Seve Ballesteros, el espejo de todos
El genio de Pedreña asfaltó el camino que han seguido todos los grandes golfistas españoles después. Hasta Tiger le incluye entre sus modelos a seguir.


Los golfistas, como cualquier otro ser humano, son cada uno de su padre y de su madre. Pero hay algo que comparten. Sin excepción. Españoles y no españoles. Todos admiran a Seve Ballesteros, que no es el más laureado entre los de su especie, pero seguramente sí el más querido.
Su leyenda es la de Manolo Santana y Ángel Nieto. Tipos que construyeron en un páramo. Lo que era el deporte español más allá del fútbol hasta bien entrada la segunda mitad del siglo pasado. En el caso del genio cántabro, descubrió al país una actividad principalmente enraizada en las clases anglosajonas pudientes, que hasta su irrupción era visto más como un pasatiempo sofisticado que como fuente de repercusión internacional.
Todo comenzó en el Real Golf de Pedreña, donde su padre Baldomero ejercía de jardinero, y en esa playa de Somo a la que acudía a perfeccionar su swing con un hierro 3. De ahí saldría el unánimemente considerado como el golfista más creativo de siempre, que se enfundaría dos veces la chaqueta verde de campeón del Masters de Augusta (en 1980 y 1983) y alzaría tres veces la Jarra de Clarete del British Open (1979 y 1984 y 1988), además de convertirse en eje central del espíritu de Europa en la Ryder Cup y ganar más de 50 torneos entre el circuito europeo y el PGA Tour.
Los herederos de su legado
Chema Olazábal, su amigo inseparable
El mejor depositario del espíritu de Seve ha sido el vasco, dos veces campeón en Augusta (1994 y 1999) y capitán en la victoria en la Ryder de 2012, el ‘milagro de Medinah’, en el que la muerte reciente del cántabro fue el combustible europeo.
Sergio García, ‘El niño’ que creció bajo su ala
En esa aparición atronadora que fue Sergio para el golf a finales del siglo pasado, casi paralela a la de Tiger, Seve ejerció de padrino de un jugador que tendría que esperar mucho tiempo, pero al final conseguiría su chaqueta verde en 2017.
Jon Rahm, el último portavoz
Recurrentes han sido las alusiones del vasco a su ídolo, al que dedicó el triunfo en el US Open de 2021 y que ganó el Masters de 2023 un 9 de abril, justo el día en que nació Ballesteros.
Éxitos todos que quedaron recogidos en las páginas de este diario, como ilustra la portada del 22 de julio de 1979, el día siguiente a su primera victoria en el British, que pueden ver debajo de estas líneas. Entonces había en España unas 15.000 licencias de golf, unas 250 profesionales. Hoy son más de 300.000. No es solo gracias a Seve, pero sí sobre todo.

En 2007, tras más de tres décadas produciendo algunos de los momentos más recordados del golf, como aquel golpe desde el parking de Royal Lytham, ‘El Matador’, así le bautizó la prensa internacional, dejó los campos. El cáncer le encontró en 2008 y le mató en 2011, con solo 54 años.
Su muerte trágica y temprana alimentó aún más el mito, que Tiger Woods, el otro gran revolucionario de este deporte, describió así: “Lo suyo es arte”, decía tras una vuelta de prácticas en Augusta. “Su creatividad en el campo nunca será superada. Su muerte ocurre demasiado pronto”, lamentaría la pérdida del que 15 años después sigue siendo espejo de todos.
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