Riddick: el antihéroe oscuro

Cesar Otero

Uno de los iconos de la Ciencia Ficción más reciente como es el prófugo, luchador y furyano Richard B. Riddick regresa a la pantalla tras una década de ausencia. Acompañadnos por este repaso a una franquicia expandida que incluye videojuegos y estrenos domésticos, y que comenzó siendo una cinta pequeña en presupuesto pero grande en intenciones.

“You're not Afraid of the Dark, are You?”

Origins
Hace trece, 13 años ya, un guionista de nombre David Twohy, con un currículum de esos que algunos mirarían con sorna –mal hecho, pues hay joyitas del guilty pleasure que lo hacen atractivo a otros gustos- y en el que figuran el Mad Max acuático que Kevin Costner se montó en la fallidamente épica Waterworld (magistral BSO), el GI Joe femenino de Demi Moore que fue La Teniente O’Neill con un Ridley Scott pre-Gladiator y Black Hawk Derribado, o El Fugitivo con Harrison Ford saltando de cataratas y trenes, decidió volver a la silla de director y seguir en la senda de la Ciencia Ficción tras una pequeña cinta de bajo presupuesto llamada Han Llegado, una estimable serie B sobre aliens que huía del terreno Star Wars para adentrarse más en la senda de Expediente X y que fue considerablemente bien recibida por la crítica.

Y la Sci Fi ‘barata’ fue su siguiente intento de dirigir, aunque esta vez de una manera más ambiciosa. De ella, llamada con la expresión Pitch Black (algo así como "en la boca del lobo"), nació un personaje que parecía destinado a quedarse en esa producción low budget espacial. Pero al que el aplomo de un primerizo Vin Diesel y la efectiva dirección artesanal de Twohy le ayudaron a que el público no se olvidase de él nada más terminar la cinta. De él solamente hay que decir su apellido: Riddick, una palabra de siete letras que engloba una franquicia que, tras dormir el sueño de los justos durante casi una década, vuelve a terrenos fílmicos con una tercera entrega que sabiamente se acerca a los terrenos de ese Pitch Black que lo inició todo.

La historia de esta IP, de esta serie, apenas incluye tres películas de cine, un mediometraje animado y dos videojuegos más un tercero en camino. Pero dentro de su género, el de la Ciencia Ficción, es conocida y bien tratada, a pesar de no contar precisamente con hordas de merchandising, juguetes ni fanáticos seguidores que hayan instaurado ninguna religión furyana. Aprovechando que la nueva cinta, llamada simplemente Riddick, acaba de llegar a los cines, vamos a repasar someramente las aventuras de este inicialmente prisionero  y luego convertido en voz y venganza de todo un extinto pueblo;  siempre el convicto más peligroso de todo su sistema solar, aquel cuya cabeza todos quieren pero nadie tiene el valor de arrancársela, porque antes acabarían las suyas en las picas o peor: asándose el culo en la superficie de Crematoria. Ni Johns, ni Toombs, ni un ejército entero es capaz de hacer hincar la rodilla en tierra al último de los Furyanos, al convicto con ojos operados por 20 cigarros mentolados para ver en la oscuridad.

A Richard B. Riddick

“¿No tendréis miedo a la oscuridad, verdad?”

Pitch Black, 2000

The Animal Side
Dicen que casi todo el cerebro deja de funcionar durante la hibernación. Todo menos el lado primitivo. El lado animal… Ahora entiendo porque sigo despierto”. Publicitada con los blockbusters Universal del verano de 1999, el tráiler de Pitch Black nos sugería una propuesta en la que se acumulaban varios referentes del cine de Ciencia Ficción, particularmente Alien en su tramo final. También nos presentaba una especie de enemigo de voz profunda y gutural al que veíamos pelear contra unos bichos que volaban. Todo ello bajo un tono visual de marcadísimos contrastes lumínicos que poseía un estilo particularmente llamativo.

