Momo González: “Quiero ganarme un puesto para el Mundial”
Los objetivos del embajador de Wilson pasan por mejorar el ranking, acabar el año con Di Nenno, y ganar el oro para España.

Momo González (28, Antequera) ha disputado la Hexagon Cup con su nueva pala, Endure Pro, de Wilson, que presentó en Madrid unos días antes y sale al mercado el 18 de febrero. Está contento de cómo le ha quedado: “He puesto mi granito de arena, y es redonda, como casi todas las que he utilizado a los largo de mi carrera, de control, con un punto dulce muy amplio, y luego tiene en la superficie una especie de lija que le da más consistencia a los golpes. Es ideal; lo que yo quería para jugar esta temporada”
-La presentación de la pala es la disculpa para hablar con usted, uno de los 16 primeros del ranking internacional. Siempre está ahí entre los primeros, sin hacer mucho ruido. ¿Se siente infravalorado?
-Desconozco si estoy infravalorado. Al menos entre los jugadores y el entorno del pádel me siento muy valorado. Creo que todo el mundo sabe cómo soy, cómo compito y mis capacidades. Obviamente, fuera del pádel, entre los aficionados, habrá gente que me valore más y gente que menos. Pero yo me siento querido.
-En Francia sobre todo, ¿no? Allí hay un grupo de aficionados que le cantan “Momo, Momo”.
-Soy un jugador que se lleva muy bien con el público. Logro crear buenas sensaiones y me siento querido en todos los sitios: Argentina, Italia, España, Francia… Me siento querido en todos lados.

-Para jugar al pádel hay que ser buena gente, pero no tanto. Tiene pinta de ‘buen tío’, pero se necesita un poco de picardía, de mala leche.
-Justo es una de las cosas en las que mi entrenador me mete mucha caña. Dice que soy demasiado bueno y que debo tener un poco de maldad en ciertos momentos de la competición. Es verdad que puede ser algo que me falte para dar un pasito más. Mi entrenador hace hincapié en ello y estoy intentando metérmelo en la cabeza.
-Ha dicho en la presentación que es un jugador de muchas manías. ¿Cuáles tienes?
-Fuera de pista no tengo tantas. Por ejemplo si gano un partido y he comido algo concreto, al día siguiente repito la comida, poco más. Pero durante el partido tengo muchas: tengo que tener siempre tres botellas en el banquillo formando un triángulo; siempre entro con el pie derecho en diagonal; cuando me levanto del banquillo cojo la pala, le doy la mano a mi compañero y después a mi entrenador, siempre en ese orden. Tengo una muy llamativa y difícil de explicar si no se ve: divido los cristales, tanto de fondo como laterales, en tres puntos. Se crean líneas imaginarias y tengo que pisar las nueve intersecciones que se forman.
-Tiene rarezas muy especiales, sí.
-Tengo muchas, la verdad.
- ¿Y alguna rareza común?
-La de las intersecciones es la más rara y propia mía. La de entrar con el pie derecho o tocar la pared sé que la tienen muchos jugadores.
-¿Las ha tenido desde siempre?
-Desde pequeño. Sé que desde menores las hacía y se han ido acumulando. La de las intersecciones la hago desde pequeño, pero la de las botellas en triángulo creo que la hago desde hace dos o tres años.
-¿Por qué la hace si sabe que son rarezas?
-Son cosas de la cabeza. Lo bueno de esas manías es que, si las estoy haciendo, significa que estoy concentrado en el partido. Solo las hago cuando juego, así que me sirven para focalizarme.

