Urtain sigue saliendo a hombros
El documental ‘Urtain, el ídolo de barro’ recibe el premio Ánfora Ciutat de Barcelona a la mejor película del BCN Sports Film Festival, recogido por su viuda, Marisa García, y su hija Vanessa Ibar.


Levantaban la Ánfora Ciutat de Barcelona, el premio que distinguía a la mejor película en la decimoquinta edición del BCN Sports Film Festival, con una ovación y una emoción a flor de piel pocas veces vista. El premio era para el documental ‘Urtain, el ídolo de barro’, y ellas, quienes lo recogían, fueron Vanessa Ibar, hija del mítico boxeador, y Marisa García, su viuda. En pie el Museu Olímpic i de l’Esport.
“Después de 33 años (desde la defunción de Urtain) es algo merecido. Nos presentaron el proyecto de tal manera que sentimos que había que hacerlo. Mi padre se lo merecía”, proclamó entre aplausos Vanessa, al lado de los directores, Xavier Baig y Jordi Rovira, y del productor, Óscar Moreno, artífices de una magnífica obra que se estrenaba mundialmente en el festival barcelonés y que conformará un eterno legado sobre la figura del emblemático púgil.

No en vano, comienza el documental directamente situando la escena en la previa del legendario combate del 3 de abril de 1970, contra Peter Weiland en el Palacio de los Deportes de Madrid, donde se hizo con el título europeo de los pesos pesados y alcanzó un estatus de mito que acabaría con un fatal desenlace.
“Es difícil comprender desde la actualidad la magnitud que tuvo Urtain”, afirma el presidente de honor del Diario AS, Alfredo Relaño, uno de los testimonios con mayor presencia en la cinta, junto a otros de primerísima mano como el hermano del protagonista, Cándido Ibar, las propias hija y viuda, su entrenador Manolo del Río o su abogado, Marcos García-Montes.
Franco buscaba un púgil vasco
En los orígenes de la biografía, el recuerdo por parte del dictador, Francisco Franco, de un púgil vasco que en 1930 había llegado a congregar a 70.000 espectadores en el estadio de Montjuïc, Paulino Uzcudun, lo que le animó a sugerirle a Vicente Gil, médico del autócrata y presidente de la federación española de boxeo, que buscara a otro paisano al que encumbrar a finales de los 60, cuando agonizaban los días de gloria del Real Madrid, el Atlético y la Selección en el fútbol.

Y, aunque el elegido inicialmente había sido José Lopetegui, padre de Julen, el exportero y entrenador, éste les remitió directamente a José Manuel Ibar. A Urtain, conocido por ese nombre de guerra por el caserío donde se crió, al abrigo de su padre, un insigne levantador de piedras que falleció cuando él tenía 17 años, y decidió seguir su camino. De hecho, revolucionó ese arte, hasta el punto de que nadie le quería desafiar, y por eso aceptó pasarse al boxeo.
“Nunca me había gustado, pero me metí en un cuadrilátero por no tener que ir a una fábrica a trabajar”, confesaba el propio Urtain en una entrevista televisiva en 1975. Antes, en 1968, había protagonizado su primer combate, ante Johny Rodri, al que tumbó en 17 segundos. Ese mismo año debutó ya profesionalmente, contra Marius Sappe, en París. Tan demoledora era su superioridad en el primer tramo de su carrera que se empezó a hablar de tongo, algo que más tarde explotaría en un controvertido libro titulado ‘Comedia Urtain’ el conocido periodista José María García.
Más popular que Juan Carlos de Borbón
Con un nuevo mánager, Renzo Casadei, y entrenador, Del Río, y con un ‘cicerone’ como Pedro Carrasco para su nueva vida en Madrid, pasó Urtain al siguiente nivel. Y llegó a recibir el trofeo a la persona más popular de España, por delante de Juan Carlos de Borbón. En ese contexto fue como derrumbó a Weiland, en lo que comportó al día siguiente el ejemplar más vendido de AS hasta que en 1983 se produjo el 12-1 de España a Malta.

Jürgen Biln, Henry Cooper, Jack Bodell… ‘Urtain, el ídolo de barro’ repasa exhaustivamente toda su progresión, hasta sus derrotas con Alfredo Evangelista en 1976 y la definitiva, el 12 de marzo de 1977, frente a Jean Pierre Coopman en Amberes. Y, en paralelo, se adentra en su vida personal, el camino hacia la tragedia. Su despilfarro por generosidad y un creciente alcoholismo, principalmente.
De la lucha libre a restaurantes y un atroz final
Así fue como aceptó participar en la lucha libre, mucho más denostada, cuando lo había sido todo en el boxeo. Y cómo fue encadenando empleos de relaciones públicas, en una discoteca burgalesa, en el restaurante sevillano de su hermano Eusebio o en otro establecimiento en Madrid. Pero su carácter se agrió por la bebida, sus relaciones se fueron quebrando y hasta su pareja, Marisa, tuvo que guardar una distancia.
Hasta el fatídico 21 de julio de 1992. Esa mañana había telefoneado a Marisa. Y su hija Vanessa se enteró de su muerte de la manera más cruel: a través de la radio proyectada en los altavoces de un parque acuático en el que estaba pasando el día.


La tragedia de Urtain,a escena en doce asaltos
Urtain había saltado de un décimo piso, concretamente desde la vivienda que tenía que abandonar por impagos. Y a España, en puertas de los Juegos Olímpicos de Barcelona, se le heló la sangre. El púgil no tiene ni una placa que le honre en su propio pueblo, pero sí dispone ya de un documental que está muy a la altura de su leyenda, premiado justamente en el Museu Olímpic i de l’Esport en Montjuïc.
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