Álvarez al poder
En plena crisis y sin visos de ver el final del túnel, el desarrollo de videojuegos podría ayudar a crear un tejido altamente especializado, especialmente ahora que hay una nueva estrella a la que seguir.
La historia del entretenimiento electrónico español se escribe en fascículos con una entrega especial cada década. Estos hitos que destapan el orgullo patrio están en la mente de todos: PC Fútbol de Dinamic Multimedia a principios de los 90, Commandos de Pyro Studios a las puertas del 2000 y en 2010 sale de las sombras Castlevania: Lords of Shadow de MercurySteam para Konami.
Ahora que los videojuegos son considerados cultura, más que nunca es necesaria la figura del ejemplo a seguir para todos los que quieren dedicarse a esta industria en el futuro. La persona que aúne una serie de éxitos profesionales y personalidad carismática en la que los futuros creadores de mundos virtuales quieran reflejarse. Son mentores sin saberlo, artesanos de sueños digitales en los que nos hemos enredado miles de veces, anonadados por el diseño gráfico y las descargas de adrenalina siguiendo el guión que mucho antes su privilegiada mente ha redactado.
Cualquiera que finalice las veinte horas de juego del Castlevania 'made in Spain' sentirá curiosidad por ver quién es la cabeza pensante que hay tras este excelente título. Sí, está apadrinado por Hideo Kojima, y sí, David Cox es el productor ejecutivo, pero que nadie se lleve a engaño, detrás de toda la parafernalia del marketing, hay una única persona, la que ha tenido el juego todo el tiempo en su cabeza, que ha dirigido el proyecto y lo ha llevado a buen puerto en el plazo y presupuesto planificado.
Ese 'cuentacuentos' como le gusta apodarse, se llama Enric Álvarez.
Me apasionan las historias personales, y si son de éxito me gusta ver cómo ha surgido. A Enric le conocí en el Giga, un local de Palamós (Girona), en el que, mientras todo el mundo se mataba con el Quake en red local, él se dejaba las retinas con el editor de mapas de Duke Nukem 3D. Me llamó poderosamente la atención que un psicólogo de formación estuviese entusiasmado porque uno de sus mapas era de los más descargados a nivel mundial.
Desde entonces no le he perdido la pista. Su 'locura de juventud' fue liarse la manta a la cabeza e ir a sobrevivir como pudo a Madrid para poder poner un pie en la industria como diseñador de niveles para Blade: The Edge of Darkness. El fracaso económico que supuso el proyecto no le desanimó, y a pesar de su sencillez infinita, se lanzó a la piscina a sabiendas de que podría no haber agua fundando MercurySteam y lanzando su primera gran producción. el sandbox Scrapland. Tampoco obtuvo el éxito deseado y casi acaba con la compañía de no ser por una niña poseída que cayó bien a los hermanos Darling, propietarios de Codemasters, quienes aportaron el capital necesario para Jericho. Y de ahí, a Castlevania, con Kojimas y demás. Y esto no ha hecho más que empezar.
Enric me demuestra que la determinación, el tesón, la sencillez, la humildad y sobre todo, la pasión por lo que a uno le gusta, acaban dando resultado. Y que si te caes no te quedes mirando el suelo, levanta la cabeza y sigue andando mientras te queden fuerzas.
Mientras la palabra crisis se ha implantado en nuestro cerebro como una enfermedad crónica y terminal, en España vuelve a haber un sector que necesita profesionales para crear los videojuegos a los que dedicaremos nuestro tiempo en el futuro próximo. Alguien del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio debería aprender de esta experiencia para dirigir la inversión en entretenimiento electrónico hacia una nueva etapa que podría ser brillante. Ahora ya tenemos a quien nos puede guiar, ya tenemos la figura a quien queremos emular, ya sabemos que es posible. No desperdiciemos esta oportunidad.
Esta columna refleja únicamente la opinión del autor, y no necesariamente la de MeriStation.