Fast & Furious: Showdown
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Fast & Furious: Showdown

Salva Fernàndez salbaFR

Fast and Furious 6 llega a las carteleras españolas este viernes, y con ella también lo hace este videojuego de Activision para PS3, Xbox 360 y Wii U.

Activision genera mucho dinero gracias a la saga Call of Duty. De eso no hay duda. El éxito superlativo de la franquicia que desarrollan Treyarch e Infinity Ward ha roto cualquier comparación posible y se ha convertido en el número 1 comercialmente hablando en la generación actual de consolas. Modern Warfare tuvo la culpa. Pero no es de lo único que vive la compañía norteamericana. Mientras la franquicia bélica genera y factura lo que no está escrito, hay otros pequeños proyectos licenciados que Activision intenta dar salida para engrandecer sus arcas. Pero solo con el nombre no se vende, y eso es lo que han demostrado juegos como The Walking Dead o 007 Legends. A este compendio de licencias se le añade esta semana Fast & Furious: Showdown. Sí, la sexta película de esta serie se estrena este mismo viernes.

Fast And Furious, conocido en nuestro país como A Todo Gas, se estrenó en el año 2001 con Paul Walker y Vin Diesel como protagonistas. La historia narraba como Brian (Walker) se infiltraba en una banda de carreras callejeras comandada por Dom Toretto (Diesel). A partir de aquí, acción a raudales, coches a la última y un acercamiento al mundo del tunning desde el punto de vista hollywoodense.  La fórmula gustó, o al menos eso parece viendo que posteriormente fueron llegando nuevas secuelas hasta la sexta entrega que se estrena este viernes y en la que aparece también Dwayne Johnson “The Rock”, otro ilustre de las películas de acción que ya se había estrenado antes en Fast and Furious. Walker, Diesel y Johnson son el reclamo de la sexta entrega. Y Activision considera que lo mejor es intentar aprovechar el tirón para sacar un juego que emule sus aventuras. El resultado no podría ser más desalentador.

Firebrand está detrás del desarrollo de este videojuego. La compañía ha estado en los últimos años trabajando sobre todo en videojuegos portátiles para Nintendo DS (Ferrari Challenge, Trackmania, DiRT 2, Planet 51) y algunos acercamientos a las plataformas sobremesa.Los más destacados NASCAR Unleashed o Need for Speed The Run en Wii. Poca cosa de éxito para esperar alguna maravilla de esta licencia de Fast and Furious. Pero una cosa es esperar poco y la otra encontrarse con uno de los peores videojuegos que un servidor recuerda. Cuando algún amigo comenta la “suerte” de trabajar en esto del ocio electrónico es inevitable pensar las horas invertidas en juegos como Fast and Furious Showdown y creer que no siempre es oro todo lo que reluce. Aunque aquí, que reluzca, poquita cosa. Ni los coches tuneados.

¿A todo Gas?
Es difícil explicar la trama del juego Fast & Furious Showdown. El título se basa en algunos de los protagonistas de la película, como ciertas chicas que sirven como narradoras de los acontecimientos que se irán dando o la presencia de algunos “héroes de acción” como el propio Brian y Dom. La campaña principal cuenta con diez episodios de duración muy variable: algunos duran un suspiro como los dos primeros, otros tienen un par o tres de actos. Acabar con el juego no es demasiado complicado, y si no fallamos demasiado en las misiones (algo que no tiene por qué ser culpa nuestra, sino por agentes externos que ahora explicaremos) en un par o tres de horas estará finiquitado. Duración irrisoria, pensarán algunos, pero todo es relativo. ¿Tres horas jugando a esto? Nos parecen demasiadas. Entre fase y fase nos explican más o menos lo que hacemos, pero la verdad ni las cinemáticas están bien hilvanadas ni importa demasiado.

Fast and Furious Showdown es un juego que intenta mezclar diversos géneros, pero principalmente es un título de carreras callejeras. Tendremos que realizar diversas misiones en ubicaciones de lo más variadas (desde Buenos Aires a México) donde hay algún objetivo que cumplir. Escapar de la persecución policial, ganar una carrera contra diversos vehículos controlados por la IA, acercarnos a una furgoneta u otros vehículos para asaltarlos en movimiento…  Es la parte más importante del título o una de las más relevantes. Y ese es el principal problema del título, aunque no es el único. Los problemas acechan cuando empezamos a controlar el juego que a priori es de lo más sencillo: dar gas, frenar, derrapar con un botón, turbo nitro con otro y acción de levantar coches embestidos en ciertos momentos. La fórmula tiene un toque Burnout, subiendo experiencia haciendo acciones peligrosas como ir por los carriles en contra dirección, pero queda en mera anécdota.

