Juegos Invierno | Patinaje de velocidad

Nil Llop y Daniel Milagros: predicar en un desierto helado

Milagros, en los 1.000 metros este miércoles, y Llop, en los 500, hacen historia en un patinaje de velocidad de escaso recorrido en este país.

Nil Llop y Daniel Milagros: predicar en un desierto helado
Dani Sánchez/Diario AS
Jorge Noguera
Redactor en Más Deporte
Nació en Madrid en 1995. Doble grado en Periodismo y Audiovisuales por la Rey Juan Carlos. Un privilegiado, hace lo que siempre quiso hacer. Entró en AS en 2017 y se quedó. Salvo un paréntesis en Actualidad, siempre en Más Deporte. Allí ha escrito sobre todo de rugby, golf y tenis. Ha cubierto el British Open, la Copa Davis o el Mutua Madrid Open.
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“Espero que la gente sea consciente de todo el trabajo que hemos tenido que hacer para conseguir estas dos plazas”, dice a AS Nil Llop sobre él (compite en 500 metros el sábado) y Daniel Milagros (hoy miércoles en 1.000 a las 18:30) tras protagonizar una exhibición junto a su compañero Daniel Milagros en una pista de hielo esculpida sobre el césped del Estadio Metropolitano de Madrid. Es el lugar escogido por la RFEDH para presentar durante las Navidades a los dos hombres que representan a España en el patinaje de velocidad olímpico.

Llop y Milagros, el primero catalán de El Prat, 23 años, el segundo navarro de Pamplona y la misma edad, son predicadores en el desierto, en su caso un desierto de hielo. Y también los responsables de que por primera vez en la historia vaya a haber deportistas nacionales en esta vertiente del patinaje. Fue Llop quien ganó las dos plazas en la Copa del Mundo de Calgary el pasado diciembre, para sí mismo y para su compañero. O más bien “amigo”, como él le describe.

Ambos vienen del asfalto. Empezaron como patinadores sobre ruedas. Llop transicionó al hielo cuando se empezó a gestar la candidatura de España para albergar los Juegos de Invierno de 2030 que finalmente acogerán los Alpes franceses. Antes, en 2018, sufrió el accidente que pudo dar un vuelco fatídico a su carrera. Entrenaba en la calle cuando se le cruzó un niño. Consiguió esquivarle, pero se estampó contra un árbol y se tiró seis meses sin poder andar. Al año siguiente fue campeón del mundo junior. Pekín 2022 pudo ser su debut, pero tocó un cono de separación de carriles en una prueba clasificatoria y el sueño es esfumó.

“Desde bien pequeño he tenido que estar lejos de mi casa. Para mí eso ha sido lo más difícil, pero siempre he tenido el sueño y el objetivo muy claro y ninguna lesión y ningún resultado me ha hecho bajar los brazos”, cuenta Llop, que antes hacía pista corta y se pasó a la larga distancia porque “es mucho más semejante al de ruedas”, donde los resultados eran “buenos”.

Una vuelta al mundo forzada

El problema es el mismo de siempre cuando se habla de deportes invernales, especialmente de hielo, en España. La falta de instalaciones. “Viajamos por el mundo, no tenemos casa”, esboza con una sonrisa entre la amargura y la resignación Llop. “Te diría que más que unos Juegos, mi sueño siempre ha sido poder entrenar en casa”, confiesa. Que recoja el guante quien lo tiene que recoger. En el Milano Speed Skating Stadium se conformaría con un top-10 o top-15. “Para los próximos Juegos igual ya podemos hablar de medallas”, sentencia.

Impresionan especialmente de él y Milagros sus potentes trenes inferiores. Y es que este es un deporte muy físico, pero también “muy técnico”, en el que es clave “tener las cuchillas bien afiladas” para que los patines agarren bien en las curvas, que se afrontan a más de 60 km/h. Milagros, subcampeón del mundo sobre ruedas en 2023, cambió de terreno alentado precisamente por su preparador físico. Hace dos años se puso las cuchillas por primera vez buscando “el sueño olímpico”. Su procedencia ayuda, pero igualmente ha tenido que meter “muchas horas”. “Parece que llegas y te pones pero no. Alguien que viene de las ruedas puede ir rápido, pero aquí hablamos de ir muy, muy rápido”, afirma. Si él se ha adaptado a toda máquina es porque es un todoterreno. Antes de patinar probó fútbol, baloncesto y balonmano.

Que se compita en Italia, donde se colgó la citada plata mundial, es especial para él. “También he sido tercero de Europa allí. No sé qué tiene”, dice. Su referente es Erin Jackson, una estadounidense que hizo la misma transición y se llevó el oro de 500 metros en Pekín 2022. Tanto para él como para Llop estos Juegos van de ganar experiencia, de quitarse “los nervios de la primera vez”. Y de seguir predicando en el desierto del hielo hasta que les hagan caso, que se lo han ganado.

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