Teniendo en cuenta su modestia fílmica, algunos dimos por perdida la esperanza de verla por estos lares. Pero Universal, tras el éxito sleeper que fue en los Estados Unidos –costó 23 millones y recaudó más de 50-, tuvo a bien lanzarla fuera para que siguiera prolongando su éxito. Y así, a inicios del 2000, el mundo conoció a un nuevo antihéroe en la piel de Richard B. Riddick, un prófugo encarcelado por un cazarrecompensas de nombre Johns que lo llevaba de vuelta a la cárcel. Huyendo del error de explicarse en demasía, David Twohy comenzaba su cinta con la voz en off de Riddick describiendo más que lo que veía, lo que sentía desde su celda. No se nos dice más que estamos en un futuro en el que las naves espaciales, los viajes interestelares y la colonización espacial son un hecho. No se nos muestra la Tierra, de hecho estamos en un sistema solar que tiene tres soles. Nada, ni un solo punto de referencia más allá de que aceptemos que estamos en una época de viajes espaciales aunque con gente más o menos normal.

Y de repente, bam! Microasteroides impactan en el casco de la nave. El capitán muere. La copiloto discute para soltar la carga humana. El crucero se estrella. Y cuando salimos de la nave con los pocos supervivientes que quedan, nos vemos en un planeta estilo Arrakis de Dune, un puro desierto solo que sin gusanos y Especia. Aquí es donde Twohy hace desaparecer a Riddick sabiamente para que se convierta en una amenaza en la sombra, para que vayamos viendo cómo actúa y piensa. Los estereotipos comienzan a sucederse, pero bien hechos: Tenemos a un cazarrecompensas que dista mucho de ser el héroe –de hecho el guión lo irá convirtiendo en el malo casi progresivamente-, y una nueva capitana a la que Radha Mitchell, que se convertiría en musa gamer 5 años después en la adaptación de Silent Hill, se divierte dándole un tono a lo Ellen Ripley a su personaje. También tenemos un “santón” que nos introduce una cultura árabe, para que los espectadores sigan pensando que la Tierra debe estar por alguna parte. Lo más destacado del reparto, que cumple con la norma de ir muriendo en orden inverso a los títulos de crédito cuando aparecen, es un personaje de un chico llamado Jack que queda fascinado por Riddick, y que no pintará mucho en el guión hasta el tercer acto –y ni aún así-, pero del que sabremos mucho más a posteriori. Y sobre todo Claudia Black, actriz de MoCap y/o doblaje en videojuegos como la serie Dragon Age –Morrigan nada menos- y Uncharted, encarnando a Chloe Frazer.

Y es que la estrella, por encima de los escenarios –fabulosa cinematografía premiada de David Eggby-, el ingenio artesanal de su realizador agitando la coctelera de referencias a la par que dándole personalidad a su universo, o los efectos especiales es sin duda el mejor personaje de la trama: Riddick. Diesel no solo lleva todo el peso del guión incluso cuando no aparece –es motivo constante de preocupación, los personajes siempre lo tienen en la boca-, sino que de enemigo pasará a convertirse en el héroe de la función, en el más carismático y en el malo que debe ganar, puesto que tiene mucha más moral y sentido del honor –esa frase de “no mueras por mi” al final- que todos los personajes buenos del guión.

Una Sci Fi de serie B como las que nos gusta ver a los fans de este tipo de cine, bien hecha, con garra y oficio y elementos a destacar, Pitch Black es una historia de supervivencia grupal que en su tercer acto abraza al cine de género, enfrentando a sus personajes a un grupo de criaturas que son las reinas precisamente en la oscuridad, el punto fuerte de Riddick al poseer unos ojos que según él, se los operaron en el trullo por 20 cigarros mentolados, algo que una de las piezas de la franquicia nos aclara, pero que nunca vemos en ninguna de las tres películas. Con un final que no revelaremos, pero que gusta y que no podía ser de otra manera, por el camino de su metraje Twohy, que hace maravillas con lo limitado del presupuesto, nos regala instantes como el acertado inicio, que pasa del monólogo susurrante de Riddick al choque de la nave visualizado con energía; ese escenario imposible en la superficie de M6-117 en el que la aparición de un planeta con anillos en una órbita casi colindante revela una visión mesiánica de este; la dolorosa forma de Johns de quitarse el mono; la carrera contra el crepúsculo; el ballet posterior de las criaturas emergiendo o Riddick fundiéndose con las sombras cuando la oscuridad reina.

