Odama
Odama
Carátula de Odama
  • 8

    Meristation

Una peculiar venganza

Fernando B.P.

¿Es un pinball? ¿Es un juego de estrategia? ¿Es el nuevo Nintendogs? No, es Odama. Bienvenidos a uno de los títulos más originales que se hayan creado nunca, con el que cinco sentidos os parecerán pocos para jugarlo. Coge el micro, tu yelmo de shogun y prepárate a tumbar ejércitos a bolazo limpio.

Odama es la última creación de Yoot Saito, uno de los genios de los videojuegos más imaginativo. En sus propias palabras, se trata de un pinball con toques de fútbol américano, mezcla, cuando menos, explosiva. Ambientado en el Japón medieval, el argumento relata la caída del clan Yamanouchi el cual gobernaba el país nipón con paz y prosperidad, cuyo caudillo Yamanouchi Nobutada sufre una traición a manos de su mejor amigo Karasuma Genshin, comenzando una cruenta guerra civil. Mientras Yamanouchi decide cometer seppuku (suicidio) ante tales acontecimientos, su joven hijo Tamachiyo decide salir huyendo protegido por tropas leales a su padre.

Nuestro camino empieza aquí, pues debemos llevar a cabo la venganza contra Genshin encarnando al infante varios años después, quien ha pasado a hacerse llamar Kagetora. No cuenta con un gran ejército pero sí con la ayuda de la Odama, una gran bola de hierro capaz de aplastar a tus enemigos (o a tus propios hombres si no se tiene cuidado) en el campo de batalla. Con nuestras dotes de comandante hemos de llevar a nuestras unidades a la victoria mediante comandos de voz librando duras batallas con un tiempo límite.

Odama es quizás un anticipo de lo que nos espera en Revolution ahora que ya está tan cerca, un juego en el que los gráficos son lo menos importante y en el que lo que cuenta es la jugabilidad y la originalidad utilizando mecanismos nunca antes vistos. Todo está ambientado en el Japón feudal, desde el escenario con sus fortalezas y armas hasta las vestiduras de nuestros soldados, si es que alcanzamos a distinguirlas.

La perspectiva de la cámara es siempre cenital y generalmente a una cierta distancia que permite tapar todos los defectos que se pueden apreciar en los momentos en los que se hace uso del zoom, como en la captura que aparece a la derecha. El número de polígonos que define cada elemento es muy escaso, aunque eso permite que todo el conjunto se mueva con fluidez incluso en los momentos en los que hay varios centenares de soldados en pantalla.

La luz ambiente va cambiando conforme avanza el día, desde la soleada mañana hasta la penumbrosa caída del sol y hay algún efectillo lumínico, pero hay poco que reseñar sobre este apartado. Si alguien busca un gran detalle gráfico, se ha equivocado de lanzamiento para su Game Cube, pero si tus intenciones son más jugonas, sigue leyendo.

La música brilla por su ausencia en este juego ya que en realidad está sustituida por el rítmico resonar de los tambores de guerra, el avanzar de nuestros soldados y los gritos y golpes en el fragor de la batalla. La ambientación logra que nos sintamos uno más de los que están cargando para avanzar hasta el final del nivel, como aquel soldadito que acaba de salir despedido por los aires a causa de un inoportuno bolazo, u Odamazo mejor dicho, o como aquellos que están transportando un objeto de vital importancia soportando todas las embestidas del enemigo. Por lo que, en conclusión, no se echa en falta ningún tipo de melodía.

Para contar el sistema de juego de Odama vamos a ir por partes, pues decir todo de una vez puede resultar un tanto lioso. En primer lugar se trata de un Pinball y como tal contamos con los elementos más característicos, como son la bola y los flippers. El objetivo es también el mismo de siempre, evitar que nuestra esfera metálica caiga por la parte de abajo de la pantalla, aunque en algunos niveles contamos con más de una vida si sucede este percance.

Por otro lado, se trata de un juego de estrategia, por lo que hemos de dirigir nuestras tropas de una forma inteligente, eligiendo el mejor camino y gestionando en todo momento los recursos, que en este caso son principalmente soldados en la retaguardia. Para ello, de forma muy original, nos servimos del micrófono, aunque en realidad tampoco es tan distinto del ratón pues para algunos comandos sí hacemos uso de un puntero controlado por la palanca analógica a modo de ratón para indicar hacia donde ejecutarlos.

Como ya hemos comentado en la introducción, el propio Saito dice haber dotado a su juego de algunos aspectos del fútbol americano, lo cual también es cierto, pues en algunos momentos se forman melés en las que gana el ejército que más soldados pone en el frente, mientras que el otro se ve obligado a ir cediendo terreno.

Y por si pareciera poco, en algunos momentos podríamos considerar el juego como un simulador de mascotitas diminutas (al menos a nuestros ojos) al más puro estilo Nintendogs. Esto no se produce sólo porque haya comandos de voz, que también, sino porque hemos de cuidar a nuestras tropas y procurar que siempre tengan la moral alta para poder luchar o si no se vendrán abajo y perderemos estrepitosamente.

Pero claro, todos estos elementos por separado pueden parecer atractivos, pero posteriormente hay que mezclarlos y se corre el riesto de que el resultado final sea sencillamente caótico, algo que afortunadamente no ocurre al final, pero que será la sensación inical que recibamos al introducir el disco en nuestra consola recién traído de la tienda.

