La triste historia de un Riskbreaker

Muy pocos RPG actuales, exceptuando los de Hironobu Sakaguchi, incluyen un componente emotivo tan fuerte como producciones de antaño. Hoy recordamos a Vagrant Story, con el atormentado Ashley Riot y la conspiración de Lea Monde en busca de la vida eterna.

Hace mucho que como jugón disfruto con los RPG, especialmente los de procedencia japonesa, que por mucho que se empeñe mi compañero Santiago Lamelo, son igual de legítimos que los del grupo abanderado por Vampire. Muchas historias han sido narradas en mi pantalla desde que tuve la decisión de debutar en el género. Fue un comienzo bastante descafeinado, poco ortodoxo, tanto que prefiero no reseñarlo pero que sirvió para desencadenar un efecto tolerancia.

Después llegaron Albert Odyssey, Illusion of Time, Secret of Mana, Chrono Cross, The Legend of Dragoon, Star Ocean, Valkyrie Profile, Xenogears, Panzer Dragoon Saga, Lunar: Silver Star, Koudelka, Ogre Battle, Grandia II, Skies of Arcadia y como no, la serie Final Fantasy. En estos magníficos videojuegos me he encontrado con situaciones muy emotivas; ver a Sephiroth atravesar el abdomen de Aerith, doblegar junto a Cyan, Sabin y Terra al aberrante Atma Weapon de la Torre de Kefka, contemplar el nuevo mundo tras el final de Illusion of Time o presenciar a Feena revelarse como un Ángel en uno de los giros argumentales del primer Grandia.

Aún así, tras haber dirigido ejércitos y conquistado mundos no pude realmente decir "he vivido" hasta haber probado uno de los RPGs más controvertidos de Square, odiado por muchos y amado por unos pocos. Yo estoy en el segundo grupo, pero no se puede decir en absoluto que sea el lado perdedor. Sin intención de mitificar el pasado, fenómeno recurrente en el que caemos los jugones alguna vez en nuestra vida impresionados en juventud por algún título, y habiendo presenciado épicas caídas de imperios, traiciones, amores rotos, reencuentros, venganzas o liberación de oprimidos, con diferencia esta ha sido la historia que mayor huella ha dejado en mi.

Se trata de Vagrant Story, en cuyo guión se entremezclan los largos tentáculos de la Iglesia, sectas y magia negra, el poder político y el ejército, y una impía conspiración por lograr la vida eterna. Ashely Riot, protagonista del título, encarna perfectamente la imagen de antihéroe tan de moda últimamente. Comandante de la Guardia Real, Ashley vivió, impotente, el asesinato de su mujer e hijo. Este hecho resquebrajó su interior, haciéndole renunciar a su anterior vida y unirse a los Riskbreaker, comandos de un sólo hombre asignados a misiones casi suicidas. En ellos Ashley esperaba encontrar una muerte pronta y honrosa que le permitiese expiar su culpa en el asesinato de los suyos.

Ambientado en el reino de Valendia, en la ciudad medieval de Lea Monde, cuya construcción está basada en el castillo de Burdeos, Vagrant Story tiene el privilegio de ser el juego que más veces me ha puesto la piel de gallina con el transcurso de sus acontecimientos. El retrato psicológico, profundo, de los personajes con villanos que resultan no serlo y aliados sólo en apariencia es excepcional y en su historia pueden extrapolarse situaciones que aún representadas en un sociedad medieval y mágica, son válidas en la actualidad. Destaca también la imagen que el juego muestra de la Iglesia, autoritaria y que no se detiene ante nada o nadie para lograr sus fines.

La trama de Vagrant Story comienza cuando el hereje Sydney Losstarot y el culto Müllenkamp ocupan por la fuerza la mansión del Duque Bardorba, secuestrando a su hijo menor Joshua y exigiendo la abdicación del cardenal y la liberación de los prisioneros seguidores de su culto a cambio. Esta es la excusa perfecta para que el clero intervenga para aplastarlos con todo el peso de su brazo armado; la orden de los Crimson Blades liderados por Romeo Guidenstern. Para no convenir en desavenencias y evitar una confrontación con la Iglesia, los mandos de los Valendia Knights of the Peace se ven forzados a enviar a un Riskbreaker, Ashley Riot, a infiltrarse en Lea Monde, donde se han atrincherado los insurgentes y poner fin al conflicto asesinando a Sydney. También entran en escena Callo Merlose, una agente de los VKP de apoyo a Ashley y el Riskbreaker mercenario Jan Resencrantz contratado por el Duque para asegurar la integridad de su hijo.

A partir de aqui la historia comienza a enredarse, con giros y contragiros argumentales y numerosos flashbacks, que nos harán empatizar con el personaje y sufrir junto a él durante todo el juego. Paralelamente la crudeza de algunos hechos, la fuerte carga emotiva y el retrato del ansia de inmortalidad del ser humano que se ofrece, terminan de cuajar uno de los títulos con mejor guión de toda la historia de los videojuegos. De hecho Famitsu lo coronó puntuándolo con 40/40, diez perfecto.

En ausencia de títulos donde los sentimientos también tienen un papel protagonista, fue una agradable sorpresa ver como desde Mistwalker, Hironobu Sakaguchi se ha decidido a rescatar este componente emocional en los RPG, bastante descuidado en los títulos de la generación actual. Con Lost Oddysey para Xbox 360, Sakaguchi nos pondrá en la piel de un hombre milenario sobre el que pesa la maldición de la inmortalidad, condenado a ver como sus seres queridos fallecen mientras él sigue sempiterno y los recuerdos del pasado le atormentan. Hasta entonces, para todos aquellos melancólicos que quieran acabar con su vello corporal erizado, una opción interesante es Vagrant Story, la triste historia de un Riskbreaker.

Vagrant Story

Square demuestra nuevamente su arte y maestría a la hora de hacer RPGS con Vagrant Story, una historia épica que gira entorno a un círculo de conspiraciones entre la iglesia, la nobleza y la monarquía, en un marco como la bella ciudad de Lea-Monde y con el secreto de la vida eterna como trasfondo...

Vagrant Story