Una vez en carrera el despropósito es mayúsculo.  La sensación de velocidad no está mal, pensamos. El control de los vehículos tienen su miga y si vas a todo gas en una curva no girarás, nos autoconvencemos. Y ya. Lo que debería ser un arcade de conducción entretenido y sin muchos alardes se convierte en un via crucis gracias a la gran cantidad de elementos que fallan una vez estamos in-game. La IA enemiga es uno de los principales escollos para pasarlo bien.  Los policías nos persiguen para intentar frenarnos, pero los veremos chocando entre ellos, poniéndose delante de nosotros y no frenando sino siguiendo adelante (como si fuera una carrera), haciendo maniobras totalmente extrañas como volantazos en medio de una recta en la que no hay ningún tercer vehículo y dando la sensación de que la IA está mal calibrada. Muchas veces ellos mismos se neutralizarán solos chocando con algo sin motivo aparente.

Estas secuencias, además, se mezclan con nuestras posibilidades al volante. El botón de embestir y levantar coches sirve para chocar contra vehículos –tanto enemigos como simples acompañantes en medio de la ciudad- y levantarlos por los aires. Seguramente las peores físcas de un arcade de conducción están representadas aquí. La manera de levantarse encima de nosotros es extraña, aunque el botón sirva para usar una plataforma que los levante como si fuéramos una pala. Poco creíble. Peor cuando no vienen de cara y los levantamos por detrás. La sensación es de poca verosimilitud dentro de lo verosímil que puede llegar a ser ir levantando coches como si fuéramos una quitanieves. No existe peso en los vehículos, simplemente vuelan. Por no hablar de ciertos controles. En un nivel llevamos un camión cisterna enorme que cuesta mucho hacer virar y si nos pasamos de frenada estamos listos. ¿Complicado? ¡No pasa nada! Cambiamos a la vista en primera persona y ese mastodonte lento y duro se pasa a controlar como el deportivo de la misión anterior.

Pero los problemas de IA persisten en otros momentos como en las carreras. Intentar seguir por el retrovisor o en pantalla lo que hacen nuestros contendientes en las carreras callejeras es un espectáculo digno de mención. Ellos solos se estampan contra la pared o contra vehículos en medio de las rectas, chocan con coches de otros carriles cuando iban en primer lugar. Por ¿Suerte? Esta conducción tan absurda se compensa con un hecho: Showdown tiene algo de trampa. Veremos vehículos que no salen en el retrovisor y de golpe, por arte de magia, nos están adelantando poniéndonos en sexta posición. Activamos el Nitro y no adelantamos a los rivales. Después, sin nitro, los dejamos atrás. Es todo tan extraño que uno no siente que gane por méritos propios (siempre y cuando no choquemos con algo, claro). Pero al poco de jugar uno tiene la tranquilidad que ese vehículo que te ha adelantado a mil por hora y que no salía en el retrovisor acabará destrozado contra un camión tarde o temprano. Lo lleva un mono.

Destacar que en las fases de conducción tendremos también otros elementos a controlar, como por ejemplo la misión 2 que nos obliga a llevar una caja fuerte a rastras entre dos coches (uno controlado por la IA “amiga”) por un camino predefinido mientras nos persigue la policía. La idea de arrastrar una caja que va atravesando árboles y vehículos mientras nuestro compañero parece borracho y los policías van chocando entre ellos parece divertido sobre el papel. Pero cuando lo tenemos que repetir más de una vez por culpa de elementos ajenos a nuestro control del vehículo, el desespero es creciente. Qué hago jugando a esto, suena en la cabeza demasiadas veces en poco tiempo. Trabajo. Ser profesional. Ánimo.

¡Acción!
Pero no solo de coches vive Fast and Furious, faltaría. También tiene unas buenas dosis de acción peliculera que se han intentado trasladar en el título para dar variedad. Un ejemplo son los asaltos a los vehículos. Cuando nos acercamos a un vehículo objetivo nos harán salir del coche y mediante un QTE nos equilibraremos encima del mismo. Una vez así, tenemos que controlar una flecha para saltar encima del otro vehículo y movernos desde ahí. Nada que objetar en esta secuencia, salvo algún detalle como la tosquedad de las animaciones o la falta de reto: no tenemos un tiempo específico (el coche nuestro se controla solo, como Kitt) y los obstáculos son menores. Hay una zona en la que asaltamos un camión con diversas cargas enganchadas. Vienen enemigos a lado y lado. En un lado van poniendo granadas para que no pasemos y alternemos los costados. Pues tiramos recto por el otro lado, que ahí no tienen de esas granadas y no estamos para repetir la secuencia, a ver si nos durará más de la cuenta el juego.

