El Rock está de luto

Activision congela Guitar Hero, su estrella mediática hace dos años. El boom de los juegos musicales ha desaparecido. Las ventas, por los suelos, invitan a pensar en el fin de una época, sin vislumbrar de momento el comienzo de otra. La música ha muerto, decíamos. Ahora ha muerto 'parte' de su credo.

Vivimos días convulsos, de cambio. Algunos dirán incluso de revolución. La sociedad se implica cada vez más en asuntos que afectan a todo y a todos, sin distinción de clases, razas o filosofía de vida. Febrero quedará marcado en el recuerdo de 2011 como el mes en el que caen por fin controvertidas tendencias ideológicas. El movimiento social se ha extendido en un sinfín de ramas, como una especie de panacea moderna, con el objetivo de denunciar comportamientos indebidos, maltratos y toda clase de injusticias. Nadie puede señalar el momento justo en el que se produjo la eclosión de un pueblo contra su líder, probablemente tampoco cuáles serán las consecuencias de la agitación que remueve el seno del planeta en el que vivimos. Un mundo en el que todo suele funcionar al revés del pepino: el odio prima sobre el amor, la guerra sobre la paz, el dinero sobre cualquier perspectiva, idea o sentimiento humano. Es el sempiterno protagonista de las críticas. Siempre él, papel couché. Poderoso guerrero…

Andaba a vueltas la comunidad de aficionados con el ajetreo que se respira en las redes sociales (subrayando su importancia mediática, por si acaso alguien aun lo dudaba) cuando sobrevino una -otra- bomba cuya onda expansiva se calcula más desastrosa que ninguna otra que haya caído sobre la faz de la industria de los videojuegos en los últimos tiempos. Caballero insigne de la nueva generación, abanderado del ingreso del jugador casual al panorama diario de la prensa especializada: Guitar Hero ha muerto. El señalado ‘pionero' (aunque fuesen otros los que diseñasen la fórmula) de los simuladores musicales -digamos guitarristas para evitar malentendidos- no contará, por primera vez desde su creación, con una entrega anual. No habrá trasto de orondo tamaño que adorne las estanterías, suelos y ventanas de las tiendas especializadas. Tampoco nuevas canciones, ni instrumentos: adiós a los teclados, a la batería, a los doscientos modelos de guitarra, a los trescientos periféricos que, en resumidas cuentas, se han convertido en toda una tradición navideña.

Activision considera que a su otrora franquicia estrella se le ha pasado de largo el arroz. Al público, dicen, no le interesa el género. Prefiere gastar el dinero en otros productos de divertimento: shooters, fútbol, aventura, simuladores bélicos, descargables que se obtienen a módicos precios. Cualquier cosa, en resumidas cuentas, interesa mucho más que un producto que ha dado de sí todo lo que tenía que ofrecer. Lo mismo que Beatmania en su día. Igual que Dance Dance Revolution. Imagino a Konami con fuertes dolores abdominales producidos por las contracciones incesantes de las carcajadas que, desde hace unos días, resuenan en las oficinas de Electronic Arts y Activision. Muertos de risa, invocan la moraleja del cuento del lobo y las ovejas. Que viene, que viene: desde 2006 se anda mascando la tragedia, como dirían los grandes locutores de radio, expertos en maquillar la verdad -y la realidad-.

A Activision le ha traído al pairo la asfixia a la que ha sometido a su retoño. Su creación fue algo espontáneo. Un productor decidió realizar una irrisoria inversión para promocionar el producto de un grupo de freaks -así fue descrito Harmonix en sus orígenes- que prefería sudar a ganar dinero con su trabajo -el género musical no tiene futuro, se leyó también en los albores de su nacimiento-. Después de pasear su franquicia oficina tras oficina, se obtuvo el respaldo de una multinacional. Del respaldo se pasaría al éxito. Del éxito a la fama. Nació una gallina tan fértil en dar huevos de oro que, al cabo de un tiempo, el oro perdió todo su valor pasando a ser un bien común, capado de todo margen para sorprender, extirpado de la única característica que lo diferenciaba del resto. Duele el corazón al hablar en pasado, al pensar en la inversión que ha supuesto adquirir un set de instrumentos, de juegos y demás parafernalia al que ahora conceden un visado para pasar directamente al fondo del armario sin pagar peaje. Eso los que tengan espacio para ello.

