La vida después de Carolina
El bádminton español, que no ha experimentado un crecimiento exponencial de licencias, trabaja sobre todo en los dobles como opción de futuro.


Los Europeos, en los que Huelva se volcó para recibir a Carolina Marín, la hija pródiga que debía volver al bádminton en su ciudad para despedirse tras la grave lesión de rodilla que sufrió en París, corren de forma paralela al adiós del icono, que recibirá un último homenaje el domingo (11:00). En la fachada del pabellón, bautizado con el nombre de la niña que asaltó el reino asiático para ser triple campeona del mundo y oro olímpico, impresiona un mural que reproduce uno de sus gritos. Dentro, como en un ejercicio de mimetismo, son muchos los jugadores que también chillan. En unas gradas poco pobladas (entrada gratis hasta el jueves, desde cuatro euros para el fin de semana) pesa el recuerdo de Caro. Y planea una pregunta. ¿Cómo será la vida del bádminton español después de ella?
“Llevamos desde el 2021 trabajando en el post. Pero Carolina sólo hay una. A partir de ahí, nuestro objetivo es, con los jugadores que tenemos actualmente y con el proyecto deportivo, intentar tener el mayor número posible dentro del top-50 en todas las pruebas”, responde Arturo Ruiz, el director deportivo de la Federación Española desde 2021. Desde ese año, se trabaja con un plan estratégico “que está dando sus frutos con los dobles”, cuenta. Ahí destacan los nombres del dobles mixto formado por Rubén García y Lucía Rodríguez (42º en el ranking mundial pero que cayeron pronto el Europeo al toparse con Dinamarca), que hicieron semifinales en 2025 en un Super 500 en Alemania y este año en un WorldTour 300 en Orleans. La mejor española individual es Clara Azurmendi (75ª) y en masculino, Álvaro Leal (173º). Un especialista alemán, Diemo Ruhnow, colabora para elevar el nivel de los dobles y otro danés, Lennart Engler, en los individuales.

La conclusión es que el ‘efecto Carolina’, que no tiene pensado colaborar con la Federación con la que tradicionalmente ha mantenido relaciones tensas, no ha contribuido demasiado a hacer florecer más talentos. Siempre trabajó con su equipo de forma prácticamente estanca. “Ella sí que ha ayudado mucho a creer en que se pueden tener resultados”, valora Ruiz.
El grupo de jugadores del CAR de Madrid ha pasado de nueve en 2021 a 19 ahora. Carolina, por la posibilidad de lograr grandes resultados, absorbía muchos recursos. El objetivo ahora es ser, tras Dinamarca y Francia, la tercera potencia europea. Por eso, se han lanzado a trabajar con un proyecto de Inteligencia Artificial. Se utiliza el sistema ‘Catapult’ (chaleco) para registrar datos, pulseras para monitorizar el descanso, los niveles de testosterona y cortisona, han desarrollado una App que organiza la rutina de hasta 200 jugadores y se ha extendido a los centros de tecnificación... “El CAR ha estado muy cerrado siempre y es importante abrirlo para que el bádminton crezca”, apunta Ruiz, que antes trabajó ocho años con Italia. También hay colaboración con la Universidad Politécnica de Madrid y la UNIR de La Rioja.

La Federación ha potenciado las ligas, con categorías oro, plata y bronce. Y las licencias han crecido, pero tampoco de forma exponencial. En 2014, el año del primer Mundial de Carolina eran 6.990 (4.275 masculinas y 2.715 femeninas) y en 2024 (último dato disponible) fueron 9.796 (5.882/3.914), es decir, 2.806 más. El ecosistema polideportivo español en deportes minoritarios, con referentes o no, es el que es. “El objetivo es intentar ser competitivos en las parejas de dobles”, reitera Ruiz, que fija ya en los próximos Europeos el objetivo de medallas. “Que se hable del bádminton”, desea. Eso sí, que nadie espere otra Carolina... de momento. En Huelva, el techo de los participantes españoles (individuales y dobles) ha sido la segunda ronda.
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