Manuales fuera

EA Sports, Ubisoft y otras repudian los manuales. Ahorro en costes y apoyo al medio ambiente son los principales argumentos que exponen para justificar esta actuación aceptable por la conciencia humana, pero sin repercusión directa en el bolsillo del consumidor.

Decían desde EA Sports la pasada semana que a partir de ahora sus títulos deportivos no incluirán manual de instrucciones en papel. El primero que sufre este recorte es Fight Night Champion, estrenado este mismo año. Quienes tengan que aprender a manejar el juego, resolver dudas sobre su control o simplemente deseen observar con ojo de coleccionista las ilustraciones del manual, deben conformarse a partir de ahora con la versión digital en incluida en el disco. Un PDF admirable pero no físico, que pierde el encanto de pasar las hojas y el atractivo olor a papel recién impreso que recibe nuestra nariz cuando desempaquetamos un nuevo videojuego.

Ubisoft es otra de las grandes que se ha sumado a esta tendencia de liberar el formato físico de uno de sus estandartes. La compañía francesa anunció hace casi un año que prescindía de las instrucciones en papel y las trasladaba a la pantalla. Quienes siguen los pasos del máximo directivo de Ubisoft, Yves Guillemot, saben que la responsable de sagas como Rayman o Assassin's Creed encaró esta decisión como una medida de responsabilidad social corporativa, pero también como una nueva vía para ahorrar euros en el proceso de producción de videojuegos. Decían los galos que para fabricar una tonelada de papel destinado en exclusiva a manuales se necesitaban hasta dos toneladas de madera.

Otras muchas se han sumado y se sumarán a la iniciativa en los próximos meses. Quienes consumen videojuegos en consolas seguro que están extrañándose al notar las cajas más vacías, pero los que venimos del ordenador estamos ya curados de espanto. Me bastan un par de minutos para tomar de mi estantería dos o tres cajas de juegos para compatibles que hace varios años ya no incluían manual. El mismo Half Life 2, estándarte del género posteriormente llevado a consolas, sólo ofrecía un escueto panfleto de una hoja con los controles y la guía de instalación. Pocas líneas de texto y menos imágenes para invitarte a instalar el producto.

¿Es esta decisión una síntoma más de nuestro caminar hacia lo digital? Decir que no sería una soberana estupidez. Mientras que en NPD Group debaten sobre cuáles son los mejores sistemas para controlar las ventas digitales, los consumidores de XBLA pagan más de 46 millones de dólares (32 millones de euros) en juegos descargables durante un solo semestre. Y cuando compramos un descargable asumimos perfectamente la ausencia de manual en papel, demostrando que la mentalidad del consumidor ha aceptado (al menos en EE UU) este nuevo canal de distribución con tanto potencial para la industria.

Queda claro que en nuestra mente de consumidores ya existe la distinción entre formato físico y digital. Es un hecho incuestionable. ¿Pero tiene esta distinción la misma separación práctica en la mente de los distribuidores de videojuegos? Sinceramente, cuesta creerlo. A las pruebas me remito. Ahorrar dos toneladas de árboles para una de papel de manual supone menor coste en terrenos, en mano de obra, en transportes y en infraestructuras. Para hacer un manual digital tampoco necesitas contratar su impresión; únicamente son necesarios la destreza del maquetador y los conocimientos sobre el título en cuestión.

Más ahorro y menos inversión igual a mayores beneficios por cada unidad vendida. Básico. Borramos del mapa el papel, ahorramos costes y ofrecemos al jugador una útil guía de ayuda para el juego. ¿Le rebajamos el precio gracias a este descenso en los costes de producción? No, el consumidor sigue pagando lo mismo por los videojuegos con o sin manual. El precio medio de sesenta euros no se reduce de igual forma que el número de árboles talados para manuales. Fight Night Champion sigue costando 70 euros, por poner un ejemplo. Y habrá quienes se sientan aliviados de espíritu al saber que con ese titulo han contribuido a reducir el impacto del cambio climático, pero no seré yo quien tras mirar la cuenta corriente se alegre por el medio ambiente.

También sucede que el precio de las ediciones digitales de juegos en ocasiones es superior a su valor en las tiendas. Y es para echarse a llorar. Esta misma semana llegaba el excelente Halo Reach a Xbox Live costando 59,90 euros. Una búsqueda rápida en Internet me ofrece el mismo producto por 39,99 euros y en formato físico en una tienda española, sin tirar de la atractiva importación. Mi cabeza no da para encontrar una justificación a este incremento de precio desorbitado en la versión descargable del último juego de Bungie. Ni la caja ni el manual incrementan el coste del producto; ¿dónde está el problema? ¿Seguiremos pagando lo mismo cuando las cajas vengan directamente sin disco, sólo con un código de descarga? La actualidad reciente me invita a pensar que si.