Siguiendo la tónica de su agresivo estilo comercial, Activision escupe las palabras idóneas para dar la noticia sin que nadie se entere realmente de qué está sucediendo. Para explicar sin querer que se entienda. Primero se confirma que no habrá edición anual. Luego, y ante el estruendo popular, se notifica a la audiencia que Guitar Hero no desaparece como entidad, ni tampoco DJ Hero -aunque el nivel de trascendencia de un producto a otro es, cuando menos, bastante desigual-, simplemente no aparece en los planes financieros de la compañía para lo que resta de año. Pasan las horas y se produce un nuevo movimiento: en realidad lo que está sucediendo sí llevará consigo el despido de unas ‘cuantas personas', de las oficinas de trabajo, de la planta de producción reservada para la línea musical… Actitud cobarde donde las haya, Activision demuestra nuevamente su incapacidad para ser cristalina con el público al que se debe. El estamento oficial recoge una amalgama de conceptos ininteligibles cuya traducción viene dada fundamentalmente por la imaginación.

Quiero imaginar que Guitar Hero no ha muerto, que se trata de un retiro, de un respiro para volver con más fuerza. Quiero verlo así aunque sea ‘hijo de Rock Band', cuya filosofía, estilo, música y tendencias van más acorde con mi persona. Sencillamente es duro pensar que el dinero se ha tirado por la borda, que el negocio de las canciones descargables, de los precios abusivos y de todo el espíritu circense con el que se ha tratado el género de un tiempo a esta parte ha sido el enésimo timo de la estampita. Electronics Arts dio el primer aviso hace unas semanas tras desprenderse de Harmonix, a quienes muchos dieron por muertos, demostrando de alguna manera que sigue existiendo un concepto equivocado del trabajo que el estudio viene realizando desde hace unos años, en aquellas navidades sufriendo el frío menos frío que hace por las islas. Sabrá el lector avispado a lo que me refiero con estas líneas.

Todos somos conscientes de la saturación a la que se ha sometido el género. El aficionado sabe que Activision, en colaboración con Electronic Arts, exprimió su fuerza hasta agotar la vitalidad que profesaba a su inicio. Se ha padecido la tendencia de seguir erráticos procedimientos, siempre de espalda a la petición de los seguidores -mayor profesionalización en pos de abandonar nuevas perspectivas para revitalizar la serie-: de sobra son conocidos los motivos que sirven como justificación para la creación de esta columna. Es, como se suele decir, la crónica de una muerte anunciada. Quizás llega de sopetón un aviso tan tajante, una actitud tan lamentable por parte de Activision (similar al niño que llora por recibir un castigo después de haber abusado de otro de forma injustificada), pero era de prever que esto sucedería tarde o temprano, llevándose consigo a DJ Hero, Band Hero y Guitar Hero. Básicamente los que hubo tiempo de crear durante la fiebre musical. Y gracias.

Me cuesta menos de lo previsto desprenderme de Guitar Hero, aun con la sospecha de que la licencia volverá -aunque todavía busco a algún compañero que comparta esta intuición-, sólo por negarme a pensar en el abandono de una comunidad de usuarios que todavía se cuenta por cientos de miles. Mientras tanto, y con la mirada puesta en el futuro, las lágrimas que se desprenden de esta noticia no son tan amargas como hubiese imaginado en un principio gracias a la tranquilidad y al respeto que impone Harmonix. Después de todo, ellos fueron los ‘culpables' de este boom, a ellos se les deben los agradecimientos. Por suerte, a poco de conocerse la triste noticia que ocupa estas líneas se daba a conocer que ‘todavía' no han arrojado la toalla, que siguen teniendo ideas para el futuro y, lo que es más importante, trabajando en ellas. Siempre tratando de ver las cosas desde un prisma de optimismo, ahora que todo se presta a verlo desde el lado contrario.

Guitar Hero ha muerto, pero no ha recibido aún sepultura. Prefiero pensar, en resumen, que es un cadáver a quienes sus familiares han metido en la nevera a ver qué pasa. El considerado Rey deja su trono hundido en la miseria. Sin nadie a quien señalar para que cumpla sus órdenes. Sin un bufón que les ría las gracias. Sin vasallos que acepten sus condiciones de trabajo. Activision se retira, dejando espacio para que Harmonix vuelva a extender sus tentáculos, todos y cada uno de ellos. Ojalá que Rock Band perdure, aunque ciertamente tiene pocos visos de hacerlo. Al menos es de agradecer que alguien todavía se preocupe por los usuarios, los mismos que pagan, los que contribuyen a que otros puedan trabajar. Harmonix lo está haciendo, fiel a sus principios, amante de un género que seguramente volverá a sorprender como ya lo hizo varias veces en el pasado.

Para verlo habrá que esperar. De momento no queda otro remedio que invocar los vítores de siempre. Ya se sabe: ¡El Rey ha muerto! ¡Larga vida al Rey!