Está claro por la legión de seguidores que Pitch Black tiene que David Twohy y sus dos guionistas acertaron de pleno con un film modesto en presupuesto, grande en cuanto a sus intenciones. Rodar ciencia ficción con localizaciones exóticas, efectos especiales, criaturas y naves con poco dinero es siempre un desafío, pero la carencia de pasta incentiva la imaginación, y el director aprobó con tanta nota, que Universal le encargó una secuela y una franquicia alrededor del personaje que ya era icono. Convertida en una cinta de esas que muchos descubren ya en el mercado doméstico y siempre a través del boca a boca de amigos o dependientes, Pitch Black no ganará nunca un Oscar ni estará en ningún In Memorian, pero deja un grato recuerdo en el espectador que otras cintas de temática espacial el triple de costosas no consiguen. Y eso vale más que cualquier premio.

“-¿Recuerdas cuál es tu juego favorito?
- ¿Quién es mejor asesino?
- ¡Juguemos!”

Las Crónicas de Riddick, 2004

Eres Dueño de lo que Matas
Lo bueno que tiene un personaje misterioso, ya sea asesino en serie, vampiro, cazador o semidios, es eso, que no lo sabemos todo de él. Sus acciones pasadas se intuyen, su vida se cuenta con los pedacitos necesarios, pero ya está. Si cuentas demasiado de él, puedes arruinar ese misterio que lo hace tan atractivo. El Hannibal Lecter de El Silencio de los Corderos perdió parte de su encanto cuando Thomas Harris aceptó el jugoso cheque de Dino de Laurentiis y le relató con pelos y señales el pasado del serial killer más fascinante; el concepto mítico de la Fuerza de Star Wars se diluyó en una chorrada científica que acabó con más de dos décadas de mito por culpa de un George Lucas que nos fastidió la función con los midi-clorianos de La Amenaza Fantasma.

David Twohy, tras el fracaso de Below –una fallida pero interesante cinta de fantasmas estrenada en plena fiebre de sustos tras El 6º Sentido y The Ring que al menos tenía un escenario ciertamente original: un submarino en plena 2ª Guerra Mundial- , se vio con la tarea de darle al esquivo Riddick no solo un pasado, sino un universo entero y una mitología. Aceptando el desafío, puso en marcha la ambiciosa secuela de Pitch Black, conocida como Las Crónicas de Riddick. Ambientada cinco años tras su antecesora, TCoR nos presentaba nada más empezar a un nuevo enemigo en la forma de Necróferos, una raza disciplinada militarmente que desean conquistar y someter cuantos más planetas mejor. Riddick, oculto en un planeta helado, se ve perseguido por un nuevo cazarrecompensas, Toombs –doblado por el inmenso Alfonso Vallés-, por lo que decide volver a la civilización a saber qué le ha ocurrido a la única persona por la que se ha preocupado: Jack, el niño de Pitch Black que resultó ser una niña.

Lo que sigue es una trama que ahonda en el pasado del protagonista, revelándonos una misión cuasi mesiánica de furia –literalmente- y venganza en nombre de una raza. Su propia raza: los Furyanos. En medio se suceden otras sub-tramas que nos presentan al Lord Mariscal, jefe de la raza enemiga con un curioso poder de arrancar almas y capaz de moverse como si se desplazara entre planos existenciales; su asistente Lord Vaako –Karl Urban, el nuevo juez Dredd- y su pérfida esposa –una bellísima y sibilina Thandie Newton; y un intento de resistencia por parte del enemigo. Riddick, como todos los elegidos, no quiere saber nada y decide ir en busca de Jack, solo para encontrarse que la niña es una guerrera tan bella como mortífera y asesina, que ha aprendido a cuidarse sola en un entorno hostilmente masculino –convincente Alexa Davalos, aunque los fans pedían la vuelta de la actriz de Pitch Black. “Jack era débil. Murió. Mi nombre es Kyra. Y soy un nuevo animal”.

Dark Wars
Una Star Wars oscura” era como David Twohy nos definía el regreso de Riddick. Y ciertamente la vuelta del icónico prófugo fue en forma de una cinta de ambiciones y escala el triple que la original y diametralmente opuesta en cuanto a estilo, escala, intenciones y presupuesto. No solo presentaba a los Necromongers, sino a otras razas como la furyana o la de los Elementales. La mitología que su director pretendía lograr se podía palpar en escenarios, planetas, vestuario, intenciones, pero el problema es que la ambición de Twohy jugó esta vez en contra de sus posibilidades como director -no así en Pitch Black o Han Llegado-, por lo que es inevitable pensar que Las Cronicas le quedó muy bien visualmente, pero algo grande en cuanto a establecer un punto de partida de una saga espacial tan grande como la de George Lucas. Pero aunque la crítica no la recibiese nada de bien, Las Crónicas de Riddick es agradable de ver por su sentido de Space Opera en la que los 120 millones de dólares que costó se dejan ver en un diseño de producción lujoso y trabajado con ecos del Dune de David Lynch; y un despliegue visual y de escenarios en los que la pasión de su director por lo que está contando es palpable.

