una característica que puede ser pasada en su uso con juegos, cuando pretendemos hacer cualquier otra cosa comprendemos que es una configuración que deja muchísimo que desear y no podemos dejar de desaconsejarla.

Efectivamente hay una gran mayoría de jugadores con monitores 1920x1080 y defenderán a fuego y hierro que sus monitores les permiten tanto jugar como trabajar perfectamente (cosa que no harán cuando se acerquen a los cuarenta), pero no es una resolución adecuada para trabajar con textos o para edición. Y si ya es molesto trabajar en un monitor de 24” con esa resolución, el problema se hace más evidente si apostamos por los 21/9.

Si vamos a pasar a los 21/9 hemos de asumir que vamos a tener que gastar más en tarjetas gráficas de lo que veníamos haciendo hasta ahora.

Quinto y último criterio: Los contenidos.

Ya hemos avanzado nuestra opinión de que el formato panorámico ha llegado para quedarse y es cuestión de tiempo que en los hogares, incluso en las oficinas, se vayan haciendo habituales. No obstante a día de hoy, independientemente de los pros y los contras que hemos planteado más arriba, aún tiene un gran inconveniente: los contenidos.

Quizá el ejemplo más claro lo tenemos en los propios juegos. Existen multitud de juegos compatibles con formatos panorámicos. Cada vez son menos los que nos anulan nuestras pulgadas extra con las horribles cortinas negras. No obstante una cosa es que sea compatible con los 21/9 y otra bien distinta que se haya programado para ellos. Ningún programador va a buscar plasmar en el juego una característica que se va a perder la gran mayoría de sus clientes. No piensa en aprovechar ese espacio extra. Dicho de otro modo, no se programa pensando en otro formato que no sean los 16/9. De hecho se echa de menos que piensen en estos nuevos formatos a la hora de poder configurar la posición del mapa u otros indicadores cuyo tamaño y posición está pensado para resultar cómodos y eficaces en formatos 16/9.

Lo mismo ocurre con el cine. El formato 21/9 es equivalente al 2.35.1, comúnmente reconocido como CinemaScope. Por tanto es el formato ideal para disfrutar de una película si ha sido grabada originalmente en este formato cinematográfico. El problema es que son pocas las películas que llegan al canal de usuario en este formato si las comparamos con la enorme cantidad que llega en 16/9. Durante décadas hemos sufrido la adaptación de películas 16/9 ó 21/9 para verlas en televisores 4/3 con las odiadas cortinillas horizontales o “letterbox”. Tener que hacerlo ahora pero con cortinillas verticales se antoja incluso más molesto. Una prueba de que esto no funciona nos la da el propio mercado. No hay televisores 21/9. Philips se atrevió con un 58” en este formato, el 58PFL9955, y lo retiró del mercado al año siguiente porque apenas vendió unidades. No obstante algo está cambiando cuando las series originales de Netflix o HBO comienzan a llegarnos en formato 21/9, aunque siguen siendo minoría.

Y podemos seguir encontrando ejemplos en cualquier otra actividad que hagamos a diario con el PC. La navegación web aún sigue optimizada para los 1024x768 píxeles, los botones control de ventanas en cualquier aplicación se sitúan en los extremos, independientemente de que nuestra ventana pueda medir 3440 píxeles de ancho, incluso Windows no está optimizado para ese formato… en definitiva, aún nadie diseña o programa con los 21/9 en mente. Es algo que comprobaremos cuando en la mayoría de lo que hacemos a lo largo del día en el PC, no usaremos los extremos laterales. Por el contrario, software de edición, donde la barra de control se alarga todos esos píxeles extra, o las hojas de cálculo donde podremos olvidarnos de hacer "scroll" horizontal, le dan todo el sentido a este formato.

Conclusiones

Todos acabaremos jugando en un monitor panorámico. Si nos lo podemos permitir, es una experiencia que una vez se prueba, engancha. En cuanto a si ha llegado el momento de migrar a ese formato, nos parece que, para la mayoría de nosotros, todavía no. Si las circunstancias obligan a cambiar hoy de monitor, la opción 21/9 ya es interesante y cada año que pase podremos sacar más partido a nuestro monitor. Pero si tenemos un buen monitor 16/9 en funcionamiento, no nos parece el momento de cambiarlo. Aún no…

Podríamos recomendar el salto si tenemos claro que nuestro monitor será exclusivamente para juegos o, por el contrario, para trabajar. Para ambos desempeños hay opciones excelentes, pero aún no han lanzado el monitor que ofrezca las mejores prestaciones en ambos terrenos, circunstancia que sí se da entre los 16/9. Aún no lo han lanzado, pero vamos a toda velocidad hacia ese objetivo.

Si echamos un vistazo a las especificaciones y precios de los monitores dirigidos a los jugadores de tres o cuatro años a esta parte veremos cómo las prestaciones no han dejado de crecer mientras que los precios empiezan a ser razonables.