-Siempre parece concentrado, un tipo que no tiene problemas.
-Lo intento pero es muy difícil mantener la concentración al ciento por ciento todo el partido. Hay momentos en los que no estoy del todo concentrado y tengo que volver a ello.
-Cuando le fichó Wilson en 2025 dijo que el jugador más determinante era Coello y que varios jugadores de revés aspirarían con él a ser números uno. ¿Podría serlo usted número uno con Coello?
-No lo sé. Si jugara con él te lo diría. Sigo pensando que es muy determinante y que muchos jugadores serían número uno a su lado. Tuve la suerte de competir una vez con él en un torneo de La Reserve, y vi lo fácil que era jugar a su lado.
-Ganarían, supongo.
-Solo jugué un partido y lo ganamos, sí.
-¿Le gustaría ir al Mundial de este año?
-Me encantaría. Es una espinita que tengo clavada del último, al que no asistí porque no me convocaron. España tiene mucha competencia, pero este año espero rendir al máximo para que el seleccionador me quiera llevar.
-Sus objetivos son: ¿mejorar el ranking, acabar la temporada con Di Nenno, ir al Mundial y ganarlo?
-Ir y ganar el Mundial, exacto. Me lo estoy currando focalizado en ese torneo para poder ir con la selección. Lo de empezar y acabar la temporada con el mismo compañero es un reto.
-El último Mundial fue raro. Lebrón iba de revés y acabó jugando de derecha.
-Yo sabía que el punto importante lo iba a jugar de derecha. No tenía ninguna duda.
-Pero el seleccionador el día antes nos contó lo contrario, que de ninguna manera. Que te engañen en la cara, de una forma tan descarada, duele. Si un seleccionador de fútbol dice que no juega Lamine Yamal y luego juega, le cae un chaparrón que no se levanta. ¿Cree que un seleccionador puede jugar así?
-Ahí no tengo ni idea. Cada seleccionador sabe cómo tiene que actuar. Si él decidió que eso era lo mejor… También te digo que he estado presente in situ y la alineación no se decide hasta hora y media o dos horas antes. Capaz que no tenía pensado ponerlo de derecha y cambió poco antes. Te aseguro que las alineaciones se hacen al instante.
-¿Es partidario de rotar a los jugadotres o de mantener las parejas formadas?
-Soy partidario de mantener la pareja, pero en la selección es difícil que una pareja completa esté allí. Ahora mismo las cuatro primeras del ranking son un español con un argentino, así que es raro. Se pueden crear muy buenas combinaciones mezclando.
-Este año está con un argentino, el año pasado con dos nacionales. ¿Influye la nacionalidad?
-Para nada. Tienes que buscar un compañero con el que rindas y tengas buen feeling dentro y fuera de pista, da igual la nacionalidad.
-Ha jugado en la derecha. ¿Se arrepiente?
-No me arrepiento. Hoy en día soy mejor jugador de revés, pero mi etapa en la derecha fue breve y no tan mala como parece. Hubo momentos en los que me sentí cómodo y conseguí regularidad en los resultados; de nueve torneos hicimos siete cuartos de final. Con entrenamiento podría ser un buen jugador de derecha, pero creo que puedo ser mejor en el revés.
-Ha dicho que a Di Nenno y a usted les falta un poco de remate, de mordiente. Aunque yo veo que han mejorado.
-Nos falta esa chicha si nos comparas con Galán, Coello, Tapia o Augsburger, que generan winners a la mínima. Nosotros no tenemos esa facilidad, pero sí tenemos punch para cerrar los puntos cuando la bola está cómoda. Sabemos dónde tirar la pelota para que la siguiente venga mejor. Ganamos puntos con transiciones y otras formas.
-Tiene dos carreras universitarias y, sin embargo, es un jugador profesional. ¿Tan mal está la vida fuera del deporte?
-Prefiero ser jugador profesional que utilizar las dos carreras. Si tuviese que usarlas lo haría encantado, pero mi sueño siempre ha sido el pádel. Mientras estudiaba pensaba: “en cuanto acabe, sigo con el pádel”.
-¿Va viendo su futuro cercano fuera de las pistas o aún a largo plazo?
-Ahora estoy centrado en sacar mi mejor rendimiento como jugador. Cuando se acerque el retiro ya pensaré.
-Cuéntenos alguna curiosidad que no haya contado a nadie.
-Que estoy todo el día jugando al Just Dance con mi novia.
-¿Al Just Dance? ¿Eso qué es?
-Un juego de baile.
-Ah, es un juego físico. Si es físico está bien, pensé que era otra cosa.
-Sí, es físico. Ella era bailarina y azafata de vuelo. Fue cheerleader de el grupo de Gran Canaria que viene a los torneos de pádel.
-¿La conoció ahí?
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-No, la conocí porque su mejor amiga es la novia de un buen amigo mío. Jajaja.
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