Quizás a algunos les aburrieron las intrigas palaciegas de los Necromongers con sus traiciones y suspicacias, o el pasado de Riddick por el que se pasa demasiado de puntillas como para que de verdad tenga el peso requerido en la trama –de hecho para entenderlo mejor tenemos que ver el muy recomendable montaje del director, y evitar la versión de cines-, pero la cinta funciona bien como entretenimiento con envoltorio de lujo como cuando Riddick acude al mundo más recordado: Crematoria, un infierno en la superficie en el que la segunda parte de la cinta transcurre dentro de un ambiente carcelario, y en la que la relación de Riddick y Kyra logra sus mejores instantes al encerrarse en el tono Pitch Black de ambiente hostil y personas enclaustradas. En escenas podemos recordar su espectacular prólogo; la visualización de mundos como New Mecca; cuando Lord Mariscal intenta doblegar mentalmente a Riddick; toda la parte carcelaria; la impresionante y rítmica set-piece corriendo por la superficie huyendo de la tormenta solar –la BSO de Graeme Revell recuperando el leit-motiv de la serie en un ejemplo de sinergia perfecta con las imágenes; o su totalmente inesperado plano final, que cerraba con un cliffhanger y nos dejaba elucubrando con ganas de saber ese “vale, ¿y ahora qué?”.

“Muerte por taza de té... caray ¿por qué no se me ocurrió a mi?”
Es por ello que cuando nos paramos a pensarlo, en verdad Las Crónicas de Riddick tienen bastantes momentos buenos y un puñado de frases lapidarias de su protagonista, remarcadas con escenas como el culmen que supone el instante de la taza de té. Puede que fallase en cuanto a sus intenciones de lograr ser el Star Wars del Siglo XXI, pero en eso también tiene parte de culpa Universal y su departamento de marketing, deseosos de recuperar lo invertido. A ratos la cinta es una Space Opera ambiciosa, a ratos un comic magistralmente plasmado,  pero cuando una cinta tiene un protagonista tan poderoso y un director tan entregado tras la cámara, el resultado para los que no son críticos de cine y solamente buscan un blockbuster palomitero con el que divertirse se hace patente en cuanto a pasarlo bien. Quizás es precisamente ese aire de ‘peli de Vin Diesel’ –ya se habían estrenado A Todo Gas, Diablo y Triple X- que sobrevuela por todo el intento de establecer una mitología seria y duradera lo que la lastra, ya que en Pitch Black importaba más el personaje Riddick que el actor Diesel. Pero es innegable el hecho de lo que cuesta disociar al uno del otro.

Como ya hemos dicho, ambas entregas no pueden ser más distintas: Serie B Low budget frente a épica veraniega con presupuesto AAA de Major, y siempre tendrá las de ganar Pitch Black por ser la primera, por tener un conjunto mejor rematado y por ser la presentación del icono de la saga. Pero Las Crónicas de Riddick es una de esas cintas que más de uno, cuando la cazamos en TV, nos sentamos a verla entera. Que gusta si se es fan de la saga, del personaje. Que entretiene. Y que luce su presupuesto en momentos a recordar. Pocas veces veremos en el género personajes tan logrados y recordados como el furyano de los ojos brillantes, por lo que algunos agradecemos a David Twohy que al menos intentase atreverse con una cinta tan ambiciosa para establecerle un universo a su criatura Riddick. Los resultados para fans de Pitch Black, de la space opera, del género y de la ciencia ficción serán discutibles, pero, ¿y lo bien que uno se lo pasa viendo a Riddick y Kyra jugar a su juego favorito? “¿Quién es mejor asesino?”.