El monitor que hemos utilizado para fundamentar este artículo ha sido, sin duda, una de las mejores opciones si aspirábamos a un 21/9 realmente completo. El Asus ROG Swift PG348Q tiene el aspecto “gaming” que tanto gusta, con sus leds y acabados metálicos… pero es que además es un monitor efectivo que se acerca a todo lo que podemos demandar tanto para jugar, como para cualquier otra tarea a desempeñar en el PC. Panel IPS de 34 pulgadas, curvo, resolución de 3440x1440, color de 10 bits, refresco de 100 Hz, tiempo de respuesta de 5 ms, DisplayPort, G-Sync y un precio de unos 1200 euros… Se trata de una configuración de monitor y rango de precio que vemos en otros muchos fabricantes, como Acer con su Predator X34 o Dell con su Alienware AW3418.

No obstante nos cuesta renunciar ya a los 144 Hz ó 200 Hz y a la respuesta de 1 ms que tanto nos gusta de paneles TN y VA. Estos paneles IPS se nos antojan algo lentos para juegos y su precio merece que estemos totalmente convencidos. Por otra parte observamos en este ROG de 34" algunos problemas de contraste y de "clouding" que no vemos en paneles IPS de la misma marca y 16/9. 

Decantándonos por la velocidad, sacrificamos la calidad de los IPS y podemos optar por Monitores como el Acer Predator Z35P y sus gloriosos 200 Hz o los 144Hz y ajustado precio del BenQ XR3501. ¿El problema? La pérdida de calidad en los colores debido a las fugas de luz de estos paneles TN respecto al IPS, a la que además hay que añadirle una resolución demasiado baja para un 35” como son los 2560x1080.

El mirlo blanco de los monitores, ese que aúne calidad y velocidad, no parece que esté tan lejos. Ya es posible comprar monitores de 34” con panel IPS, velocidades de refresco de 144Hz y un precio asequible. LG ha puesto en el mercado su 34UC79G que cumple con estas características por debajo de los 580 € en su versión AMD Freesync, si bien se encarece unos 300 € extra si se opta por el mismo monitor con NVIDIA G-Sync. Pero no lancemos las campanas al vuelo tan pronto. La resolución se limita a los 2560x1080, el contraste es 1000:1 y el tiempo de respuesta de 5 ms. Mejorable. Si nos conformamos con 100Hz empiezan a aparecer alternativas asequibles y completas, casi siempre apoyadas en paneles VA, como el Samsung C34F791 que en 34” ofrece 3440x1440 a 100 hz con respuesta de 4 ms por unos 750 €.

Y para los más pacientes soltaremos lo de monitores de juego OLED. La tecnología OLED es, sin duda, la mayor revolución en televisores desde la alta definición y supone un salto tremendo sobre cualquier otra tecnología. No somos pocos los que esperamos ansiosos que esa tecnología llegue al PC. Por el momento únicamente Dell con su UP3017Q OLED presentó un monitor casi perfecto en lo que se refiere a imagen, 4K, con paneles de 60 (y 120Hz que nunca llegó) y tiempo de respuesta de solo 0,1 ms. ¿El problema? Es prácticamente un prototipo con un precio superior a los 3000€. No obstante, al igual que está pasando con los televisores, donde esta tecnología es ya (casi) accesible, pronto llegarán a nuestros escritorios y con ellos la mejor conjunción entre calidad y velocidad.

Como podemos ver, no tenemos a nuestro alcance ese monitor que no nos obligue a renunciar a unas prestaciones en favor de otras, pero las expectativas no pueden ser mejores. Los paneles VA están alcanzando una calidad de imagen que se acerca a los IPS, mientras que estos están logrando a su vez velocidades antes limitadas a los paneles TN. Los coreanos Samsung y LG, principales fabricantes de paneles LED (además de OLED y QLED), se han puesto en serio con esto de los paneles rápidos y no hay que perderles de vista.

La firma de investigación de mercado IHS Markit publicó a finales del año pasado que la demanda y consiguiente producción de paneles destinados al juego (frecuencias altas y latencias bajas) había crecido un 350% en la primera mitad de ese 2017, respecto al mismo periodo del año anterior. Lo comentábamos al principio de este artículo. La competencia entre fabricantes de monitores se está recrudeciendo alrededor de un nicho de clientes al que antes no prestaban apenas atención. El monitor de PC historicamente ha sido un periférico que se cambiaba cada muchos años, pero la actual fiebre del hardware gamer permite que los jugadores veamos nuestros monitores como obsoletos y nos lancemos a renovarlo. Los fabricantes lo saben y ya están muy en serio con ello; sobre todo en las antiguas colonias chinas, dado que la mayor parte de ese tremendo aumento en la producción de paneles gaming tienen detrás a los taiwaneses de ASUS y ACER y a los hongkoneses de HKC. 

Se acercan tiempos interesantes si nos interesan los monitores para jugar. Este verano la feria IFA promete ser muy interesante para todos aquellos que gusten de una buena pantalla, ya sea en el salón, el escritorio, o el bolsillo, con novedades alrededor de la tecnología OLED, 4k y 8K, 240 Hz y, por supuesto, monitores ultra panorámicos para jugadores.