Una temporada de inflexión para Rahm y el LIV
El vasco vuelve a tratar el tema de las multas del circuito europeo en la semana en que arranca la quinta temporada de la superliga, con varios asteriscos.


Cosas importantes se cocinan entre bambalinas mientras se aproxima el bocinazo de salida a la que será la quinta temporada de existencia del LIV. Importantes para la superliga en general, que ha entrado en terreno de inflexión, y para uno de sus puntales en particular, Jon Rahm, que sigue pendiente de su contencioso administrativo con el European Tour a cuenta de las multas impuestas desde su cambio de casa.
El vizcaíno atendió a los medios en una rueda de prensa previa a la apertura del curso, el torneo nocturno de Riad (Arabia Saudí) que arranca este miércoles (16:00, Movistar Golf), y volvió a pronunciarse sobre lo que parece que ocurrirá al final. Que habrá acuerdo entre organizaciones y la estructura europea dejará de imponer nuevas multas, limitándose a cobrar las pendientes. En el caso de Rahmbo, que las recurrió el año pasado con el fin de obtener un visto bueno cautelar como miembro para poder jugar la Ryder Cup, se cira en unos tres millones de dólares lo adeudado.
“No sé mucho sobre esto. Los managers son los que se encargan de las negociaciones, que no sé cómo serán. Pero creo que se pondrán en contacto con cada jugador individualmente para llegar a acuerdos diferentes. No sé qué pasará, pero estoy contento viendo que se busca un camino a seguir para que los jugadores de LIV puedan jugar en ambos tours sin ser penalizados. Creo que jugadores como Tom (McKibbin, su pupilo en la Legion XIII) o David Puig, que simplemente eligieron el camino que consideraban mejor como jugadores jóvenes,no deberían ser penalizados por temas políticos. Todo esto es bueno para nosotros y para el circuito europeo", apuntó Rahm.
Getting dialed in the dark 🔦
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Si las conversaciones llegan a buen puerto, será una buena noticia para él, que se ahorrará un dineral en sanciones futuras (se impone una por cada torneo que juega en el LIV coincidente con uno del European Tour) y no tendrá que preocuparse más por su condición de miembro, al menos por temas extradeportivas, y será una buena noticia para el circuito, que se asegurará la disponibilidad de hombres clave para el equipo de la Ryder Cup como él o el inglés Hatton.
La encrucijada del LIV
“Cada uno hace lo que cree mejor. Le deseo mucha suerte. Ojalá todo vaya bien. Somos libres de elegir dónde queremos jugar, o al menos así debería ser. Él ha tomado su decisión, no tengo nada en contra de él. Ha estado jugando un golf fantástico, y si quiere volver, debería tener la oportunidad de hacerlo”, se expresó el ‘León de Barrika’ sobre la marcha de Patrick Reed, la segunda gran figura que abandona la nave antes de esta temporada tras el sonado adiós de Brooks Koepka.
Las bajas han colocado un interrogante sobre el futuro de una competición que ya empieza a dar síntomas de agotamiento en una guerra de desgaste con las instituciones tradicionales que ya dura un lustro. Primero anunciaron que dejaban de pagar las multas impuestas a los ‘fugados’ por sus circuitos de origen, después ajustaron el formato para cumplir con los requisitos del ranking mundial, que este martes anunció su admisión en el sistema, y en las últimas semanas han llegado dos deserciones importantes que no tienen reemplazo, o al menos no uno de campanillas, como cabría esperar de una estructura que consiguió en sus albores la adhesión de algunos de los grandes jugadores del panorama.
De aquello queda poco. Este año los torneos serán a 72 hoyos en lugar de a 54, lo que supone la pérdida de una de las principales señas de identidad, de hecho la que da nombre al negociado (LIV es 54 en números romanos), en aras de contentar a la junta del ranking presidida por el sudafricano Trevor Immelman. Por ahí viene también la modificación del sistema de meritocracia. Ahora serán 11, y no cinco, los hombres que pierdan sus derechos de juego cada temporada, y se ha remozado también la distribución de puntos en cada torneo para que no ocurra lo de la temporada pasada, cuando el mejor jugador fue el chileno Niemann pero el que acabó coronado fue Jon Rahm.
Además se han aumentado las bolsas de premios, de 25 a 30 millones por evento, principalmente para poder entregar más a los equipos, una vertiente de la competición a la que se destinarán ocho de cada bolsa, en lo que se puede leer un intento por mejorar las vías de financiación de unas franquicias que van orientando su identidad hacia las filias nacionales, y en las que de verdad está el factor diferencial del LIV. Esta temporada los Fireballs de Sergio García serán íntegramente españoles y trabajan en un cambio de identidad para identificarse más con la cultura española. El que ya han operado los Stingers sudafricanos, ahora Southern Guards, o los Majesticks, 100% ingleses ya. Los Ripper operan como una selección australiana, Korean Club como una asiática... El futuro, en cualquier caso, parece incierto mientras no consigan un acuerdo potente de televisión que les lleve a competir de verdad con su oposición, cosa que parece complicada al menos hasta el final de la década, cuando vencen los de las grandes cadenas norteamericanas con un PGA que ahora tiene la sartén por el mango. Cuenta con los mejores canales de difusión, el músculo financiero asegurado por el Strategic Sports Group y encima empieza a recibir retornos con los brazos abiertos y con una estrategia apropiada para no enfadar otra vez a los que se quedaron.
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