 

 “Desde luego, sabes cómo hacer una entrada”

Dark Fury: Las Crónicas de Riddick, 2004

Enter the Collector
Estrenada en DVD junto a Las Crónicas de Riddick cuando ésta llegó al formato de cine doméstico, Dark Fury fue una de las continuaciones en formato animación que Universal sacó ese año para acompañar a sus blockbusters en la llegada a las tiendas –la otra fue una basada en el Van Helsing de Stephen Sommers- y que por encima de su propósito comercial, para los fans del universo Riddick establece elementos que vemos en la secuela de Pitch Black. Basada en una historia del propio David Twohy, Dark Fury comienza justo inmediatamente tras el final de Pitch Black (atención, Spoilers), con Riddick, el Iman Abu al-Walid y el pequeño Jack, que resultó ser la pequeña Jack, una mujer.

La nave es apresada por un enorme crucero de mercenarios cuyo líder es Antonia Chillingsworth, mala malísima cuyo hobby es nada menos que capturar criminales y tenerlos vivos como trofeos. Siendo Riddick el más notorio de la Galaxia, la tentación es irresistible, por lo que el trío protagonista tiene que pelear su escape de la nave. Un mediometraje animado –apenas 34 minutos-, Dark Fury se presentaba como el puente que enlazaba Pitch Black y Las Crónicas de Riddick. Y lo logra, ya que en su condensada duración nos presenta al mercenario Toombs que perseguirá a Diesel en la segunda película. Pero donde radica el verdadero valor para los seguidores del universo Riddick es en que vemos la evolución de Jack, pasando del asustado personaje de Pitch Black a un conato de la asesina autodidacta que nos encontraremos en Las Crónicas.

Con un final que enlaza de manera directa con el inicio de la segunda cinta, Dark Fury es un imprescindible para los fans de ese genio de la animación que es Peter Chung, el creador de la visionaria serie AEON FLUX de la MTV –no confundir con la adaptación de Charlize Theron-, y que también ha participado con su celebrada pieza en la compilación Animatrix de The Matrix. La cinta es un puro Chung constante en cada plano, diseño de personaje y escena de lucha/acción, llevándose a Riddick lo justo a su terreno para resultar familiar a los fans de ambos. Con el acierto de las voces de los actores originales –Diesel, Keith David, Rhiana Griffith, Nick ‘Toombs’ Chindlund-,  Dark Fury no pasa de mera curiosidad para algunos, pero para otros supone una pieza que revela pequeños pero importantes detalles como decisiones de Riddick o el mencionado cambio de Jack, dando un vistazo de esa futura Kyra.

“Aaaah… Butcher Bay. Siempre me guardan una celda por si me paso a hacerles una visita…”

Las Crónicas de Riddick: Escape de Butcher Bay y Assault on Dark Athena, 2004-2009

Triple Seguridad
Como nos pongamos a enunciar los juegos mediocres que se han lanzado basados en licencias cinematográficas, nos podríamos llevar páginas y páginas de títulos. Pero no siempre ocurre esto, y a veces una licencia es tratada con el respeto que su material demanda. Cuando Las Crónicas de Riddick llegó al cine, lo hizo también un videojuego basado en la serie. Pero lejos de encontrarnos con la típica panoplia comercial de marketing para sacar dinero, resulta que Starbreeze se sacó de la manga un exclusivo de la primera Xbox y PC que obtuvo unas críticas excelentes y se convirtió en uno de esos ejemplos de cómo se debe adaptar los elementos de una película y/o universo.

Escape de Butcher Bay, aparte de contar con la voz y el aspecto de Vin Diesel, ampliaba el universo Riddick viendo la acción casi anterior que luego derivaría en Pitch Black. Huyendo de lo fácil, el estudio y David Twohy nos narraron los orígenes del furyano –la trama del juego es la primera en la cronología de la serie y el personaje- , relatándonos en formato de aventura de acción en primera persona cómo Riddick se fugó de la prisión de Triple Seguridad de la que se nos habla en las películas, en un juego que excedía el confinamiento FPS para convertirse en una aventura de algo más que tiros. Combates , un uso magistral de la infiltración, y el carisma a raudales de la voz gutural de Diesel conformaron una auténtica sorpresa visualmente sólida –algo breve- y de los mejores exclusivos de Xbox que todo el que busque una buena experiencia en 1ª persona debe probar, aprovechando su reedición HD en PlayStation 3 que le da un acabado visual superior al tiempo que mantiene toda la esencia y mecánicas que lo convirtieron en un grande. Un imprescindible sobre todo por una cinemática en particular, aquella que nos narra cómo el prófugo Riddick obtuvo sus brillantes ojos. Y es que como veíamos, no le mintió exactamente a Kyra cuando le dijo cómo obtenerlos.

