“No soy trans, soy una mujer; no cambié la forma en que la naturaleza me hizo”
Imane Khelif, boxeadora argelina que fue oro en 66 kilos en París 2024 con polémica, habla en L’Équipe: “Respeto a Trump, pero no puede cambiar la verdad”.


Imane Khelif (26 años) fue objeto de una polémica mundial tras ganar el oro en boxeo (-66 kilos). Donald Trump o Elon Musk la acusaron de ser un hombre, pero la boxeadora argelina, que quiere estar en los Juegos de Los Ángeles 2028, analiza en L’Équipe las consecuencias de este escándalo y revela, por primera vez, que se ha sometido a terapia hormonal. “Imane es una auténtica campeona olímpica. En su enfoque, su pensamiento y su forma de trabajar posee un nivel excepcional de comprensión y análisis”, asegura John Dovi (53 años), mánager del equipo francés que brilló en los Juegos Olímpicos de Río 2016 con 6 medallas, y ahora entrenador de Khelif en el VPunch Gym, el club de boxeo del barrio de Pigalle (en el distrito 18 de París). Todo ello, mientras la boxeadora que espera una decisión del COI, que ha encargado a una comisión para la igualdad de género, la diversidad y la inclusión, que se pronuncie al respecto de su caso en marzo.
“Tengo miedo por mi familia, por mi madre. No por mí. Nunca. Me encomiendo a Dios”, dice sobre su situación antes de responder qué le parecen las palabras de Donald Trump sobre ellas: “Respeto a Trump porque es el presidente de EE UU, pero la verdad es la verdad y no puede cambiarla. No soy trans, soy una mujer. Es un problema político. No conozco sus motivaciones. Si le tuviera delante le diría: ‘Señor presidente, soy una chica, una joven árabe y musulmana, una boxeadora. Y estoy trabajando para que usted venga a entregarme una medalla en el podio de Los Ángeles (ríe)”.

Sobre si hubiera preferido no ganar el oro en los Juegos y no tener que pasar por este vía crucis, Khelif es rotunda: “Mi madre me dijo que era demasiado duro de soportar. Los ataques eran tan virulentos que me aconsejó dejar el boxeo. Yo también lo pensé. Pero cuando miro mi medalla, todo se desvanece. Durante los tres meses que siguieron a los Juegos, la miraba todos los días. Me invadían muchos sentimientos. Hice tantos sacrificios para conseguirla. Es un logro increíble”.
Khelif habla sin tapujos de cómo ve ella su caso: “Son los médicos y los profesionales quienes deben decidir. Todos tenemos una genética diferente, todos tenemos niveles hormonales diferentes. No soy transexual. Mi diferencia es natural. Soy así. No he hecho nada para cambiar la forma en que la naturaleza me ha hecho. Por eso no tengo miedo. Para los próximos Juegos, si hay que pasar una prueba, me someteré a ella. No tengo ningún problema con eso. Ya me he hecho esa prueba. Me puse en contacto con World Boxing, les envié mi historial médico, mis pruebas hormonales... Tengo hormonas femeninas. Y la gente no lo sabe, pero ya he reducido mi nivel de testosterona para competir. Estoy rodeada de médicos y he tomado tratamientos hormonales para reducir mi nivel de testosterona. Para el torneo de clasificación para los Juegos de París, que se celebró en Dakar, reduje mi nivel de testosterona a cero (el nivel medio se sitúa entre 0,3 y 3 nanomoles por litro de sangre en las mujeres). Y gané la medalla de oro allí“.

¿Y cómo le afecta este tratamiento?: “En cuanto al boxeo, no hay mucha diferencia porque para mí, el boxeo nunca es una cuestión de fuerza o potencia. El boxeo es mental. Es táctica, técnica, desplazamientos, inteligencia..., pero seguir un tratamiento hormonal tiene efectos secundarios. Te desequilibra. Por ejemplo, a mí me hacía llorar mucho. El tratamiento altera las emociones. Sobre todo en los periodos de pérdida de peso para bajar del límite”.
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Por último, recuerda cómo fue la experiencia de París 2024: “Cuando salía de la residencia donde se alojaba el equipo argelino había deportistas esperándome abajo para animarme. Españoles, africanos, colombianos, portugueses, venezolanos... Mis padres estaban orgullosos, pero mi madre enfermó. Veía todos los vídeos, las polémicas, y con todo ese estrés, sufrió mucho. Mi padre recibió la visita de periodistas que le pidieron que les mostrara el libro de familia. Eso escandalizó a mucha gente. Durante los Juegos de París, mi entrenador me quitó el teléfono. No tenía contacto con nadie, pero antes de las semifinales, me permitió hablar con mi padre, que me dijo lo orgulloso que estaba. Me dijo que tenía que ganar. Después de hablar con él estaba muy emocionada”.
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