La primera batalla probablemente durará unos segundos antes de que ante la abrumación de elementos en pantalla nos despistemos y la bola caiga por donde no debe hacerlo. Nada más salir a combatir nos encontramos completamente perdidos ya que en primer lugar vemos una fila de soldados frente a otra, a su vez una cuenta atrás que no sabemos qué significa y por otro lado no tenemos ni la más remota idea de qué hay que hacer. Al menos ahora ya estáis prevenidos.

Odama es de esos juegos que se basan en repetir una y otra vez los niveles hasta conseguir pasárnoslos. Por suerte no produce esa sentimiento de desear suicidar la consola tirándola lo más lejos posible, sino que engancha y no desespera en ningún momento. De hecho, el juego en sí es bastante corto, con once fases que no duran más que unos minutos, pero dada la complejidad de pasárselas a la primera nos llevará unas cuantas horas llegar hasta el final.

Los comienzos son más o menos similares y el desarrollo en realidad también, aunque cada se hace más complejo. Básicamente tenemos que conseguir que la campana que llevan nuestros soldados, la Ninten Bell, que es como un talismán para ellos, llegue hasta el otro extremo de la pantalla y así ganar la batalla. Al inicio tenemos una serie de soldados que son los que han logrado escapar de la misión anterior, así que poco a poco vamos perdiendo tropas, aunque hay algún modo de recuperarlas.

Los comandos de voz los vamos aprendiendo poco a poco golpeando unos ciertos elementos en el terreno con la Odama que los desbloquean. Nada más localizar uno nuevo se inicia un pequeño tutorial que rompe completamente la acción pues nos saca de la escaramuza y al terminar retorna como si no hubiera pasado nada.

Algunos son muy básicos, totalmente en español, como "Derecha", "Izquierda", "Adelante" o "Vamos" y más adelante descubrimos otros más elaborados como "Sube la compuerta" y similares que preferimos que vayáis descubriendo vosotros mismos. Son suficientes pero no demasiados, para tenerlos en mente en todo momento, aunque con pausar el juego podemos consultarlos. El reconocimiento de voz funciona perfectamente y basta con pulsar la X o el botón incluido en el micrófono para que se active. Afortunadamente también se a añadido un elemento bastante útil, una pinza que permite que no tengamos que estar sujetando el micrófono y el mando a la vez, como se puede apreciar en la imagen justo debajo.

El escenario es parte activa del juego en muchos sentidos. Además de esconder algunos objetos que podemos recoger y utilizar para ayudarnos, siendo en ocasiones algo imprescindible para avanzar, está vivo y se puede interactuar con él. Desde cosas tan básicas como abrir o cerrar una presa para permitir o no el paso del agua de un riachuelo hasta el propio suelo que se mueve. Es capaz de deparar bastantes sorpresas agradables.

Como todo videojuego de pinball que se precie, podemos recoger potenciadores para adquirir algunos poderes adicionales o alguna pequeña recompensa como tiempo extra. El más útil de todos es el que convierte la bola en una esfera verde luminiscente, como se puede apreciar en la imagen de la derecha. Si la Odama estando en ese estado golpea a algún enemigo, en lugar de aplastarlo, lo envía a nuestra retaguardia como soldado propio.

La moral de nuestros soldados es sumamente importante, pues determina la firmeza con la que cumplen nuestras órdenes. Si se encuentra alta pueden vencer incluso en desventaja, sobreponiéndose a la adversidad, mientras que si se halla por los suelos se dejarán avasallar por el enemigo. Un par de formas de recuperar la moral es enviar más unidades o lanzarles comida desde el cañón que tira la Odama.

Una curiosidad que se ha añadido es que nuestros soldados hablan, pero como lo hacen en japonés, es un tanto complicado entenderlos. Así que aparecen multitud de mensajitos encima de sus cabezas con lo que nos quieren comunicar. Son bastante variados, curiosos y divertidos, y van desde "Adelante", "Todos juntos" o "A por el enemigo" cuando se encuentran eufóricos hasta "No quiero morir", "¡Enviad refuerzos!", "¿Derecha? ¿Ha dicho derecha?" y muchos otros cuando su ánimo está bajo mínimos.

LO MEJOR

  • Originalidad a raudales
  • Muy divertido y rejugable
  • Buena mezcla de varios géneros

LO PEOR

  • Se hace algo corto
  • Comienzos excesivamente difíciles

CONCLUSIÓN

Odama es un juego muy original, de eso no cabe duda. Mezcla a la perfección varios géneros muy diversos que nunca antes hubiéramos pensado que podían formar parte del mismo título. Y salvo en lo que al apartado gráfico se refiere, el desarrollo es bastante impecable. Tiene un pequeño problema de nula variedad de modos, pues los once niveles que incluye están bien, pero se tornan algo escasos si queremos alargar su tiempo de vida. Quizá algún tipo de sistema multijugador o algo más imaginativo, a la par que el resto del conjunto, le hubieran puesto la guida al pastel. Los usuarios de Game Cube deberían disfrutarlo a fondo pues es de lo poco que queda antes de la aparición de Revolution salvo el ansiado Zelda y tras jugarlo deja un regustillo a innovación que incita a desear aún más que llegue ya la nueva consola de Nintendo.

8

Muy bueno

Juego de notable acabado que disfrutaremos y recordaremos. Una buena compra, muy recomendable para amantes del género. Está bien cuidado a todos los niveles.