La mencionada reedición en HD para PlayStation 3 no se limitó al título original, sino que más bien éste era parte de un pack doble que incluía otra aventura de Starbreeze y Tigon Studios. Asalto en Dark Athena comenzaba justo inmediatamente tras el final de Butcher Bay –no salimos de una y nos metemos en otra-, situándonos en un escenario parecido al del corto Dark Fury: un crucero de mercenarios. Manteniendo una jugabilidad similar de moverse aprovechando las sombras, y con un acabado visual mucho mejor en comparación –no olvidemos que Butcher Bay tenía ya cinco años cuando este juego salió a la calle-, el problema fue que Dark Athena no estuvo a la altura del recuerdo y la genialidad en la mezcla de géneros que fue Escape from Butcher Bay, quedándose en una suerte de FPS más común, con escenarios más lineales y más esquema de shooter genérico e importancia en los disparos cuando Butcher había escogido otro camino.

“Uno menos… tres menos. ¿Ves hacia donde quiero llegar con esto?”


Riddick, 2013
9 años enteros. Casi una década ha tenido que pasar para que Richard Riddick regresase al fin al cine. Universal, tras el recibimiento dispensado a Las Crónicas de Riddick, estuvo a punto de soterrar la serie al mercado del video doméstico, a pesar de las peticiones de Vin Diesel de hacer volver su personaje más querido. Por fortuna, y tras revalidar su estatus de estrella con el espectacular éxito de las últimas entregas de A Todo Gas, Diesel y David Twohy nos han devuelto a insigne Riddick en una entrega que continúa tras el final de Las Crónicas, pero que se aleja del tono de ésta para sumergirse de pleno en la ambientación y el terreno Pitch Black, recuperando el lado más primitivo, salvaje y furyano del personaje, además de la calificación +18 que no escatima escenas sangrientas. Criaturas mortales, mercenarios sin escrúpulos y una acción que transcurre en un solo planeta son las bases que la nueva cinta utiliza. Y de momento va primera en la taquilla USA con casi 20 millones de dólares en su primer fin de semana, a los que se les suma 7 de otros mercados. Quizás no parece mucho, pero teniendo en cuenta que su presupuesto es más cercano al espíritu de Pitch Black –Riddick ha costado 35 millones $ solamente-, simplemente con una semana más y el mercado doméstico logrará recuperar como mínimo su inversión base. Una buena noticia de cara a seguir viendo al furyano de nuevo en salas.

Y como nunca hay dos sin tres, la creación de David Twohy no solo vuelve al cine, sino también a los videojuegos en un dato que se ha conocido recientemente, ya que durante las entrevistas de promoción de Riddick, Vin Diesel ha revelado que están juntando de nuevo al equipo de Starbreeze que se encargó de Butcher Bay y Assault on Dark Athena para volver al universo Riddick virtual. De momento no se sabe más que parece que se inscribirá en el género MMO (Massive Multiplayer Online): “Tenemos este gran concepto [detrás del juego] que versa más sobre un título MMO que estaría centrado alrededor de que la gente pueda jugar como mercenarios, y se trata básicamente del comercio mercenario”. Para Diesel, de nuevo metido en tareas de productor, los videojuegos permiten expandir la mitología y el universo Riddick sin tener que recurrir a los costosos presupuestos del cine, algo reflejado por ejemplo en Escape from Butcher Bay. De momento, con el estudio aún reajustándose, es pronto para hablar de fechas  -seguramente sería más acertado pensar que el juego llegaría en el estreno de una hipotética cuarta entrega cinematográfica si Riddick convence en taquilla-, pero teniendo en cuenta el interés actual por los MMOs y la riqueza de elementos a usar en cuanto a la licencia Riddick, veremos qué tal sentará el cambio de género. Sea como fuere, Riddick, el prófugo, el guerrero, el furyano, ha vuelto al fin tras una ausencia demasiado larga. Esperemos que se quede por aquí de nuevo una buena temporada. “Sólo habrá una velocidad... La mía. Quién no pueda seguirla, que no se apunte. Moriría”.

 

Las Cronicas de Riddick: Fuga de Butcher Bay

Aprovechando el tirón de Vin Diesel, el actor-luchador de Wrestling, Pitch Black, la película de terror espacial regresa. Y con ella esta adaptación jugable.
Las Cronicas de Riddick: Fuga de Butcher Bay