Pero son los disparos el alma de la adrenalina, de la acción sin descanso. De sentirse dentro de una película. No, nada de eso. Las otras grandes secuencias del juego son disparar mientras nuestro compañero conduce. Un zoom que intenta emular un bullet-time bastante inútil, un control simple y poco estético del personaje mientras dispara a lado y lado y poco más. Viene un vehículo, disparamos hasta que explote. Viene otro, lo mismo.  Llegamos a los objetivos, los masacramos. Siempre y cuando nuestro aliado conduzca como dios manda, porque a veces decidirá dar volantazos cuando estamos apuntando. Le da emoción. Por suerte podemos intercambiar el rol y ser nosotros los que conducimos y la IA la que dispara. El “por suerte” es una manera de hablar, ya que la IAamiga”  es como el fuego amigo, que de amigo no tiene nada. Si conduce, a veces no nos acerca lo suficiente a un objetivo (en una fase tenemos que tirar unas torres de comunicación con un gancho, pero el que conduce no se acerca lo suficiente y no llegamos, o se mueve cuando vamos a disparar, o… en fin); si quien conduce somos nosotros, a lo mejor le cuesta enganchar el cable aunque esté a medio metro.

Lo peor de todo esto es que es un juego tremendamente aburrido. Parece mentira que con tantas emociones lo pueda ser, pero sintiéndolo mucho, así es. Aburre, es pesado y no aporta absolutamente nada de diversión. Ver como repetimos cuatro minutos de persecución por la gracia de Dios (del juego, vaya), que repetimos mecánicas una y otra vez, y que no sabemos si es peor disparar o conducir y que encima todo está mal calibrado y mal hecho es desesperante. El título ofrece la posibilidad de jugar en cooperativo, algo que aporta unas sonrisas extras y la penitencia, en compañía, lo es menos. Pero ni por ahí. Por si no hemos acabado hastiados con la corta pero a la vez larguísima –por aburrida- campaña principal, podremos acceder a desafíos que “explotan” más las cualidades del juego con nuevos retos. Además, en campaña tenemos misiones secundarias y ganamos puntos de experiencia que nos permiten desbloquear cosas para el modo desafío (coches, mejoras internas y externas, accesorios, etc.).

Apartado técnico
Antes hemos pasado por encima del tema de las físicas, irreales y poco convincentes. El juego a nivel técnico no ofrece nada destacable, con un apartado gráfico que si no fuera por la alta definición podríamos pensar que es de alguna generación anterior. Es cierto que algunos efectos como las carreras nocturnas son vistosos, pero queda totalmente desdibujado por unos impactos entre coches poco creíbles, unos escenarios que se hacen altamente repetitivos con edificios y estructuras iguales cada dos por tres y unas animaciones que son simplemente terribles. Tanto a la hora de disparar como a la hora de hacer alguna acción especial como los asaltos. El título no ofrece nada interesante en este sentido, aunque intentan recrear más o menos con fidelidad las caras de algunos personajes de las películas.

La banda sonora no es precisamente el apartado que mejor parado sale del resultado final del juego. Música repetitiva y machacona para cada uno de los niveles perfectamente olvidable y que a pocos gustará. Demasiadas canciones suenan a reggaetón, y si no es exactamente este género, se le parecen peligrosamente. Además, hay efectos un tanto raros, ya que la música baja de golpe cuando nos disparan o hay una explosión y luego vuelve a subir, dando una sensación extraña a nivel auditivo. El juego llega traducido al castellano tanto en menús como en subtítulos, pero las voces que vamos escuchando en cinemáticas y en medio de la partida están en inglés.

LO MEJOR

  • Tiene cooperativo...

LO PEOR

  • ... Aunque uno no sabe si es peor conducir o disparar; deficiente en jugabilidad
  • La IA tanto enemiga como aliada es un auténtico desastre
  • Es corto y aun así se hace aburrido y pesado
  • Técnicamente muy mejorable
  • Si lo que suena no es reggaetón, se le parece demasiado

CONCLUSIÓN

Decir que Fast and Furious tiene el triste honor de ser uno de los juegos menos inspirados que hemos probado enmucho tiempo no es exagerar. Estamos ante el enésimo producto que intenta sacar tajada de una licencia cinematográfica, pero en este caso el despropósito es enorme. La campaña dura unas tres horas o menos y ya se hace larga y pesada. La mecánica de juego es tan problemática que pocos tendrán ganas de rejugarlo, ni para sacarse trofeos/logros: persecuciones policiales ridículas, carreras contra coches controlados por monos, errores de IA enemiga y “amiga” tan surrealistas como frustrantes, tiroteos simples y aburridos, una de las peores físicas en impactos de vehículos que recordamos y una banda sonora machacona con canciones del género del reggaetón o cercanas a este. Un cóctel explosivo. Se salva que tiene cooperativo, y así, en compañía, el vía crucis parece menos soporífero. Pero ni con esas es recomendable de ninguna de las maneras.

2

Muy malo

No tenemos paciencia ni para seguir mirando el resto de opciones para no salir más defraudados.